Las ciudades de Francia menos típicas que debes visitar

Cuando pensamos en Francia, solemos imaginar París, Lyon o Niza, pero el país está repleto de ciudades menos conocidas que sorprenden por su belleza, su patrimonio y su historia. Muchas de ellas guardan monumentos únicos, cascos medievales intactos, fortalezas, palacios o canales encantadores que merecen ser descubiertos. Algunas forman parte del Patrimonio Mundial de la Unesco y otras simplemente enamoran por su ambiente, su gastronomía o sus paisajes. Aquí tienes una selección de ciudades poco típicas que deberías poner en tu radar para futuras escapadas.

Angers

Angers, antigua capital del Anjou, merece una visita aunque solo sea para contemplar el Tapiz del Apocalipsis, una de las obras textiles más impresionantes de Europa, conservada en su monumental castillo. La ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad, es un verdadero museo al aire libre. Su fortaleza domina el río Maine, que unas decenas de kilómetros más adelante desemboca en el Loira, y abre paso a un casco histórico lleno de vida. Al cruzar su puente levadizo comienza un recorrido entre plazas animadas como la del Ralliement, calles peatonales, tiendas, cafés y hermosas casas con entramado de madera. Angers también alberga la catedral de Saint-Maurice, el museo de tapices Jean Lurçat, el museo de Bellas Artes, amplios parques y un apacible lago que suma aún más encanto.

Albi

Albi, capital del departamento de Tarn y conocida como la Ciudad Rosada, destaca por su característico ladrillo rojo. Su historia está ligada a los templarios y al pintor Toulouse-Lautrec, nacido aquí; su museo se encuentra dentro del palacio de la Berbie, uno de los edificios más importantes de la ciudad episcopal. Muy cerca se alza la catedral de Sainte-Cécile, una colosal construcción gótica que domina el horizonte y deja claro por qué la ciudad ha sido incluida en la lista de la Unesco. Pasear por sus calles tranquilas, cruzar sus puentes y disfrutar de su ambiente pausado es una excelente manera de sentir la esencia del sur de Francia.

Montpellier

Montpellier, situada entre el Mediterráneo y los viñedos del Languedoc, combina vitalidad juvenil con un casco histórico que parece un escenario cinematográfico. Su barrio medieval, l’Écusson, es un laberinto de calles estrechas que desembocan en plazas elegantes donde abundan las terrazas, los cafés y los palacetes del siglo XVII. El corazón de la ciudad es la plaza de la Comédie, presidida por la Ópera y punto de partida hacia la explanada de Peyrou, un paseo arbolado que culmina en un arco de triunfo con magníficas vistas.

Muy cerca se encuentra el acueducto de Saint-Clément, testigo del pasado hidráulico de la ciudad, y uno de los jardines botánicos más antiguos de Europa. Montpellier es también un foco cultural con museos como el Fabre, barrios modernos como Port Marianne y arquitectura contemporánea firmada por Jean Nouvel o Zaha Hadid. Su ambiente mediterráneo invita a disfrutar sin prisa y, cuando se quiere ver el mar, un corto viaje en tranvía conduce a las playas de Palavas o Carnon.

Provins

A 90 kilómetros de París se encuentra Provins, una joya medieval que fue capital del condado de Champagne. Su casco histórico, rodeado de murallas, conserva mansiones antiguas, plazas encantadoras como la del Châtel y monumentos tan emblemáticos como la torre César. La ciudad forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco y ofrece una inmersión auténtica en la Edad Media con festivales, mercados y espectáculos temáticos durante todo el año.

Honfleur

Honfleur es una de las ciudades portuarias más pintorescas de Normandía. Su puerto viejo, rodeado de casas altas de colores reflejadas en el agua, evoca la vida marinera de siglos pasados. Artistas como Eugène Boudin encontraron aquí inspiración, y no es difícil entender por qué. Entre sus visitas esenciales están el Museo de la Marina, instalado en una antigua prisión, y la iglesia de Santa Catalina, un templo de madera del siglo XVI construido por los propios trabajadores de los astilleros.

