Horas antes del horror, una foto lo dijo todo: el mensaje que nadie imaginó sería el último

Lo que parecía una simple imagen de rutina terminó convirtiéndose en la última señal de vida de dos niñas que, horas más tarde, serían encontradas sin vida junto a su padre. El hecho ha conmocionado profundamente a la comunidad de Parral, en Chihuahua, y ha desatado un debate urgente sobre la protección de menores en contextos de conflictos familiares.

El pasado 17 de julio, alrededor de las 16:14 horas, una madre recibió por WhatsApp una fotografía enviada por su expareja, en la que aparecía conduciendo su vehículo mientras sus dos hijas, Génesis Nahomy y Yeyly Valeria, iban sentadas en el asiento trasero. Vestidas de azul, con el cabello recogido y sonriendo, la imagen parecía mostrar un momento cotidiano. Pero ese instante marcaría el inicio de una cadena de hechos que acabaría en tragedia.

Según los primeros reportes oficiales, tras recibir la imagen, la madre intentó comunicarse con el padre, Jesús Omar, sin éxito. Horas después, al no obtener respuestas, decidió acudir a las autoridades para reportar la desaparición de las niñas. La denuncia fue realizada ante la Fiscalía de Distrito Zona Sur, activando una búsqueda urgente en toda la región.

La investigación tomó un giro desgarrador al día siguiente, el 18 de julio, cuando se recibió un reporte ciudadano sobre un auto abandonado cerca de la Presa Parral. Al llegar al lugar, las autoridades encontraron el vehículo blanco, del mismo modelo que aparecía en la fotografía enviada por el padre. Dentro del auto, hallaron sin vida a las dos menores y al hombre, todos en el interior del coche.

Las primeras indagaciones de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) indicaron que las niñas habrían sido envenenadas, al igual que el padre. Aunque los detalles específicos del método no han sido divulgados oficialmente, se presume que el hecho fue planeado por el adulto tras conocer que había perdido la custodia legal de las menores, decisión que había sido recientemente emitida por un juez.

El padre aún mantenía un régimen de convivencia, por lo cual ese día tenía permiso de pasar tiempo con sus hijas. Pero detrás de esa aparente normalidad se escondía una situación emocional compleja. Testimonios cercanos señalan que no había aceptado la decisión judicial, y que su comportamiento había cambiado en las últimas semanas.

Este caso ha generado una ola de indignación en redes sociales, donde miles de personas han exigido revisar los protocolos judiciales sobre regímenes de visitas, especialmente cuando existen antecedentes que pudieran representar un riesgo para los menores. Muchas voces han advertido sobre la llamada violencia vicaria, una forma de agresión en la que el victimario busca hacer daño a su expareja a través del sufrimiento de los hijos.

Expertos en derecho familiar y género han insistido en la necesidad de reforzar los mecanismos de evaluación de riesgo, para prevenir que episodios de este tipo se repitan. Asimismo, subrayan la urgencia de capacitar a jueces, fiscalías y personal del sistema judicial para identificar señales de alarma cuando hay disputas por la custodia de los hijos.

Durante el fin de semana, los cuerpos de Génesis y Yeyly fueron velados en un acto íntimo, lleno de tristeza. La familia materna y paterna coincidieron en el dolor, aunque los hechos han dejado una herida difícil de cerrar. Algunas personas cercanas a la familia del agresor han pedido respeto y comprensión, reconociendo el sufrimiento de todos los involucrados.

Las autoridades han anunciado que el caso será investigado como un doble feminicidio infantil, con enfoque de género. Hasta ahora, no se ha confirmado si existían denuncias previas por violencia familiar, aunque esa línea será parte de la investigación en curso.

Este trágico hecho ha dejado una profunda marca en Chihuahua y ha encendido las alarmas sobre un problema estructural: la falta de medidas de protección eficaces para niños y niñas en entornos familiares conflictivos. Una fotografía, enviada como si fuera un recuerdo, terminó siendo el último testimonio de una historia que pudo haberse evitado.