Caso Diego: La familia del adolescente hallado en la ex casa de Cerati rompió el silencio tras décadas de incertidumbre

Después de más de 40 años, un caso que había quedado en el olvido comienza a encontrar respuestas. Esta semana se confirmó la identidad de los restos humanos encontrados en una propiedad ubicada en el barrio porteño de Coghlan, donde alguna vez vivió el músico Gustavo Cerati. Gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), se supo que los restos pertenecen a Diego, un adolescente de 16 años que desapareció en 1984. Su familia, tras décadas sin respuestas, recibió finalmente la confirmación que tanto esperaban.

La noticia generó un profundo impacto en el entorno íntimo del joven. Diego había sido visto por última vez el 26 de julio de 1984, en la esquina de Naón y Monroe, a pocas cuadras del domicilio donde más de cuatro décadas después se encontrarían sus restos. En ese momento, su familia denunció su desaparición, pero el caso no tuvo repercusión en los medios, salvo una breve mención en una revista de la editorial Crónica.

La reapertura del caso llegó de forma inesperada. La cobertura del hallazgo realizada por TN se viralizó en redes sociales, y fue allí donde el sobrino de Diego reconoció ciertos detalles que coincidían con lo que él sabía de la desaparición de su tío. Movido por la intuición y por la esperanza, convenció a su abuela, madre de Diego, para que se sometiera a una prueba de ADN. El análisis confirmó lo que intuían: los restos eran del adolescente perdido en los años 80.

Fuentes cercanas al caso detallaron que la noticia fue manejada con extremo cuidado. La madre de Diego, ya de avanzada edad, fue informada de manera gradual para no afectarla emocionalmente. “Hubo que tener clemencia y no abrumarla con información de golpe”, explicaron los voceros. A pesar del dolor, la familia manifestó una mezcla de alivio y tristeza, al saber que finalmente se pudo dar con el paradero de Diego, aunque eso también implicara revivir el duelo que nunca habían podido cerrar por completo.

La investigación judicial, a cargo del fiscal Martín López Perrando, se encuentra ahora en una nueva etapa. Según fuentes judiciales, el objetivo principal será establecer qué ocurrió realmente en aquel entonces. “Ahora queda saber qué pasó. Intentar dar una respuesta justa a esa familia”, señalaron.

Por ahora, no se prevé citar a declarar a los actuales dueños del chalet donde fueron hallados los restos. En la propiedad reside una mujer de apellido Graf, también de edad avanzada, junto a sus dos hijos. La prioridad de los investigadores es recopilar testimonios de personas que conocieron a Diego en aquella época, como excompañeros de colegio o amigos del barrio, con el fin de obtener pistas sobre su contexto personal, su rutina o cualquier inquietud que haya manifestado antes de su desaparición.

Diego era un joven muy querido en su entorno. Asistía a la Escuela Nacional de Educación Técnica N.º 36 y jugaba al fútbol en el club Excursionistas, donde era reconocido por su compromiso y dedicación. El día de su desaparición, vestía su uniforme escolar, según reportó el diario Clarín. Todos esos datos, junto con el análisis de los 150 restos óseos hallados, permitieron avanzar hacia la identificación.

Este caso, que parecía destinado al olvido, pone de relieve el valor del trabajo forense y la perseverancia de las familias que nunca abandonan la esperanza. También deja en evidencia cómo un hallazgo fortuito puede reabrir heridas, pero también ofrecer respuestas largamente postergadas. La historia de Diego, que hasta hace poco era solo un recuerdo, hoy vuelve a ser presente, con la posibilidad de que finalmente se haga justicia.