Nancy, la joya francesa que presume de una de las plazas reales más bellas de Europa

Ubicada en el noreste de Francia, Nancy es una ciudad que sorprende a todo aquel que la visita, no solo por su arquitectura elegante y su historia fascinante, sino también por su vibrante vida cultural. A orillas del canal de Marne y el río Meurthe, esta ciudad histórica se ha convertido en un destino imprescindible para los amantes del arte, la historia y el diseño urbano.

Uno de los momentos clave en la transformación de Nancy ocurrió en el siglo XVIII, cuando Estanislao Leszczynski, duque de Lorena y suegro del rey Luis XV, asumió el control de la región. Este mecenas ilustrado embelleció la ciudad con un ambicioso proyecto urbano y artístico que culminó en la creación de la majestuosa plaza Stanislas, considerada una de las plazas reales más bellas de Europa y declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.

Una plaza monumental en el corazón de la ciudad

La plaza Stanislas es el alma del centro urbano de Nancy. Este espacio neoclásico, construido entre 1751 y 1755, fue concebido como un símbolo de unión entre el pueblo y la monarquía, y rinde homenaje al rey Luis XV. Presidida por la estatua de Estanislao, la plaza está rodeada de suntuosos edificios que reflejan la elegancia del siglo XVIII. Entre ellos destacan el Ayuntamiento (Hôtel de Ville), el Museo de Bellas Artes y la Ópera Nacional de Lorena, todos ellos con fachadas armónicas que refuerzan la sensación de grandeza y equilibrio.

Uno de los elementos más admirados son las verjas doradas de hierro forjado que decoran las entradas a la plaza, obra del artista Jean Lamour. Estas delicadas estructuras ornamentales, junto con las fuentes de estilo rococó —que, según la leyenda, manaron vino durante la inauguración—, confieren al lugar un aire casi teatral. Además, el Arco de Triunfo que conecta la plaza con la contigua plaza de la Carrière completa el conjunto con una inscripción que celebra a Luis XV como “terror de sus enemigos, artífice de tratados, gloria y amor de su pueblo”.

Actualmente, uno de los edificios más emblemáticos de la plaza, el Grand Hôtel de la Reine, se encuentra en proceso de renovación. A partir de 2026, abrirá sus puertas como el primer hotel cinco estrellas de la ciudad, sumando lujo a un entorno ya de por sí imponente.

Historia, callejuelas y dulces con historia

Desde la plaza Stanislas se accede fácilmente a otras zonas de gran interés como la Grand Rue y el entramado de callejones del antiguo barrio medieval. Esta parte de la ciudad, conocida como la Ville Vieille, conserva un ambiente tranquilo y encantador, ideal para pasear sin rumbo. Las tiendas locales y los pequeños cafés son el lugar perfecto para probar uno de los manjares más típicos de Nancy: el macaron local. Este dulce, elaborado con almendra, tiene un origen que se remonta al Renacimiento, cuando Catalina de Médici introdujo la receta en Francia.

Uno de los edificios más destacados de esta zona es el Palacio de los Duques de Lorena. Aunque actualmente se encuentra en restauración (con obras previstas hasta 2029), sigue siendo una parada obligatoria por su espectacular fachada del siglo XV y su puerta esculpida, que recuerda al famoso castillo de Blois en el valle del Loira. Muy cerca se encuentra la iglesia de Saint-François-des-Cordeliers, donde descansan los restos de varios duques de Lorena. Este templo, sencillo pero luminoso, conserva una capilla inspirada en la de los Médici en Florencia y alberga tumbas de mármol negro que impresionan por su sobriedad y majestuosidad.

