8 increíbles maravillas más antiguas que Stonehenge

Cuando pensamos en monumentos prehistóricos, es inevitable que Stonehenge venga a la mente: ese misterioso círculo de piedras erigido en la llanura de Salisbury, Inglaterra, hace unos 4.500 años. Sin embargo, en distintos rincones del planeta existen lugares aún más antiguos, vestigios de civilizaciones que ya levantaban templos, tumbas y ciudades mucho antes de que se colocaran las primeras losas de Stonehenge hacia el 2500 a.C.

Desde los desiertos del Perú hasta las colinas verdes de Inglaterra, pasando por los valles de Pakistán o las costas de Cerdeña, estos ocho enclaves arqueológicos nos invitan a viajar miles de años atrás, cuando el ser humano comenzaba a construir sus primeras obras monumentales.

A continuación, exploramos ocho lugares asombrosos más antiguos que Stonehenge, ordenados del más reciente al más antiguo.

1. Caral-Supe, Perú (ca. 2600 a.C.)

Ubicada a unos 200 kilómetros al norte de Lima, Caral-Supe es considerada la ciudad más antigua de América y una de las civilizaciones más tempranas del mundo. Fundada alrededor del 2600 a.C., esta extensa metrópoli sagrada ocupaba unas 600 hectáreas y se extendía por el fértil valle del río Supe, a pocos kilómetros del Pacífico.

El complejo incluía pirámides escalonadas, plazas circulares hundidas, templos y grandes escalinatas de piedra, construidas sin cerámica ni armas: un indicio de que su sociedad se organizaba más en torno al comercio y la religión que a la guerra.

Las excavaciones han revelado flautas hechas con huesos de pelícanos, restos de redes de pesca y materiales que datan de alrededor de 2627 a.C.. Todo apunta a que Caral fue un centro político y espiritual, un punto de encuentro para distintas comunidades de la costa y el altiplano.

2. Pirámide de Meidum, Egipto (2613–2589 a.C.)

Construida durante el reinado del faraón Seneferu, primer monarca de la IV Dinastía egipcia, la Pirámide de Meidum representa un fascinante experimento arquitectónico. Se levantó entre 2613 y 2589 a.C. como un intento de perfeccionar la forma piramidal, pero su estructura presentaba tantos errores que acabó derrumbándose parcialmente y siendo abandonada.

Hoy, su aspecto es peculiar: una pirámide “rota”, con sus niveles interiores al descubierto. Los arqueólogos han hallado en su interior vigas de madera originales, lo que ofrece una visión única de las técnicas constructivas del Antiguo Egipto.

En los alrededores también se encontró un hermoso fresco de seis gansos, conocido como “las Gansos de Meidum”, una obra de arte refinada que refleja el talento y la sensibilidad de los artistas del Reino Antiguo, en una época en la que aún faltaban siglos para la construcción de las grandes pirámides de Giza.

3. Arthur’s Stone, Herefordshire, Inglaterra (ca. 3000 a.C.)

En una colina que domina el valle del río Golden, cerca de la frontera con Gales, se encuentra Arthur’s Stone, un monumento funerario que data de hace unos 5.000 años. Este dolmen neolítico —un tipo de tumba construida con enormes bloques de piedra— consta de nueve piedras verticales que sostienen una gigantesca losa de unas 25 toneladas.

El nombre proviene de la leyenda del rey Arturo, pues la tradición popular decía que el héroe britano había matado a un gigante en ese mismo lugar. Sin embargo, mucho antes de las leyendas medievales, el sitio fue parte de un complejo ceremonial más grande, donde las comunidades neolíticas se reunían probablemente con fines rituales y sociales.

Los arqueólogos creen que, además de funcionar como tumba, el monumento servía como punto de encuentro estacional para los pastores que se desplazaban con sus rebaños durante el verano.

4. Mohenjo-daro, Pakistán (3300–1300 a.C.)

En la provincia de Sindh, a orillas del río Indo, se levantó una de las ciudades más avanzadas de la Antigüedad: Mohenjo-daro, perteneciente a la civilización del Indo. Fundada hacia 3300 a.C., fue una urbe planificada con un nivel de sofisticación que resulta sorprendente incluso hoy.

Sus habitantes construyeron casas de ladrillo sin cocer, calles perfectamente alineadas y un sistema de drenaje que recorría toda la ciudad, prueba de una impresionante organización urbana. En la parte alta se encontraba una acrópolis fortificada, mientras que en la zona baja se extendía un entramado de viviendas y edificios públicos.

