¿Cómo incluir berenjenas en tus recetas?
Aunque desde el punto de vista botánico la berenjena es un fruto, en la cocina la tratamos como una verdura versátil y llena de posibilidades. Si bien su temporada natural se asocia al verano, hoy se consigue durante todo el año en mercados y verdulerías, lo que permite incorporarla a múltiples preparaciones sin depender del calendario. Su sabor suave, su textura carnosa y su capacidad para absorber aromas la convierten en un ingrediente ideal tanto para platos sencillos como para recetas más elaboradas.
La berenjena, conocida científicamente como Solanum melongena, pertenece a la misma familia que el tomate y el pimiento. Su popularidad en distintas gastronomías del mundo se debe no solo a su versatilidad, sino también a sus interesantes propiedades nutricionales.
¿Cuáles son los beneficios nutricionales de las berenjenas?
- Uno de los principales atractivos de este alimento es su bajo aporte calórico. Contiene alrededor de 20 calorías por cada 100 gramos, lo que la convierte en una excelente opción para quienes buscan controlar el peso sin resignar volumen en el plato. Gracias a su alto contenido de agua, superior al 90%, resulta liviana y contribuye a la hidratación diaria.
- También es rica en fibra, tanto soluble como insoluble. Este componente favorece el tránsito intestinal, ayuda a mantener una digestión saludable y prolonga la sensación de saciedad después de las comidas. Por eso, incluir berenjena en almuerzos o cenas puede colaborar con una alimentación equilibrada.
- Otro punto destacado es su contenido de antioxidantes, especialmente compuestos fenólicos presentes en su piel. Estas sustancias ayudan a proteger las células del daño oxidativo y forman parte de una dieta variada y colorida. Además, su bajo índice glucémico la hace adecuada para quienes buscan mantener estables los niveles de azúcar en sangre.
- En cuanto a minerales, aporta potasio, magnesio y calcio, fundamentales para la función muscular y nerviosa. También contiene vitaminas como la C, la K y algunas del grupo B, que participan en el metabolismo energético y en distintos procesos del organismo. Todo esto convierte a la berenjena en un ingrediente interesante desde el punto de vista nutricional, más allá de su sabor.
¿Cómo incluir berenjenas en tus recetas?
Para aprovechar al máximo sus cualidades, conviene tener en cuenta algunos consejos prácticos, desde la elección en el mercado hasta las distintas técnicas de cocción.
Cómo elegir las mejores. Al comprarlas, buscá ejemplares con piel lisa, brillante y firme al tacto. Si al presionarlas suavemente recuperan su forma, están frescas. Evitá aquellas que presenten arrugas, manchas oscuras o el tallo seco, señales de que ya llevan tiempo almacenadas.
Adiós al amargor. Aunque las variedades actuales suelen ser menos amargas que antes, todavía es útil aplicar el método tradicional de salado. Cortá la berenjena en rodajas o cubos, espolvoreá sal y dejá reposar entre 20 y 30 minutos. Luego enjuagá y secá bien antes de cocinar. Este paso también ayuda a que absorba menos aceite durante la cocción.
Suavizar con leche. Otra técnica consiste en sumergir las piezas en leche durante unos 20 minutos. Esto contribuye a obtener una textura más cremosa, ideal para frituras, rebozados o preparaciones como lasañas vegetales y pasteles.
Conservación adecuada. La berenjena es un producto perecedero, por lo que conviene consumirla pocos días después de la compra. Guardala en la heladera, preferentemente en el cajón de las verduras, y mantenela alejada de frutas que desprenden etileno, como bananas o tomates, ya que aceleran su maduración.
El corte según la receta. Si la vas a asar o cocinar a la parrilla, optá por rodajas gruesas. Para salteados rápidos, los cubos medianos funcionan mejor. Si querés rellenarlas, partilas por la mitad a lo largo y realizá cortes superficiales en la pulpa para facilitar la cocción.
Evitar la oxidación. Una vez cortada, la pulpa tiende a oscurecerse al contacto con el aire. Para retrasar este proceso, podés rociarla con unas gotas de limón. Esto no solo preserva el color, sino que aporta un leve toque ácido que realza su sabor.
El horno. Asar berenjenas potencia su sabor y transforma su textura en algo suave y casi untuoso. Podés cocinarlas enteras, en mitades o en rodajas, con un chorrito de aceite de oliva y especias. Una vez asadas, sirven como guarnición, base para purés o cremas, o como relleno para empanadas y tartas. También pueden mezclarse con arroz, quinoa u otras verduras para preparar platos completos.
A la plancha. Para lograr una superficie dorada y atractiva, comenzá con fuego fuerte para sellar y luego bajá la intensidad para que se cocinen por dentro sin quemarse. Este método es ideal para acompañar carnes, pescados o armar sándwiches vegetarianos.
Mantener la piel cuando convenga. La piel concentra buena parte de los antioxidantes y aporta textura. En preparaciones al horno, guisos o parrilla, dejarla mejora tanto el valor nutricional como la presentación final.
Evitar la congelación en crudo. Si se congela sin cocinar, su estructura cambia y se vuelve acuosa al descongelar. Si querés conservarla por más tiempo, lo mejor es cocinarla previamente al horno, al vapor o salteada, y luego guardarla en porciones.
Salteado rápido. Cocinar cubos pequeños a fuego alto durante pocos minutos permite obtener una berenjena dorada por fuera y tierna por dentro. Es una excelente base para woks, pastas o rellenos.
Como aperitivo. Puede utilizarse en tapas, pinchos y canapés. Una rodaja asada con queso, una pasta untable o pequeños rollos rellenos son opciones simples y sabrosas.
Especias y hierbas que combinan bien. La berenjena se adapta a múltiples perfiles de sabor. Pimentón, comino, curry, cúrcuma, pimienta negra o chile realzan su carácter. Entre las hierbas frescas, albahaca, tomillo, romero, orégano, perejil y cilantro funcionan de maravilla.
Gracias a su versatilidad y a sus cualidades nutricionales, la berenjena merece un lugar destacado en la cocina cotidiana. Con técnicas adecuadas y buenas combinaciones de sabor, puede transformarse en protagonista de platos saludables, creativos y llenos de textura.



