Compra ahora y ahorra en tus menús de Navidad: ¿qué puedes congelar antes y qué no?
Cada año se repite la misma escena: se acerca la Navidad, los precios de los alimentos comienzan a subir y las familias se enfrentan a presupuestos cada vez más ajustados. La cesta de la compra no deja de encarecerse y, en un contexto en el que los ingresos de muchos hogares se mantienen estables, cualquier oportunidad para ahorrar resulta bienvenida. Por eso, planificar las comidas navideñas con antelación se ha convertido en una estrategia eficaz para mantener el gasto bajo control sin renunciar a una mesa especial.
Una de las formas más sencillas de abaratar los menús festivos es comprar determinados productos frescos con antelación y congelarlos. Esta idea no solo ayuda a evitar el incremento de precios típico de diciembre, sino que también permite organizar mejor el tiempo y reducir el estrés de los días previos a las celebraciones. Sin embargo, no todos los alimentos reaccionan igual al frío extremo y algunos pueden perder textura, sabor o incluso resultar peligrosos si se manipulan de forma incorrecta. Por ello, es fundamental saber qué se puede congelar, cómo hacerlo bien y qué alimentos es mejor dejar para el último momento.
A continuación, una guía práctica para preparar tu congelador antes de las fiestas y aprovechar al máximo las compras anticipadas.
MARISCOS
Los mariscos son, sin duda, los grandes protagonistas de los menús navideños y también los productos cuyo precio más tiende a dispararse en estas fechas. En algunos casos, pueden incluso duplicar o triplicar su coste habitual. La ventaja es que muchos de ellos pueden congelarse sin perder calidad, siempre que se haga correctamente. Otros, en cambio, es mejor consumirlos frescos.
✔ Centollo, buey de mar, nécora y bogavante
Estos mariscos conviene cocerlos antes de congelarlos. Una vez cocidos, se recomienda envolverlos en un paño humedecido con agua de mar o con el mismo caldo de cocción (bien escurrido para evitar exceso de líquido). Después, hay que cubrirlos con papel film o introducirlos en una bolsa de congelación. De esta manera pueden mantenerse en buen estado entre 3 y 4 semanas.
✔ Langostinos, gambas, cigalas y carabineros
Se pueden congelar en crudo sin problema, especialmente si se van a cocinar a la plancha. Si se quieren utilizar en recetas cocinadas, también pueden congelarse una vez hervidos o escaldados. En el congelador pueden conservarse de 5 a 6 meses.
✔ Bivalvos: almejas, berberechos y navajas
Aunque no son los mariscos que mejor soportan este proceso, es posible congelarlos si se hace bien. Deben congelarse muy limpios y vivos. Primero hay que lavarlos, dejarlos purgar en agua con sal para que suelten arena, aclararlos de nuevo, secarlos ligeramente y guardarlos en bolsas bien cerradas. Su duración óptima es de 2 a 3 meses.
✘ Ostras y percebes
Estos productos no toleran la congelación. Su textura y sabor cambiarían de forma irreversible, por lo que siempre es mejor comprarlos frescos y consumirlos sin pasar por el congelador.
PESCADOS
El pescado es otro de los productos cuyo precio se eleva en diciembre, especialmente especies muy demandadas como besugo, lubina, rape, salmón o merluza. Comprarlos con antelación puede suponer un ahorro significativo, y lo mejor es que la mayoría soporta muy bien la congelación.
Para prepararlo correctamente, es fundamental adquirirlo fresco y pedir en la pescadería que eliminen escamas y vísceras. En casa, basta con lavarlo, secarlo y congelarlo entero o troceado, según el uso que vaya a tener. Lo ideal es envasarlo al vacío o guardarlo en bolsas específicas para congelación. Si no se dispone de estos materiales, envolverlo en papel film de forma ajustada también ayuda a evitar que el frío queme la superficie del pescado.
CARNES
Las carnes suelen ser una apuesta segura para los menús festivos: solomillo, cordero, cochinillo, capón, pularda o pato son algunas de las opciones más comunes. La buena noticia es que prácticamente todas las carnes frescas pueden congelarse y suelen conservarse muy bien durante largos periodos.
Para congelarlas, es recomendable retirar el exceso de grasa, cortarlas en raciones si se van a cocinar así o, si se trata de piezas enteras como cochinillo o cordero, guardarlas completas. Después, se pueden envolver en papel film, envasar al vacío o almacenar en bolsas herméticas. También es útil congelar guisos ya preparados, sobre todo los que incluyen carnes en salsa, ya que estos platos suelen mejorar con el reposo y representan una forma eficaz de adelantar trabajo antes de los días señalados.
✘ Lo desaconsejado:
Las carnes secas –como embutidos, fiambres o salazones– no deben congelarse, ya que este proceso hace que se resequen todavía más y pierdan calidad.
DESCONGELACIÓN
Tan importante como congelar bien es descongelar de forma adecuada. La regla de oro es hacerlo siempre en la nevera, nunca a temperatura ambiente. Dejar un alimento sobre la encimera puede provocar que la superficie se descongele antes que el interior, generando una capa de agua y creando un entorno favorable para el crecimiento de bacterias.
Lo ideal es colocar los alimentos en la parte baja del frigorífico, sobre una bandeja o recipiente que recoja los líquidos, y lejos de la puerta para evitar cambios bruscos de temperatura. En el caso del marisco crudo con cáscara, como gambas o cigalas, se puede recurrir a sumergirlo unos minutos en agua fría. Si se vive cerca del mar, mejor aún si es agua salada; si no, basta con añadir una cucharada de sal gorda al recipiente.
Otra opción útil es descongelar sobre una rejilla para evitar que el alimento permanezca en contacto con el agua que desprende, manteniendo así mejor su textura.
Planificar, comprar con antelación y congelar de forma correcta no solo ayuda a ahorrar, sino que también permite disfrutar de unas fiestas más relajadas y organizadas. Conociendo qué productos soportan bien el frío y cómo tratarlos, el congelador puede convertirse en un gran aliado para preparar los menús navideños sin sobresaltos ni gastos innecesarios.



