Una familia se refugió en un tanque australiano mientras se incendiaba su casa
El avance de los incendios forestales en la región de la Comarca Andina alcanzó en las últimas horas un nivel de gravedad que puso en riesgo directo a numerosas familias rurales. Uno de los focos más críticos se registró en el paraje Rincón de Lobos, donde la combinación de altas temperaturas, vegetación seca y fuertes ráfagas de viento generó un escenario de peligro extremo. En ese contexto, una familia quedó atrapada cuando el fuego rodeó completamente su vivienda, sin dejar rutas seguras de evacuación.
Samara Riquelme, vecina del lugar, relató los momentos de angustia que atravesaron cuando comprendieron que el incendio avanzaba con una velocidad inusual y que abandonar el predio ya no era una opción viable. La situación, según describió, se tornó caótica en cuestión de minutos. El humo denso, el ruido de las llamas y la visibilidad reducida transformaron la noche en una experiencia que calificó como una de las más traumáticas de su vida.
“Nunca viví algo así. Fue una noche muy fea, con mucha desesperación”, expresó al recordar el instante en que el fuego comenzó a cercar la propiedad. La familia entendió rápidamente que debía tomar una decisión extrema para protegerse, priorizando la integridad física frente a la amenaza inminente de las llamas.
Ante la imposibilidad de evacuar hacia zonas seguras o centros habilitados, la familia decidió permanecer en el terreno y buscar resguardo en un tanque australiano ubicado en una zona baja del predio. Este reservorio de agua, utilizado habitualmente para tareas rurales, se convirtió en el único refugio disponible para resistir el avance del fuego y el calor extremo.
Desde el interior del tanque, los integrantes de la familia observaron cómo el incendio consumía la vegetación circundante y se aproximaba peligrosamente a las construcciones. En uno de los momentos más críticos, las llamas alcanzaron la cabina de un camión estacionado en el lugar y llegaron a ubicarse a apenas diez metros de la vivienda principal.
“Yo estaba en el tanque y veía que el fuego estaba en mi casa. Eso es lo que más te pega, saber que podés perder todo”, relató Samara, describiendo la sensación de impotencia al presenciar la amenaza desde un espacio tan limitado. La familia permaneció allí durante toda la noche, soportando el humo y la tensión constante mientras el frente ígneo avanzaba de manera errática por la zona.
Una comunidad en alerta permanente
La situación en Rincón de Lobos no fue aislada. Otros vecinos del paraje y de sectores cercanos también enfrentaron momentos de extrema tensión, intentando proteger sus viviendas y animales con los recursos que tenían a mano. Muchos de ellos trabajaron durante horas con mangueras, baldes y herramientas improvisadas, mientras el fuego cambiaba de dirección impulsado por el viento.
En el caso de la familia Riquelme, la solidaridad vecinal fue determinante. A pesar del riesgo, varios vecinos se acercaron para colaborar en las tareas de extinción y enfriamiento de las estructuras más expuestas. Su intervención permitió frenar algunos focos que amenazaban con propagarse hacia la casa y las construcciones anexas.
“Por suerte llegaron y nos ayudaron a apagarlo, aunque todavía quedaron focos activos en los alrededores”, señaló Samara, destacando que el peligro no desapareció de inmediato y que la vigilancia continuó durante varias horas más.
El rol clave de los equipos de emergencia
Además del apoyo comunitario, el trabajo de los bomberos y brigadistas resultó fundamental para evitar una tragedia mayor. Los equipos desplegaron camiones y personal especializado en la zona, realizando maniobras intensivas para contener el fuego y enfriar las estructuras más comprometidas.
La coordinación entre los vecinos y los equipos de emergencia permitió salvar la vivienda principal y una cabaña secundaria ubicada en el mismo predio. Sin embargo, la magnitud del operativo tuvo consecuencias inevitables: el interior de ambas construcciones quedó completamente inundado debido a la gran cantidad de agua utilizada para sofocar las llamas y evitar la reignición.
“Estuvieron los bomberos y los brigadistas, hicieron un trabajo perfecto. Les agradezco de todo corazón porque estuvieron acá con los camiones, junto a mis vecinos”, expresó Samara, subrayando el esfuerzo realizado durante una noche marcada por el cansancio y la tensión constante.
Dificultades en los controles y reclamos vecinales
En medio de la emergencia, también surgieron dificultades logísticas que generaron malestar entre los pobladores. Samara denunció que en el puente de Salamín se establecieron controles policiales que impidieron el paso de vehículos particulares que transportaban insumos clave para combatir el fuego.
Según relató, familiares y amigos que intentaban llegar con motobombas y bidones de agua fueron detenidos en los retenes y no pudieron avanzar. “Mis tíos venían a ayudar con motobombas y no los dejaban pasar. No hubo forma de coordinarlo. Después se mandaron solos porque el fuego ya era muchísimo”, explicó.
Si bien reconoció la importancia de los controles para garantizar la seguridad, sostuvo que en situaciones de emergencia extrema debería existir mayor flexibilidad para permitir el ingreso de personas que cuentan con herramientas para colaborar. Esta falta de coordinación, señaló, generó demoras en un momento en el que cada minuto resultaba crucial.
Cuando el frente ígneo principal finalmente se alejó de la vivienda, la familia pudo salir del tanque y regresar a la casa para evaluar los daños. El panorama fue desolador, pero no trágico. A pesar de que el fuego estuvo a punto de consumirlo todo, las estructuras se mantuvieron en pie gracias al trabajo de defensa realizado durante la noche.
“Estaba todo lleno de agua, pero la verdad que se salvó”, afirmó Samara, con un alivio evidente. En el exterior de la vivienda quedaron muebles, electrodomésticos y pertenencias personales que los vecinos lograron sacar de manera preventiva mientras las llamas se acercaban. Muchos de ellos debieron retirarse apresuradamente para proteger a sus propios hijos del humo y el calor.
Para la familia Riquelme, el dato más importante es que no hubo víctimas fatales ni heridos graves. En medio de una catástrofe ambiental que dejó huellas profundas en la comunidad, la prioridad fue siempre preservar la vida. El incendio marcó un antes y un después en Rincón de Lobos, dejando al descubierto la vulnerabilidad de las zonas rurales frente al fuego y la importancia de la solidaridad en los momentos más críticos.



