Impactante giro en el caso del joven hallado enterrado junto a la casa de Gustavo Cerati
La investigación por el crimen de Diego Fernández Lima, ocurrido hace más de tres décadas, sumó en las últimas horas un dato inesperado que podría influir en el rumbo de la causa. Un hombre que compartió la escuela secundaria con la víctima y con Cristian Graf, el principal sospechoso, habló públicamente por primera vez y lanzó una acusación que encendió el interés judicial.
El testimonio pertenece a Adrián Farías, quien cursó en la misma institución que ambos. Según su relato, tuvo un episodio traumático con Fernández Lima cuando eran adolescentes. “En ese momento yo tenía 14 años y él era un año mayor porque había repetido. Fue una situación que bloqueé durante muchos años y que recién pude contar en terapia”, expresó en diálogo con un medio televisivo.
Farías indicó que estudiaban en la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 36, un establecimiento que, según sus palabras, recibía alumnos con antecedentes de conducta conflictiva en otras instituciones. “Mis padres terminaron cambiándome de colegio porque la convivencia era muy complicada”, explicó.
En su descripción, Graf era “un chico tranquilo” al que apodaban “Jirafa” por su altura, mientras que Fernández Lima tenía una personalidad “más desafiante” y protagonizaba discusiones con otros compañeros. Si bien aclaró que no eran amigos cercanos, dijo que ese episodio de su adolescencia lo marcó profundamente y que sus padres recién se enteraron hace poco tiempo.
Por ahora, Farías no figura formalmente en la lista de testigos de la investigación, aunque su testimonio podría ser evaluado si decide ratificarlo ante la Justicia. El expediente está en manos del fiscal Martín López Perrando, quien ya trabaja sobre distintas líneas de investigación.
El caso recobró notoriedad el pasado 20 de mayo, cuando obreros que trabajaban en una construcción del barrio de Coghlan encontraron restos humanos a escasa profundidad, a solo 40 o 50 centímetros de la superficie. Según relató Daniel Scarfo, encargado de la obra, el hallazgo se produjo de manera casual mientras perfilaban una medianera. Entre los elementos encontrados se destacó un reloj Casio, detalle que llamó la atención por su posible relación con la época en la que habría ocurrido el hecho, alrededor de 1984.
La sorpresa creció cuando se confirmó que los restos pertenecían a un joven desaparecido en esa época y que el terreno estaba junto a la vivienda donde residió Gustavo Cerati, ícono del rock argentino.
Las sospechas rápidamente se concentraron en Cristian Graf, quien actualmente vive en la casa donde fueron encontrados los huesos y que era amigo de la víctima en su adolescencia. El vínculo entre ambos era conocido por antiguos compañeros de curso, uno de los cuales vive en el exterior y se comunicó con la fiscalía tras ver la noticia en un grupo de exalumnos.
Graf, de 56 años, fue abordado por periodistas en las puertas de su vivienda. Ante la consulta directa sobre si tuvo responsabilidad en el crimen, se limitó a responder: “A mi papá”, evitando mayores declaraciones.
El caso, que permaneció en silencio durante más de tres décadas, combina elementos históricos, testimonios nuevos y evidencias forenses que podrían reescribir lo que se creía sobre la desaparición de Fernández Lima. Con el avance de la investigación, la Justicia buscará determinar si los dichos del excompañero se suman a la causa y si tienen relación con la misteriosa muerte ocurrida en la década del ’80.

