La momia más antigua del mundo no es egipcia: tiene unos 12.000 años y fue hallada en Asia

Durante décadas, la palabra “momia” evocó inevitablemente las arenas del antiguo Egipto, los sarcófagos dorados y los rituales funerarios de los faraones. Sin embargo, un reciente hallazgo ha cambiado por completo esa imagen. Un equipo internacional de científicos descubrió en el sur de China y en distintas zonas del sudeste asiático evidencias de momificación humana que se remontan a más de 12.000 años atrás, mucho antes de que los egipcios desarrollaran su célebre arte de conservar a los muertos.

Los investigadores encontraron estos restos en lugares de Vietnam, la Región Autónoma Zhuang de Guangxi (China), Filipinas, Laos, Tailandia, Malasia e Indonesia. Todos los sitios comparten una característica sorprendente: los cuerpos fueron conservados mediante el uso de humo y calor, una técnica que permitió detener la descomposición en climas tropicales sumamente húmedos.

Un hallazgo que cambia la historia

El estudio, publicado recientemente por un consorcio de 24 expertos en arqueología, antropología, genética y química, revela que la evidencia más antigua de momificación por humo en esta región de Asia se sitúa entre 12.000 y 4.000 años antes del presente. Esto significa que los pueblos de cazadores-recolectores de la prehistoria ya conocían métodos de conservación corporal miles de años antes que los egipcios.

Uno de los sitios más importantes analizados es la cueva de Zengpiyan, en Guangxi, China. Este lugar estuvo habitado entre hace 12.000 y 7.000 años, y en su interior se hallaron esqueletos, piel momificada y tejidos parcialmente conservados. En algunos casos, los restos muestran claros signos de exposición prolongada al humo, lo que llevó a los investigadores a concluir que se trataba de un proceso intencional de momificación.

Aunque algunos entierros corresponden a contextos algo más recientes, de unos 10.000 años, el rango documentado en el estudio llega hasta los 12.000 años, lo que convierte a estas momias en las más antiguas del planeta conocidas hasta la fecha.

¿Cómo se momificaban los cuerpos?

Los arqueólogos observaron que los cuerpos fueron enterrados en posiciones encogidas o en cuclillas, algo muy común en los entierros prehistóricos. En varios casos, los huesos presentaban señales de calor o exposición al fuego, una evidencia directa de que el humo jugó un papel esencial en la preservación.

La técnica era sencilla pero eficaz: los cuerpos se colocaban cerca de fogatas o sobre estructuras donde podían recibir el calor del humo durante largos periodos. Este proceso desecaba lentamente los tejidos, eliminaba la humedad y evitaba la proliferación de bacterias que provocan la descomposición. Una vez secos, los cuerpos eran enterrados o depositados en cuevas.

En palabras simples, la momificación consistía en preservar el cuerpo sin que se pudriera, y el humo era el aliado perfecto en una región donde la humedad tropical haría imposible una conservación natural.

Los primeros pueblos modernos de Asia

Los restos pertenecen a grupos de cazadores-recolectores que habitaron el sudeste asiático antes de la expansión de la agricultura. Estas comunidades formaban parte de los primeros grupos humanos modernos que se desplazaron por Asia tras salir de África, y que más tarde dieron origen a algunas poblaciones actuales de Oceanía, como las de Australia y Nueva Guinea.

Los análisis genéticos y morfológicos realizados por los investigadores confirman una continuidad biológica y cultural entre aquellos pueblos antiguos y algunos grupos autóctonos actuales del sudeste asiático. En otras palabras, las tradiciones funerarias de hace milenios todavía tienen ecos en las costumbres de ciertos pueblos de la región.

Paralelos con América del Sur

Antes de este descubrimiento, las momias más antiguas conocidas eran las del pueblo Chinchorro, una cultura prehistórica que habitó la costa del norte de Chile y el sur de Perú hace unos 7.000 años. Los Chinchorro también desarrollaron métodos complejos de momificación artificial, mucho antes que los egipcios.

El hallazgo asiático, sin embargo, retrocede el reloj de la momificación al menos cinco milenios más atrás. Esto sugiere que la práctica de conservar los cuerpos de los muertos no surgió de un único foco cultural, sino que apareció de forma independiente en distintas regiones del mundo, posiblemente impulsada por creencias comunes sobre la muerte y la preservación del cuerpo.

Tradiciones vivas hasta hoy

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que los investigadores encontraron paralelos entre las momias prehistóricas y prácticas modernas. Por ejemplo, el pueblo Dani, que vive en la región montañosa de Papúa, Indonesia, todavía conserva los cuerpos de sus líderes fallecidos mediante el humo. En sus rituales, el cuerpo del difunto se coloca en una choza sobre un fuego que arde durante semanas, hasta que queda completamente seco y rígido.

Este método, sorprendentemente similar al usado hace 12.000 años, demuestra que la tradición ha sobrevivido a lo largo de los milenios en algunas comunidades del sudeste asiático. Para los Dani, conservar el cuerpo es una forma de mantener la presencia espiritual del difunto entre los vivos, una idea que se repite en muchas culturas del mundo antiguo.

Un proyecto internacional

La investigación comenzó en 2017, con la colaboración de 24 expertos de diversas instituciones científicas. Su enfoque fue interdisciplinario: combinaron la arqueología, la antropología física, la genética antigua y los análisis químicos de los restos.

Durante años, el equipo reunió muestras, realizó dataciones por radiocarbono y estudió microtrazas de humo y calor en los huesos y tejidos momificados. También compararon los resultados con otros sitios arqueológicos de Asia, Oceanía y América del Sur.

Gracias a estos análisis, pudieron determinar no solo la antigüedad de los cuerpos, sino también las condiciones ambientales en las que fueron conservados y los rituales asociados al proceso funerario.

Implicaciones del descubrimiento

Este hallazgo redefine lo que sabemos sobre las prácticas funerarias de la humanidad. Hasta ahora, Egipto y los Andes eran considerados los principales centros de momificación antigua, pero la evidencia del sur de China y el sudeste asiático muestra que la idea de preservar a los muertos es mucho más universal y antigua de lo que se pensaba.

Además, el uso del humo como método de conservación es particularmente revelador. En una región donde la humedad y el calor aceleran la descomposición, el humo proporcionaba una solución natural y accesible para impedir que el cuerpo se corrompiera. Es un ejemplo temprano de ingenio humano frente a los desafíos del entorno.

Los científicos creen que este descubrimiento es solo el comienzo. Podrían encontrarse más momias similares en otras zonas del continente asiático, especialmente en cuevas o regiones montañosas donde los restos hayan estado protegidos del clima tropical. Sitios arqueológicos del norte de China, con entierros en posición flexionada datados entre 13.000 y 10.000 años, podrían ofrecer futuras evidencias de técnicas semejantes.

Incluso se han identificado paralelismos con los entierros en hiperflexión de Australia, lo que sugiere una conexión cultural profunda y duradera entre los antiguos pueblos del sudeste asiático y los primeros habitantes de Oceanía.

En definitiva, las momias del sur de China y del sudeste asiático no solo son un testimonio asombroso de la antigüedad de la momificación, sino también una ventana hacia la creatividad, la espiritualidad y la continuidad cultural de los primeros seres humanos modernos.

El descubrimiento demuestra que, mucho antes de las pirámides, la humanidad ya experimentaba con maneras de preservar a sus muertos. El humo, elemento tan cotidiano y simbólico, se convirtió hace 12.000 años en el puente entre la vida y la muerte, entre la memoria y el tiempo.