Allanamiento al búnker del narco acusado por el triple crimen en Florencio Varela

La investigación por el triple crimen de Florencio Varela continúa avanzando con fuerza, y en las últimas horas se conocieron imágenes de los allanamientos realizados en el Barrio Zavaleta, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo estuvo dirigido a dar con el paradero de quien es considerado el principal responsable de planificar los asesinatos: un joven de 23 años conocido como “Pequeño J” o “Julito”, de nacionalidad peruana, sobre quien ya pesa una orden de captura nacional e internacional.

Según fuentes policiales, el sospechoso es señalado como el líder de la banda narco que habría coordinado cada detalle del macabro plan: desde el engaño con la supuesta fiesta hasta la decisión de transmitir el ataque por redes sociales. Su perfil, según remarcan los investigadores, es el de un criminal con un accionar sumamente violento, lo que lo convierte en un objetivo prioritario para las autoridades de seguridad.

El procedimiento se realizó en varias viviendas y también en un comedor comunitario donde el joven solía moverse. Allí se buscaban rastros que pudieran dar con su paradero o con material de interés para la causa. Aunque no lograron detenerlo, los investigadores sostienen que cada operativo permite recolectar pruebas que refuercen la hipótesis sobre su rol como autor intelectual del caso que sacudió a la opinión pública.

Las pesquisas lo ubican como la persona que dio la orden a los dueños de la vivienda en Florencio Varela, donde finalmente fueron halladas las tres jóvenes, de 15, 20 y 21 años. La instrucción habría sido clara: “ordenen todo”, en referencia a preparar el lugar y disponer de los medios para encubrir el crimen. La pareja acusada de ser propietaria de la casa fue detenida en un hotel alojamiento poco después del hallazgo, y los investigadores creen que ambos tenían conocimiento de lo sucedido, ya que aportaron detalles que solo podían saberse si habían presenciado la transmisión en vivo.

Las autoridades remarcan que el caso tuvo un componente de intimidación mafiosa, típico de las organizaciones narcocriminales. La frase que habría repetido el jefe de la banda, “esto le pasa a quienes me roban”, reflejaría la intención de enviar un mensaje disciplinador a su propia estructura, luego de sospechar que alguien de su entorno lo había traicionado.

Por ahora, las autopsias confirmaron que las tres víctimas fueron sometidas a agresiones previas a su muerte, lo que refuerza la hipótesis de que la violencia ejercida buscaba no solo eliminarlas sino también infundir temor dentro de la red delictiva. Este aspecto se investiga como un acto de venganza interna, con la particularidad de que fue expuesto en directo ante un grupo reducido de personas, en una práctica propia de organizaciones criminales que buscan imponer respeto y obediencia.

El caso puso en evidencia la capacidad operativa de estas bandas en el conurbano bonaerense y la dificultad de desarticular sus redes, que muchas veces se extienden hacia distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires. El fiscal a cargo, junto con la Policía bonaerense y fuerzas federales, trabaja sobre varias líneas para dar con el paradero del “Pequeño J”, cuya peligrosidad es considerada equiparable a la de delincuentes de gran experiencia, a pesar de su corta edad.

La presión ahora está en dar con el principal sospechoso, que se convirtió en el rostro más buscado de una investigación que no solo apunta a esclarecer el crimen, sino también a golpear de lleno a la estructura narco que opera en la zona sur del conurbano y en barrios populares de la Capital Federal. Mientras tanto, el reclamo de justicia por parte de los familiares de las jóvenes se suma al pedido social de mayor seguridad y control sobre estas redes que continúan sembrando miedo en distintas comunidades.