Estados Unidos amenaza con imponer aranceles del 50% a la Unión Europea.

Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y la Unión Europea, que durante un tiempo parecían haberse moderado, han vuelto a encenderse con intensidad. En un giro inesperado, el expresidente Donald Trump ha lanzado una dura advertencia: a partir del 1 de junio, los productos procedentes del bloque europeo podrían enfrentarse a un arancel del 50%, lo que supondría un drástico endurecimiento de las relaciones económicas transatlánticas. Esta medida ha despertado preocupación tanto en Bruselas como en los mercados internacionales, ya que reabre un conflicto comercial que llevaba tiempo latente.

El anuncio de Trump no ha llegado a través de canales diplomáticos tradicionales ni en un foro económico internacional, sino mediante su red social, Truth Social. En una publicación cargada de acusaciones, el exmandatario criticó duramente al bloque europeo, afirmando que la Unión Europea fue creada “con el principal propósito de aprovecharse de Estados Unidos en materia de comercio”. Estas declaraciones reflejan una visión proteccionista que Trump ha mantenido desde su primer mandato y que vuelve a convertirse en un eje central de su discurso político.

De un 20% al 50%: una escalada en las amenazas

El arancel del 50% que Trump propone representa una clara escalada respecto al 20% que se barajaba anteriormente. En su mensaje, el expresidente acusa a la UE de mantener “poderosas barreras comerciales”, de aplicar políticas impositivas desleales y de perjudicar a las empresas estadounidenses mediante normativas que califica como arbitrarias y poco transparentes. Según él, todo ello ha contribuido a generar un déficit comercial con Europa que supera los 250.000 millones de dólares anuales, una cifra que considera inaceptable y que justifica, desde su punto de vista, la necesidad de aplicar estas sanciones.

Además, Trump asegura que las negociaciones comerciales en curso entre Estados Unidos y la Unión Europea, que buscan establecer un nuevo marco de colaboración económica similar al que recientemente se concretó con Reino Unido, están estancadas. “Nuestras conversaciones con ellos no avanzan”, sentenció, dejando entrever que sus expectativas de alcanzar un acuerdo satisfactorio en el corto plazo son mínimas. Este tipo de declaraciones no solo aumentan la incertidumbre, sino que también complican los esfuerzos diplomáticos para evitar una ruptura comercial entre ambos bloques.

La respuesta europea: entre la cautela y la preparación

Aunque por el momento la Comisión Europea no ha emitido una respuesta oficial, en Bruselas ya se están evaluando distintas estrategias para responder a esta nueva ofensiva estadounidense. Entre las opciones que se manejan, una de las más relevantes es la activación del Instrumento contra la Coerción, una herramienta legal creada para proteger a la Unión de presiones económicas externas y que permitiría implementar represalias significativas.

Este instrumento, considerado por muchos como una “opción nuclear” en términos diplomáticos, facultaría a los países de la UE a restringir el acceso de empresas estadounidenses a licitaciones públicas en Europa, así como a aplicar controles más estrictos en sectores clave como el comercio de servicios o las tecnologías digitales. Se trataría de una medida contundente, con la que se pretende garantizar la integridad del mercado único y defender los intereses estratégicos de la región frente a presiones externas.

Según datos del Ministerio de Economía de España, solo en el año 2022 Estados Unidos exportó servicios digitales a Europa por un valor de 187.000 millones de dólares. Esto incluye gigantes tecnológicos y plataformas como Netflix, Amazon, Google, Apple y PayPal, que tienen una presencia significativa en el continente. Si la UE decidiera imponer aranceles o restricciones a estos servicios, las consecuencias podrían ser notables para las compañías estadounidenses, que verían mermados sus ingresos en uno de sus mercados más importantes. No obstante, no hay que descartar que estos costes acaben siendo trasladados a los consumidores europeos, encareciendo el acceso a productos y servicios digitales ampliamente utilizados.

Un conflicto con implicaciones globales

La reactivación del enfrentamiento comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea no solo afecta a ambos actores directamente implicados. También genera efectos colaterales en el comercio internacional, en las cadenas de suministro globales y en la confianza de los mercados. Analistas económicos advierten que, de concretarse los aranceles del 50%, podríamos estar ante una nueva etapa de inestabilidad económica que se sumaría a los desafíos ya existentes, como la guerra en Ucrania, las tensiones con China y la recuperación postpandémica.

Además, esta posible guerra arancelaria pone en jaque los esfuerzos multilaterales que se han venido impulsando para fortalecer el comercio internacional bajo reglas claras y consensuadas. La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha señalado en múltiples ocasiones la importancia de evitar medidas unilaterales que puedan distorsionar el mercado global. Sin embargo, las declaraciones de Trump parecen ir en dirección contraria, apelando a una política de confrontación directa más que al diálogo multilateral.

Durante su primer mandato, Trump ya utilizó los aranceles como herramienta política, aplicándolos tanto a aliados como a competidores comerciales. Y aunque en algunos casos logró renegociaciones favorables, en otros provocó respuestas similares que derivaron en un aumento de precios para los consumidores y en tensiones diplomáticas que perduraron en el tiempo. Esta estrategia genera preocupación entre los socios comerciales de Estados Unidos, que podrían optar por fortalecer sus vínculos con otros mercados si consideran que Washington se convierte en un socio poco confiable.

Una postura europea en construcción

Mientras tanto, la Unión Europea se muestra prudente, aunque no pasiva. El vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Comercio y Seguridad Económica, Maroš Šefčovič, ha recordado que Europa está preparada para “utilizar todas las herramientas disponibles” en defensa de sus intereses económicos. La UE sabe que no puede permitir que se impongan medidas unilaterales sin respuesta, ya que eso sentaría un precedente peligroso para futuras relaciones comerciales con Estados Unidos u otros actores internacionales.

En los próximos días, se espera que las autoridades europeas definan una estrategia común que combine firmeza y diplomacia, en un intento por desactivar la amenaza sin escalar innecesariamente el conflicto. Al mismo tiempo, continúan las negociaciones bilaterales que, aunque lentas, podrían representar una vía para evitar una confrontación abierta si se logra algún tipo de compromiso intermedio.