10 pastelerías centenarias españolas que mantienen su vigencia.
En España, la pastelería es mucho más que un oficio; es una tradición profundamente arraigada que ha sobrevivido a lo largo de los siglos, adaptándose y evolucionando, pero sin perder su esencia. Entre las muchas pastelerías que adornan el país, algunas destacan no solo por la calidad de sus productos, sino también por su capacidad para mantener su vigencia y relevancia a lo largo del tiempo. Estas pastelerías centenarias son auténticos testigos vivos de la historia, lugares donde cada dulce cuenta una parte del pasado, conecta con el presente y mira hacia el futuro.
La Campana (Sevilla)
Fundada en 1885, La Campana es uno de los establecimientos más emblemáticos de Sevilla. Con una decoración modernista que se ha mantenido intacta a lo largo de los años, este local es un verdadero viaje al pasado. Su fama no solo reside en sus deliciosos productos como las yemas sevillanas, las lenguas de almendra y las tortas de polvorón, sino también en sus anécdotas, como haber servido a celebridades y realeza. Borja y José Antonio Hernández, representantes de la cuarta generación de propietarios, apuestan por la producción artesanal y mantienen vivas recetas que son verdaderas joyas gastronómicas.
El Riojano (Madrid)
Esta histórica confitería fue fundada en 1855 por Dámaso Maza, un pastelero real procedente de La Rioja. Con más de un siglo y medio de historia, El Riojano ha conservado muchos de sus elementos originales, como el horno de leña y una caja registradora antigua, que son auténticas reliquias. Su reputación se basa en especialidades como las pastas del Consejo, los piononos y los azucarillos. Roberto Martín, actual encargado del obrador, se ha dedicado a recopilar y preservar las recetas tradicionales, al mismo tiempo que introduce sutiles innovaciones para atraer a nuevos clientes.
Bonache (Murcia)
Desde 1828, Bonache ha sido sinónimo de excelencia en la elaboración de pasteles de carne en Murcia. La octava generación de la familia, liderada por Carlos y Celia Balanza, sigue manteniendo la tradición con una receta que incluye ingredientes seleccionados como carne de ternera, chorizo, huevo y un hojaldre artesanal único. Además de deleitar a los locales, esta pastelería ha innovado al enviar sus productos a toda España, demostrando que la tradición puede combinarse perfectamente con la modernidad.
Arrese (Bilbao)
Fundada en 1852 por Ildefonso Arrese, esta pastelería bilbaína es famosa por sus trufas, un manjar que ha conquistado a generaciones de clientes. Con más de 166 años de historia, Arrese ha sabido preservar su esencia, manteniendo su decoración clásica, que incluye mostradores de mármol y molduras ornamentadas. Hoy en día, la cuarta, quinta y sexta generaciones trabajan juntas, asegurándose de que cada producto conserve la calidad y el sabor que han hecho de este negocio un icono en Bilbao.
La Duquesita (Madrid)
Tras un breve cierre en 2015, esta pastelería centenaria reabrió sus puertas bajo la dirección del renombrado chef Oriol Balaguer. Fundada en 1914, La Duquesita combina tradición y modernidad, ofreciendo una gama que incluye clásicos como hojaldres y chocolates, junto con creaciones contemporáneas como sus premiados panettones y croissants. La fachada y la decoración del establecimiento, protegidas por su valor patrimonial, son un recordatorio constante de su rica historia.
Foix de Sarrià (Barcelona)
Con raíces en 1886, esta pastelería tiene un vínculo literario a través de Josep Vicens Foix, poeta y antiguo propietario. Actualmente, Jordi Madern y su hermano Oriol están al frente, combinando técnicas tradicionales con toques innovadores para satisfacer los gustos actuales. Su obrador ofrece una amplia variedad de dulces, desde pasteles elaborados con frutas exóticas hasta especialidades internacionales como el panettone y la tarta Sacher, todas ellas realizadas con la máxima precisión y calidad.
La Colmena (Barcelona)
Desde 1849, La Colmena ha endulzado la vida de los barceloneses con sus caramelos, considerados los más antiguos de España. José María Roig, actual propietario, sigue apostando por ingredientes de proximidad y recetas tradicionales que se han transmitido de generación en generación. Entre sus especialidades destacan el turrón de crema catalana, los carquiñolis y el chucho de crema. Su local, diseñado en los años 50, es un homenaje al modernismo catalán, una verdadera joya arquitectónica que complementa la experiencia dulce.
Viena Capellanes (Madrid)
Inaugurada en 1873, Viena Capellanes introdujo el pan de Viena en España, marcando un antes y un después en la panadería nacional. Este negocio familiar ha demostrado una capacidad inigualable para adaptarse a los tiempos, ofreciendo servicios que van más allá de la pastelería, como catering y una escuela de cocina. Aunque clásicos como la tarta Sacher y la bollería tradicional siguen siendo los favoritos, la incorporación de expertos como Francisco Somoza, Spanish Chocolate Master 2011, ha añadido un toque de modernidad a su oferta.
Pastelería Mora (Ontinyent)
Con raíces que se remontan al siglo XVIII, Pastelería Mora es una de las empresas en activo más antiguas de España. Especializada en dulces navideños y elaboraciones con miel, este negocio familiar ha pasado por 12 generaciones de propietarios. Bajo la dirección de Teo Mora, combina tradición con aprendizaje constante, viajando regularmente por Europa para incorporar nuevas tendencias a su obrador y seguir sorprendiendo a sus clientes con creaciones únicas.
Ascaso (Huesca, Zaragoza y Madrid)
Desde su fundación hace 128 años, Ascaso ha destacado por su pastel ruso, una creación única que combina avellana, almendra y praliné con un toque secreto. Con locales en Huesca, Zaragoza y Madrid, esta pastelería ha modernizado su producción sin perder su esencia artesanal. La cuarta generación lidera ahora el negocio, que sigue siendo un referente en el sector gracias a su apuesta por la innovación y la calidad.
Estas pastelerías centenarias no son solo lugares donde se elaboran dulces; son monumentos vivos del patrimonio cultural y gastronómico de España. Cada una de ellas representa un equilibrio perfecto entre tradición y modernidad, deleitando a generaciones con productos que cuentan historias y generan recuerdos imborrables. Visitar cualquiera de estos establecimientos es mucho más que una experiencia culinaria; es un viaje en el tiempo, una conexión con la esencia misma de la pastelería española.



