7 cafés tradicionales en lisboa que vale la pena visitar
Hacer una pausa en alguno de los cafés tradicionales de lisboa es casi una obligación para quienes visitan la ciudad. Más allá de los monumentos, los miradores y los barrios históricos, las cafeterías forman parte esencial de la identidad lisboeta. En ellas se mezclan historia, gastronomía y vida cotidiana, en escenarios que parecen detenidos en el tiempo y que invitan a sentarse sin apuro, pedir un café y observar el ritmo de la ciudad.
Recorrer cafés es una costumbre muy arraigada entre los viajeros que visitan europa, y lisboa no es la excepción. El estilo clásico, elegante y lleno de detalles conquista a quienes cruzan sus puertas y se encuentran con salones que recuerdan a antiguas películas europeas. Molduras, espejos, vitrales y mostradores de madera crean una atmósfera única que transforma un simple café en una experiencia cultural.
Las cafeterías en lisboa
Con tantos puntos turísticos y planes posibles, conocer la gastronomía local no puede quedar fuera de la lista de qué hacer en lisboa. Portugal es un país rico en sabores, con platos tradicionales dulces y salados, vinos reconocidos y una fuerte cultura cafetera que se expresa en bares históricos y pastelerías centenarias.
Los propios lisboetas suelen decir que la mejor forma de conocer la ciudad es caminando, probando vinos y terminando el día en una buena cafetería. Con tantas opciones disponibles, elegir solo una resulta difícil. Cada café tiene su propia historia, su clientela fiel y una decoración particular que invita a sacar fotos y quedarse un rato más.
A continuación, un recorrido por algunos de los cafés más clásicos y emblemáticos de lisboa, ideales para sumar a cualquier itinerario de viaje.
Confeitaria nacional
Fundada en 1829, la confeitaria nacional es una de las más antiguas de lisboa y un verdadero símbolo de la ciudad. El local conserva su arquitectura original y una decoración que remite a otra época, con vitrinas tradicionales y un ambiente cálido y familiar.
El trato es cercano e informal, algo que valoran tanto locales como turistas. Los precios son accesibles y el menú ofrece opciones para desayunar, almorzar o merendar. Durante la semana, el establecimiento propone un menú de almuerzo distinto cada día, que suele anunciarse con antelación.
El espacio no es demasiado grande, pero eso aporta un encanto especial. Las mesas suelen estar ocupadas, en parte por su excelente ubicación entre la plaza del rossio y la plaza de la figueira, una zona de paso constante para visitantes.
Pastéis de belém
Hablar de cafés tradicionales en lisboa sin mencionar pastéis de belém sería imposible. Fundada en 1837, esta histórica pastelería siempre funcionó en el mismo lugar, en el barrio de belém, y es famosa por elaborar el pastel de nata más reconocido de la ciudad.
Este dulce de masa hojaldrada y relleno cremoso, servido tibio y espolvoreado con canela, es uno de los grandes emblemas de la gastronomía portuguesa. El local abre todo el día y ofrece tanto café como platos para el almuerzo.
Las largas filas en la puerta son habituales, aunque generalmente corresponden a quienes compran para llevar. En el interior, varios salones amplios permiten sentarse y disfrutar con más tranquilidad.
Pastelaria versailles
La pastelaria versailles abrió sus puertas en 1922 y, a pesar de haber atravesado momentos difíciles, logró recuperarse y mantener su lugar entre los cafés clásicos de lisboa. Hoy es un espacio elegante y refinado, con una decoración que impresiona por sus detalles y su aire sofisticado.
El local sirve café, almuerzos y cenas, con horarios amplios que resultan cómodos para turistas. Es una excelente opción para probar platos típicos portugueses y cerrar la comida con una buena sobremesa dulce acompañada de café.
A brasileira
A brasileira, también conocida como a brasileira do chiado, fue fundada en 1905 y es uno de los cafés más emblemáticos de lisboa. Ubicada en pleno barrio del chiado, es parada obligada para turistas y uno de los puntos más fotografiados de la ciudad.
En la entrada se encuentra la famosa estatua del poeta fernando pessoa, quien solía frecuentar el café de manera habitual. Esta escultura se convirtió en un ícono y en un lugar clásico para tomarse fotos.
El interior combina arquitectura clásica europea con elementos modernistas, pinturas, espejos y grandes ventanales. Funciona como café, bar y restaurante, y permanece abierto hasta la madrugada, lo que lo convierte también en un buen sitio para tomar una copa por la noche.
Pastelaria benard
Fundada en 1868, la pastelaria benard comenzó como una casa de té en el siglo xix y hoy es uno de los cafés más tradicionales de lisboa. Representa a la perfección la cultura cafetera de la ciudad y mantiene un estilo clásico tanto en su decoración como en su carta.
El menú incluye cafés, tés, chocolates calientes, vinos y platos preparados al momento, con opciones de cocina casera portuguesa. Las mesas exteriores son ideales para quienes disfrutan sentarse al aire libre. Se encuentra muy cerca de a brasileira, por lo que es habitual visitar ambos lugares en un mismo paseo.
Pastelaria são roque
A simple vista, la pastelaria são roque puede pasar desapercibida por su tamaño reducido, pero su interior sorprende a quienes entran. Columnas de mármol, techos decorados y detalles dorados crean un ambiente elegante y muy cuidado.
Fundada en 1961, esta pastelería cuenta con varias sucursales en lisboa, especializadas en panes, tortas y café. La atención amable y los precios razonables son otros de sus puntos fuertes. Su sede principal se encuentra en una de las calles más conocidas de la ciudad y mantiene intacto su encanto original.
Café restaurante martinho da arcada
El martinho da arcada es considerado el café más antiguo de lisboa, ya que abrió sus puertas en 1782. Está ubicado en la plaza del comércio, muy cerca del arco de la rua augusta, en una de las zonas más emblemáticas de la ciudad.
Este café fue frecuentado por figuras destacadas de la literatura portuguesa y aún hoy conserva mesas reservadas en su honor. Fotografías y textos forman parte de la decoración, aportando un fuerte valor histórico al espacio.
Además de café, el martinho da arcada funciona como restaurante y es reconocido por la calidad de sus platos, especialmente los elaborados con bacalao. Combina tradición, buena cocina y una ubicación privilegiada frente al río.
Visitar los cafés tradicionales de lisboa es mucho más que tomar un café. Es una forma de viajar en el tiempo, de entender la vida cotidiana de la ciudad y de sumergirse en su historia a través de los sentidos. Sentarse en uno de estos lugares, observar el ir y venir de la gente y saborear un café recién hecho es una experiencia que deja huella y que completa cualquier viaje a la capital portuguesa.