Dijon

Dijon, capital de la región de Borgoña, no solo es célebre por su mostaza y sus vinos, sino también por su riqueza artística y su patrimonio monumental. En sus calles abundan casas con entramado de madera, iglesias históricas y palacios, como el majestuoso palacio de los Duques, cuya torre de Felipe el Bueno permite disfrutar de vistas panorámicas. Su apodo, “la ciudad de los cien campanarios”, da una idea del tesoro arquitectónico que oculta. La gastronomía ocupa un lugar especial y visitar la ciudad es una excelente oportunidad para degustar vinos locales y platos tradicionales.

Annecy

Annecy, en los Alpes franceses y a orillas del lago del mismo nombre, es conocida como la “Venecia de Saboya” por los canales que cruzan su casco histórico. Aunque no es tan famosa fuera de Francia, cautiva con sus calles medievales, pasadizos, casas coloridas y monumentos como el Palacio de la Isla, antiguo edificio carcelario ubicado en medio del canal. El castillo de Annecy, la catedral de San Pedro y los paseos junto al lago completan un panorama inigualable, enmarcado por montañas que se reflejan en el agua.

Nancy

Nancy destaca por su elegancia y por la influencia del estilo Art Nouveau, visible en numerosas fachadas, casas y edificios modernistas. Su joya más reconocida es la plaza Stanislas, considerada una de las más bellas de Europa e incluida en la lista de la Unesco junto con las plazas de la Carrière y de la Alliance. Entre sus edificios imprescindibles están el ayuntamiento, la Ópera y el Museo de Bellas Artes. Caminar por las calles St. Jean y St. Georges o descubrir el barrio Le Parc de Saurupt permite apreciar la dimensión artística de la ciudad.

Blois

Blois es una de las paradas imprescindibles en una ruta por los castillos del Loira. Su casco antiguo está lleno de callejuelas empedradas, plazas coquetas y edificios históricos como la catedral de Saint-Louis o la iglesia de San Nicolás. Pero su gran protagonista es el castillo de Blois, una imponente fortaleza situada sobre un promontorio rocoso desde donde se domina el Loira. En el siglo XVI fue residencia de los reyes de Francia y hoy sigue sorprendiendo por su arquitectura y por las espectaculares vistas que ofrece.

Troyes

Troyes, en la región de Champagne y a orillas del Sena, debe su apodo de “la villa de los mil colores” a las vidrieras de una decena de iglesias declaradas monumento histórico. También destacan sus casas con entramado de madera, sus tejados de castaño y sus palacios convertidos en museos, como el de arte moderno. Sus antiguas fábricas de ladrillo rojo y su trazado medieval hacen de esta ciudad un lugar lleno de carácter y encanto.

Le Puy-en-Velay

Le Puy-en-Velay se alza en un paisaje volcánico dominado por el pico de Corneille. Es famoso por ser punto de partida de la Vía Podiensis, uno de los caminos más antiguos hacia Santiago de Compostela. Su catedral de Notre-Dame y el antiguo hospital forman parte del Patrimonio Mundial. La iglesia de Saint-Michel d’Aiguilhe, situada en lo alto de una colina, ofrece una de las estampas más sorprendentes de Francia. Además, la ciudad es conocida por el arte del encaje, tradición que sigue viva en sus talleres.

Lille

Cerca de Bélgica, Lille mezcla arquitectura flamenca con urbanismo francés. Su Grand Place recuerda a las grandes ciudades del norte, mientras que la plaza del Teatro añade un toque más afrancesado. El viejo Lille es perfecto para pasear entre callejuelas empedradas y casas elegantes. La ciudadela en forma de estrella, la casa natal de Charles De Gaulle y la catedral de Notre-Dame de la Treille completan una ciudad vibrante, cultural y llena de contrastes.