El descubrimiento de un gran baño público, graneros y áreas de comercio sugiere una sociedad próspera, estructurada y tecnológicamente avanzada. No es de extrañar que Mohenjo-daro fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como testimonio de una de las primeras civilizaciones urbanas del planeta.

5. Dólmenes del Cáucaso Norte, Rusia (ca. 3500 a.C.)

Entre las montañas y los valles del Cáucaso Norte, en Rusia, se extiende una enigmática concentración de miles de dólmenes prehistóricos. Estas estructuras megalíticas, construidas con grandes losas de piedra, comenzaron a erigirse alrededor del 3500 a.C.

Cada dolmen tiene una pequeña abertura circular, cuadrada u ovalada en la pared frontal, que parece haber servido como acceso simbólico o ritual. Algunos presentan petroglifos tallados: zigzags, triángulos, círculos concéntricos e incluso figuras femeninas con pechos resaltados.

Los lugareños los llaman ispun, o “casas de los enanos”. Aunque su función exacta sigue siendo un misterio, la mayoría de los expertos coinciden en que se usaban como tumbas colectivas o lugares de culto tribal. Su número —se calcula que existen más de 3.000— y su distribución geográfica demuestran la existencia de una cultura altamente organizada, aún poco comprendida.

6. Monte d’Accoddi, Cerdeña, Italia (4000 a.C.)

En la isla italiana de Cerdeña se alza uno de los monumentos más extraños del Mediterráneo: Monte d’Accoddi. Este santuario neolítico, con forma de zigurat o pirámide escalonada, fue construido alrededor del 4000 a.C. por la cultura Ozieri.

La estructura original fue destruida hacia el 3000 a.C., pero más tarde la cultura Abealzu-Filigosa la reconstruyó y amplió, dándole el aspecto que conserva hoy: una plataforma de piedra con una rampa que asciende hasta su parte superior, de unos 10 metros de altura.

Durante las excavaciones se hallaron restos de sacrificios animales, incluidos huesos de ovejas, cerdos y vacas, lo que indica que Monte d’Accoddi funcionaba como un centro ceremonial dedicado a rituales agrícolas o religiosos. Su diseño, tan similar a los templos mesopotámicos, plantea un enigma fascinante sobre posibles contactos culturales en la prehistoria.

7. Carnac, Bretaña, Francia (4500–4000 a.C.)

En la región francesa de Bretaña, el conjunto megalítico de Carnac es el más extenso del mundo: unos 3.000 menhires dispuestos en largas alineaciones que se extienden a lo largo de más de cuatro kilómetros.

Las tres áreas principales —Ménec, Kermario y Kerlescan— albergan piedras que alcanzan los 4 metros de altura. Su construcción data de entre 4500 y 4000 a.C., pero aún se desconoce quiénes las levantaron: algunos arqueólogos las atribuyen a comunidades de cazadores mesolíticos, otros a agricultores neolíticos.

Las teorías sobre su propósito son igualmente variadas. Algunos creen que servían como observatorios astronómicos, otros como espacios rituales vinculados a la fertilidad o a los ciclos solares. A pesar de las incógnitas, su magnitud y antigüedad eclipsan incluso a Stonehenge, y su conservación es extraordinaria.

8. Dolmen de Guadalperal, Extremadura, España (ca. 5000 a.C.)

Conocido como el “Stonehenge español”, el Dolmen de Guadalperal es un círculo megalítico formado por unas 150 piedras de granito. Fue descubierto en 1924 cerca del río Tajo, pero permaneció sumergido durante décadas bajo las aguas del embalse de Valdecañas, en Extremadura.

El dolmen, que podría datar del 5000 a.C., reaparece solo en épocas de sequía extrema. En el verano de 2022, la peor en 60 años, el descenso del agua lo reveló nuevamente, mostrando su impresionante estructura en un paisaje casi lunar.

Se cree que el monumento servía como tumba colectiva o santuario solar, orientado hacia la salida del sol. Su diseño circular y las piedras erguidas evocan el mismo espíritu que siglos después inspiraría a Stonehenge, aunque con una diferencia de más de dos milenios.


Estos ocho lugares, diseminados por tres continentes, demuestran que la arquitectura monumental no fue un invento aislado, sino una manifestación compartida de las primeras sociedades humanas. Antes incluso de la escritura, nuestros antepasados ya eran capaces de organizarse, construir y dejar huellas perdurables en piedra.

Más antiguos que Stonehenge, pero igual de misteriosos, estos sitios nos recuerdan que el deseo de trascender el tiempo —de conectar con los dioses, con la naturaleza o con los ancestros— ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes.