El iraní conocido como “el hombre más sucio del mundo”

El nombre de Amou Haji dio la vuelta al mundo por un motivo inusual: se hizo famoso por negarse a bañarse durante más de medio siglo. Su vida llamó la atención de medios, investigadores y curiosos, que veían en él un caso extremo de aislamiento y hábitos poco comunes. Este hombre iraní falleció a los 94 años, poco después de que vecinos de su aldea lograran convencerlo de bañarse por primera vez en décadas.

Amou Haji vivía en Dejgah, un pequeño poblado en la provincia de Fars, al sur de Irán. Nunca se casó ni tuvo hijos, y aunque no contaba con familia cercana, era una figura conocida en la comunidad. De hecho, los vecinos llegaron a construirle una choza de cemento para protegerlo del frío, ya que durante años dormía en un agujero en la tierra. A pesar de sus hábitos singulares, quienes lo conocían le tenían aprecio y lo describían como un hombre reservado pero inofensivo.

La particularidad que lo hizo mundialmente conocido fue su aversión al agua y al jabón. Según relataban quienes convivieron con él, Amou Haji estaba convencido de que bañarse podía provocarle enfermedades graves. Por esa razón rechazaba cualquier intento de higiene personal y prefería vivir cubierto de suciedad. También evitaba comer alimentos frescos, convencido de que podían dañarlo. Sin embargo, en los últimos meses de su vida los aldeanos lograron persuadirlo para que aceptara un baño. Poco después, su salud se deterioró y falleció.

El estilo de vida de este hombre estaba rodeado de mitos y relatos que lo convirtieron casi en una figura de leyenda. Se decía que fumaba hasta cinco cigarrillos a la vez, que utilizaba una pipa metálica para inhalar estiércol, que se vestía con harapos cubiertos de polvo y que su dieta incluía animales atropellados o carne en mal estado, especialmente de puercoespín. También se mencionaba que bebía agua de charcos recogida en un balde oxidado.

A pesar de todas esas costumbres, médicos iraníes y extranjeros llegaron a examinarlo y encontraron que gozaba de una sorprendente buena salud. En 2013 se estrenó el documental La extraña vida de Amou Haji, en el que el propio protagonista explicó que sus elecciones estaban relacionadas con experiencias traumáticas de juventud. Según contaba, tras atravesar problemas emocionales decidió aislarse y adoptar una vida completamente alejada de lo que consideraba convencional.

Más recientemente, un grupo de especialistas británicos y de la Escuela de Salud Pública de Teherán realizaron pruebas médicas y descartaron enfermedades como VIH, hepatitis y otras infecciones. Solo detectaron triquinosis, una parasitosis que, en su caso, no le causaba síntomas. Los expertos concluyeron que había desarrollado un sistema inmunológico muy fuerte, posiblemente como resultado de la exposición prolongada a condiciones poco higiénicas.

Con el paso de los años, la figura de Amou Haji se convirtió en un fenómeno casi turístico en su región. Visitantes acudían a conocerlo, algunos grababan videos y fotos que luego se viralizaban en redes sociales, mostrando sus hábitos peculiares. Lo que para muchos era motivo de curiosidad, para otros despertaba reflexiones sobre la soledad, la salud mental y las formas extremas de vivir fuera de lo establecido.

Su muerte marca el final de una historia que llamó la atención en todo el mundo. Aunque su apodo de “el hombre más sucio del planeta” lo convirtió en un personaje mediático, los relatos de sus vecinos recuerdan que detrás de esa imagen extravagante había un hombre solitario que había elegido una vida distinta. La vida de Amou Haji deja un retrato insólito de cómo las creencias personales, por más extrañas que parezcan, pueden llegar a definir una existencia entera.