10 razones para descubrir Catamarca, un destino único en el norte argentino.
Catamarca, una provincia cargada de paisajes deslumbrantes y únicos, es una de las gemas menos exploradas del norte de Argentina. Con sus volcanes, salares, termas y sitios arqueológicos, se está convirtiendo en un destino preferido para aquellos viajeros que buscan lugares fuera de lo común. A continuación, te presentamos 10 razones imperdibles para que incluyas Catamarca en tu próxima aventura.
Campo de Piedra Pómez.
Este impresionante lugar es una Reserva Natural Protegida que cubre 75.000 hectáreas. Su paisaje recuerda al de Marte, con sus formaciones de piedra que parecen barcos volcados en un vasto laberinto. El Campo de Piedra Pómez es un sitio ideal para explorar al atardecer, cuando los colores del cielo se mezclan con las extrañas formaciones rocosas. Aunque se puede llegar en auto, una parte del recorrido debe hacerse caminando, lo que añade a la aventura una conexión más cercana con el entorno natural.
El origen de este paisaje singular se remonta a millones de años atrás, cuando los flujos piroclásticos del volcán Blanco se solidificaron, creando un escenario natural que parece sacado de otro planeta.
Termas de Fiambalá.
Ubicadas a tan solo 16 kilómetros de Fiambalá, las Termas de Fiambalá son el lugar perfecto para los amantes de las aguas termales. Con un fácil acceso por un camino asfaltado, aquí encontrarás 14 piletones de piedra al aire libre, integrados en el impresionante paisaje montañoso. Las aguas de vertiente, con temperaturas que varían entre 32 y 45 grados, son conocidas por sus propiedades terapéuticas y relajantes, ofreciendo una experiencia antiestrés ideal. Este paraíso natural se puede disfrutar durante todo el año, y es un plan perfecto para aquellos que buscan un momento de paz en plena naturaleza.
El Shincal de Quimivil.
A solo 7 kilómetros del pequeño pueblo de Londres, en Catamarca, se encuentra El Shincal de Quimivil, un sitio arqueológico de gran importancia que fue un centro ceremonial inca entre los años 1430 y 1580. Este lugar destaca por su trazado cusqueño, con su aukaipata (plaza central), el ushnu (plataforma ceremonial) y la kallanka (edificios de grandes dimensiones). Sin embargo, lo que lo hace único es su construcción con una técnica local, utilizando muros dobles de piedra rellenos de adobe, lo que lo hace térmico y resistente a los sismos.
El Shincal es un recordatorio impresionante de la huella incaica en el norte argentino, y es un lugar que vale la pena visitar para conectarse con la historia y la cultura de la región.
Volcán Galán.
El Volcán Galán es uno de los más grandes del mundo, con una caldera de 42 kilómetros de diámetro. Aunque su última erupción ocurrió hace más de cinco millones de años, su imponente presencia sugiere que podría volver a la actividad en cualquier momento. Dentro de su cráter se encuentra la laguna Diamante, cuyas aguas cambian de color a lo largo del día según la incidencia del sol, creando un espectáculo visual fascinante. Este sitio, ubicado a unos 50 kilómetros de Antofagasta de la Sierra y a 70 kilómetros de El Peñón, es un destino imperdible para los amantes de la naturaleza y la geología.
Ruta del Adobe.
La Ruta del Adobe es un circuito de 50 kilómetros que recorre la Ruta Nacional 60, conectando las localidades de Tinogasta y Fiambalá. A lo largo del camino, se pueden admirar antiguas construcciones coloniales que cuentan la historia de la región. Entre los sitios más destacados están la Casagrande y el Centro Cultural Municipal de Tinogasta, el Oratorio de los Orquera en El Puesto, y la Iglesia de Andacollo en La Falda. También forman parte del recorrido las ruinas de Watungasta, la Iglesia de San Pedro y la Comandancia de Armas en Fiambalá. Este circuito es ideal para los amantes de la historia y la arquitectura colonial.
Minas de Inca Huasi.
En la zona del Salar del Hombre Muerto se encuentran las Minas de Inca Huasi, un antiguo asentamiento minero hoy en ruinas. Aunque no es posible ingresar a los túneles por razones de seguridad, el recorrido por el lugar permite imaginar cómo era la vida de los mineros que trabajaban en esta zona. Las construcciones de piedra y los túneles abandonados brindan una visión fascinante de la historia minera de la región.
Salar de Antofalla.
El Salar de Antofalla es mucho más que un paisaje blanco. Este salar, que se extiende a lo largo de 150 kilómetros, está rodeado por cerros de colores que le añaden un toque mágico al panorama. Desde aquí, se puede contemplar el Volcán Antofalla, que con sus nieves eternas domina el horizonte. Además, cerca del pueblo de Antofalla, se encuentra la Laguna Verde, otra maravilla natural que sorprende a quienes se aventuran hasta este remoto lugar.
Los Seismiles.
Los Seismiles son una serie de volcanes que superan los 6.000 metros de altura, ubicados en la zona más elevada de la Cordillera de los Andes. La Ruta de los Seismiles comienza en Fiambalá y llega hasta el Balcón del Piscis, un volcán inactivo que alberga un glaciar en su base. Las vistas panorámicas de esta zona son verdaderamente espectaculares y ofrecen una experiencia única para quienes buscan explorar paisajes extremos.
Las Dunas.
Catamarca es hogar de varias formaciones de dunas impresionantes, y cada una merece una visita. Cerca del Campo de Piedra Pómez se encuentran Las Dunas Blancas, mientras que las Dunas de Randolfo están situadas a lo largo de la Ruta Provincial 43. A 12 kilómetros de Fiambalá, en Belén, se encuentra la famosa Duna Mágica, un lugar perfecto para practicar sandboard y disfrutar de la aventura en la arena. No muy lejos, la Duna Federico Kirbus, de 2.845 metros de altura, es la más alta de todas y ofrece vistas inigualables.
Los Castillos
Estas rocas sedimentarias de origen volcánico han sido moldeadas por la erosión a lo largo de los siglos, creando formas caprichosas y únicas. Los Castillos, con sus tótems en equilibrio natural, conos que se asemejan a cúpulas y extraños huecos de colores, son una de las atracciones más fascinantes de Catamarca. Para quienes disfrutan del senderismo, una excelente opción es emprender una caminata de tres horas y culminar la excursión al atardecer, cuando el sol proyecta sombras sobre las formaciones rocosas, realzando su belleza.