Entre lo medieval y lo moderno

La Ville Vieille se conecta de manera natural con la Ville Neuve, la parte más moderna de Nancy diseñada a finales del siglo XVI por Carlos III de Lorena. Este sector es el centro comercial de la ciudad, donde se concentran bancos, comercios y el mercado de abastos, instalado en un edificio en forma de U con techo de cristal. El mercado alberga más de 70 comerciantes y es un excelente lugar para descubrir los productos locales. Desde tiempos antiguos, este espacio atrajo a artesanos especializados, especialmente vidrieros, una tradición que Nancy ha sabido conservar con orgullo.

Quienes prefieran una experiencia más estructurada pueden apuntarse a las visitas guiadas organizadas por la oficina de turismo local, que todos los sábados a las 14:30 ofrecen recorridos por el centro histórico, revelando detalles arquitectónicos e historias poco conocidas de la ciudad.

El legado del art nouveau

Otro de los grandes atractivos de Nancy es su estrecha relación con el movimiento art nouveau. A comienzos del siglo XX, la ciudad fue uno de los epicentros de esta corriente artística en Francia gracias a la influencia de Émile Gallé, un artista y maestro vidriero que fundó la Escuela de Nancy. Su lema —“el arte debe estar en todo y para todos”— sintetiza la filosofía de un grupo de artistas que buscó llevar la belleza al diseño cotidiano.

Hoy en día, ese espíritu sigue vivo y se puede apreciar en muchos rincones de la ciudad. El Museo de la Escuela de Nancy, instalado en una elegante villa del siglo XIX, reúne una colección fascinante de obras en vidrio, cerámica, vitral y mobiliario. Cada pieza refleja el deseo de unir función y estética, demostrando cómo el art nouveau logró elevar objetos utilitarios a la categoría de arte.

Uno de los emblemas más notables de este estilo es la Villa Majorelle, una residencia diseñada en 1902 por el arquitecto Henri Sauvage para el diseñador Louis Majorelle. Esta casa de tres pisos es un verdadero manifiesto del art nouveau: vidrieras de Jacques Gruber, muebles esculpidos y una chimenea de piedra en la sala Les Blés que fusiona forma, función y elegancia.

Quienes deseen explorar más ejemplos de este estilo pueden recorrer la avenida du Maréchal Foch, donde se agrupan numerosos edificios representativos del movimiento. La ciudad incluso ofrece rutas temáticas para descubrir los secretos del art nouveau en sus calles.

Bienestar y gastronomía: el broche final

Después de tanto paseo e inmersión cultural, nada mejor que una pausa para relajarse. Nancy también cuenta con un centro termal ideal para el descanso: Nancy Thermal. Este moderno complejo aprovecha las propiedades de sus aguas ricas en hierro y potasio, con temperaturas que van desde los 18 a los 37 grados. Con tres áreas diferenciadas para el bienestar, una gran piscina circular y tratamientos especializados, el centro ofrece una experiencia reparadora en un entorno elegante.

En cuanto al alojamiento, una excelente opción en el centro histórico es el Hotel de Guise, situado en un edificio del siglo XVII que originalmente fue una abadía. Su ubicación es inmejorable, a tan solo tres minutos a pie del Palacio de los Duques de Lorena, lo que lo convierte en una base ideal para explorar la ciudad.

Y si se trata de disfrutar de la cocina local, La Brasserie L’Excelsior es todo un clásico. Inaugurado en 1909, este restaurante combina tradición y diseño gracias a su decoración art nouveau. Otra alternativa interesante es el restaurante Vins et Tartines, donde la sumiller Clotilde Mengin —que atiende también en español— guía a los comensales a través de los sabores de Lorena, con platos regionales maridados con vinos locales.

Nancy es una ciudad que sorprende por la armonía entre su legado real, su patrimonio artístico y su vida moderna. Desde la majestuosidad de la plaza Stanislas hasta la calidez de sus calles medievales, pasando por su apuesta por el diseño y el bienestar, esta ciudad del noreste francés ofrece un viaje completo a través del tiempo, el arte y el placer. Ya sea para una escapada de fin de semana o para una visita más prolongada, Nancy tiene todo lo que se necesita para enamorar al visitante.