6 imperdibles de la provincia patriótica argentina que se volvió una joyita turística.

Tucumán, conocida como el “Jardín de la República”, es una provincia argentina llena de historia, cultura y paisajes naturales increíbles. Aunque su “casita de la independencia” es famosa en todo el país, hay mucho más que descubrir en esta región. Es una tierra de ingenios azucareros, limones y célebres artistas como Lola Mora o Mercedes Sosa. Si bien en el verano hace demasiado calor, octubre y noviembre son meses ideales para recorrerla y disfrutar de sus paisajes e historias. Con una riqueza que abarca desde los antiguos calchaquíes hasta la influencia de los jesuitas, esta provincia se ha convertido en una joya turística que ofrece una diversidad de experiencias. A continuación, presentamos seis lugares imperdibles para explorar en una visita a Tucumán.

San Miguel de Tucumán: Historia y cultura en la capital

La capital de la provincia, San Miguel de Tucumán, es el punto de partida para cualquier recorrido por la zona. El principal atractivo turístico es sin duda la Casa Histórica de la Independencia, que fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1941. Esta casa, construida en 1760, fue testigo de uno de los momentos más importantes en la historia de Argentina: la firma de la independencia en 1816. A través de ocho salas de exposición, los visitantes pueden sumergirse en ese momento crucial de la historia argentina. Entre los objetos expuestos se encuentran piezas valiosas como la llave de hierro que permitía el acceso al salón donde se realizó la jura, además de pertenencias de figuras clave como Manuel Belgrano y José de San Martín.

Cerca de la Casa Histórica, a solo dos cuadras, se encuentra la Plaza Independencia, que fue renovada recientemente y ahora se destaca por su estatua central, “La Libertad”, obra de la famosa artista tucumana Lola Mora. Alrededor de la plaza, se puede visitar la Casa de Gobierno, el Museo Padilla, la Catedral de estilo neoclásico y la iglesia de San Francisco, todos ejemplos arquitectónicos que ilustran la historia y el patrimonio cultural de la ciudad.

Si se busca un respiro de la ciudad, el Parque 9 de Julio, diseñado por el paisajista Carlos Thays e inaugurado en 1916, es un oasis verde en el corazón de San Miguel. Este extenso parque alberga réplicas de esculturas europeas y cuenta con un lago, una pérgola y un reloj floral. Es ideal para pasear y disfrutar de la tranquilidad, rodeado por naturaleza.

Tafí del Valle: Cultura ancestral y paisajes increíbles

A unas dos horas de San Miguel de Tucumán se encuentra Tafí del Valle, una zona que concentra la esencia de la cultura tucumana. Con un pasado que lo vincula a la ruta hacia el Alto Perú y como estancia jesuítica, Tafí es un lugar impregnado de historia. Hoy en día, muchas de sus estancias han sido transformadas en hosterías, pero aún conservan los tesoros históricos que las hacen únicas.

El Museo Jesuítico La Banda es uno de esos lugares que transportan a los visitantes a tiempos pasados. Tafí también es famosa por la Ruta de los Artesanos, donde los visitantes pueden apreciar el trabajo de ceramistas, tejedores, carpinteros y orfebres locales que continúan las tradiciones transmitidas de generación en generación.

A pocos minutos de Tafí, se encuentra El Mollar, hogar del Museo a Cielo Abierto Los Menhires, un sitio arqueológico con más de 125 enormes piedras talladas por pueblos originarios entre los años 300 a.C. y 900 d.C. Es un lugar lleno de misterio e historia, ideal para los amantes de la arqueología.

Yerba Buena: Elegancia y aventuras al aire libre

Yerba Buena, un elegante suburbio a solo 12 kilómetros de la capital, es un destino perfecto para aquellos que buscan un poco de lujo combinado con actividades al aire libre. Ubicada en las laderas del cerro San Javier, Yerba Buena cuenta con imponentes casonas y modernos restaurantes que atraen tanto a locales como a turistas. La vida nocturna en esta área se concentra en las avenidas Aconquija y Juan Domingo Perón, donde se encuentran los mejores locales de moda y gastronomía.

El cerro San Javier es también un destino popular durante el día, especialmente para aquellos interesados en el senderismo, el ciclismo o el yoga al aire libre. Además, los más aventureros pueden practicar parapente, una actividad emocionante que ofrece vistas espectaculares de toda la región.

Amaicha del Valle: Turismo comunitario y cultura ancestral

Amaicha del Valle es un pequeño pueblo en la Ruta Nacional 40, que une las provincias de Salta y Catamarca. Este pueblo es famoso por su turismo comunitario, donde los guías locales invitan a los visitantes a explorar las impresionantes formaciones rocosas de Tiu Punco. En Amaicha, los habitantes conservan sus tradiciones ancestrales y comparten sus conocimientos sobre el cultivo de viñedos y otros productos locales.

Una parada imprescindible en Amaicha es el Museo de la Pachamama, que alberga impresionantes esculturas y obras de arte del reconocido artista Héctor Cruz. El museo es un homenaje a la cultura y la naturaleza, con salas dedicadas a la geología, la historia y el arte indígena.

Raco y El Siambón: Paisajes de montaña y tranquilidad

A unos 55 kilómetros al noroeste de San Miguel de Tucumán, se encuentran las tranquilas localidades de Raco y El Siambón. Estas pequeñas localidades ofrecen una atmósfera de paz y serenidad, con casas de fin de semana ubicadas en medio de un paisaje montañoso.

Raco es conocido por ser un lugar ideal para realizar cabalgatas por el cerro Cabra Horco, mientras que El Siambón es hogar del Monasterio Cristo Rey, un lugar que data de 1955 y que está habitado por monjes benedictinos. Los visitantes pueden disfrutar de los cantos gregorianos y adquirir productos artesanales como miel y dulces en la tienda del monasterio.

El Bañado: Las ruinas de Quilmes y el legado de los Calchaquíes

Finalmente, ninguna visita a Tucumán estaría completa sin explorar las Ruinas de Quilmes, ubicadas en El Bañado, cerca de la Ruta Nacional 40. Este sitio arqueológico, que data de tiempos prehispánicos, fue el hogar de los Quilmes, un pueblo que resistió ferozmente la conquista española. Aunque finalmente fueron sometidos, las ruinas de su ciudad sagrada aún se conservan y pueden ser recorridas con la ayuda de guías locales.

El Bañado es también conocido por sus viñedos y bodegas, que producen vino patero, una tradición que se remonta a siglos atrás. Además, los visitantes pueden realizar paseos por el desierto de Tiu Punco y conocer más sobre las costumbres y modos de vida de los pueblos indígenas que aún habitan en la región.