Gerardo Romano habló con crudeza sobre su enfermedad y reflexionó sobre su futuro artístico

El reconocido actor Gerardo Romano, de 79 años, volvió a abrir su corazón y habló sin tapujos sobre la enfermedad neurodegenerativa que padece. El intérprete, recordado por su papel de Sergio Antín en El Marginal y recientemente en En el barro, decidió contar cómo atraviesa este momento de su vida y cuáles son sus pensamientos frente a la finitud.

En diálogo con La Nación, Romano confesó que su diagnóstico le planteó un desafío que va más allá de lo físico. “La finitud es una cuestión fundamental del hombre. En mi caso, eso viene acompañado por un condicionante como es padecer una enfermedad neurodegenerativa, lo cual no es una grata noticia ni tiene solución. Uno puede amigarse y transitarlo o no”, expresó, haciendo referencia al Parkinson, patología que reconoció públicamente en 2024.

El actor, dueño de una extensa trayectoria en teatro, cine y televisión, dejó en claro que su enfermedad no le impide seguir trabajando, aunque sí lo lleva a repensar sus proyectos. En la actualidad, se encuentra protagonizando la obra El Secreto, que, según él mismo adelantó, podría ser la última vez que comparta escenario en un proyecto colectivo. “Será mi última oportunidad teatral de manera grupal. Quizás más adelante arme una obra unipersonal, aunque no estoy seguro de tener demasiado que contar después de haber hecho ya cuatro de ese estilo”, señaló.

Consciente de la etapa que transita, Romano no ocultó la mezcla de emociones que lo acompañan. “No sería humano si no me angustiase o no tuviese miedo. Como decía China Zorrilla: ‘la fiesta está buenísima y no dan ganas de bajarse’. No tengo ganas de bajarme de esta fiesta”, sostuvo conmovido, en una clara metáfora sobre la vida.

Más allá de su situación personal, Romano no perdió su característica frontalidad y aprovechó el espacio para dar su opinión sobre la industria y algunos de sus colegas. En este sentido, fue consultado por los dichos de Julio Chávez, quien en una entrevista había destacado a Ricardo Darín no tanto por su talento artístico, sino por lo que denominó su “habilidad social” para manejarse en el ambiente.

Lejos de coincidir con esa mirada, Romano fue contundente: “Tengo admiración y no soy envidioso. Lo que más trato de evitar es esa codicia que muchas veces nos empuja a competir y excluir al otro. Me parece un eufemismo decir que alguien alcanzó el éxito únicamente por su inteligencia para relacionarse. Eso no le hace justicia a la carrera de Darín”.

En esa misma línea, cuestionó directamente a Chávez: “Es un pensamiento que, para que lo diga un actor, me parece fuera de lugar. No me parece adecuado, sobre todo cuando está al frente de un proyecto tan importante como El Eternauta. Si vos tenés la carrera de Darín, que es impresionante, ¿qué más vas a pedir? Es como llegar al Aconcagua y descubrir que todavía podés subir al Everest. Esa es una carrera brillante, y decir otra cosa es minimizarlo”.

Las declaraciones de Romano reflejan no solo la mirada de un actor con décadas de experiencia, sino también la voz de alguien que atraviesa un momento íntimo y complejo, donde la salud, el arte y la reflexión personal se entrelazan. Su testimonio vuelve a poner sobre la mesa el valor de la sinceridad en un medio donde muchas veces prevalece el silencio.

Con la lucidez y la frontalidad que lo caracterizan, Romano se muestra decidido a seguir en los escenarios mientras tenga fuerzas, consciente de que cada función puede ser una despedida, pero también una celebración.