¿Cómo hacer la postura de la montaña?
Cuando se habla de yoga, muchas personas imaginan posturas complejas, torsiones imposibles o equilibrios reservados solo para cuerpos extremadamente flexibles. Esa percepción ha hecho que algunos lo vean como una disciplina inaccesible. Sin embargo, la realidad es muy distinta. La mayoría de las asanas —las posturas que componen la práctica— pueden adaptarse a diferentes niveles. No se trata de forzar el cuerpo, sino de conocer los propios límites y avanzar de manera progresiva.
De hecho, algunas de las posturas más importantes del yoga son también de las más sencillas en apariencia. No requieren acrobacias ni gran elasticidad, sino atención, alineación y conciencia respiratoria. Ese es el caso de tadasana, conocida como la postura de la montaña o el estiramiento hacia el cielo. Aunque pueda parecer simplemente “estar de pie”, es una asana fundamental, especialmente para quienes se inician.
¿Qué es tadasana?
Tadasana es una postura básica en muchas secuencias de yoga. Se considera una asana en sí misma, aunque también puede funcionar como contrapostura de otras más exigentes, como las inversiones. Por ejemplo, suele practicarse tras la postura sobre la cabeza (shirshasana) para reequilibrar el cuerpo.
Además, es habitual al comienzo del Saludo al sol (suryanamaskar), una secuencia clásica compuesta por doce movimientos encadenados. En este contexto, tadasana prepara el cuerpo, la respiración y la concentración para la práctica posterior. Actúa como punto de partida y de regreso, como una base estable desde la que iniciar el movimiento.
Aunque parezca estática, esta postura encierra un trabajo profundo de alineación corporal y atención mental. Es una invitación a conectar con la verticalidad, con la sensación de firmeza y arraigo, como si el cuerpo imitara la estabilidad de una montaña.
¿Cómo hacer la postura de la montaña?
Para realizar tadasana correctamente, no basta con ponerse de pie. La clave está en la conciencia de cada parte del cuerpo y en la coordinación con la respiración.
- Colócate de pie con los pies separados al ancho de las caderas. Distribuye el peso de manera uniforme entre ambos pies y siente cómo las plantas se apoyan firmemente en el suelo. Los brazos descansan relajados a los lados del cuerpo.
- Fija la mirada en un punto frente a ti, a la altura de los ojos. Este punto estable te ayudará a mantener el equilibrio y a concentrarte.
- Entrelaza los dedos de las manos a la altura del pubis e inicia una inspiración lenta y profunda. La respiración debe ser amplia, consciente y sin tensiones.
Estiramiento hacia el cielo
- Mientras inspiras, eleva los brazos por delante del cuerpo, girando las palmas hacia afuera. Si te resulta incómodo entrelazar los dedos, puedes subir los brazos paralelos, por los lados o por delante, sin entrelazarlos.
- Continúa el movimiento hasta que las manos queden por encima de la cabeza, con las palmas orientadas hacia el cielo. También puedes juntar las palmas si lo deseas, manteniendo los dedos extendidos.
- Asegúrate de que el cuerpo permanezca erguido. La coronilla debe dirigirse hacia arriba, como si un hilo invisible tirara suavemente de ella. La espalda se mantiene recta, el abdomen ligeramente activo y los hombros relajados.
- Eleva suavemente los talones, apoyándote en las puntas de los pies, y estira todo el cuerpo hacia arriba. La sensación es la de crecer en vertical, sin rigidez, pero con firmeza.
- Mantén la postura unos segundos, conteniendo suavemente la respiración si te resulta cómodo. Después, exhala lentamente, baja los talones al suelo y desciende los brazos de forma controlada hasta volver a la posición inicial.
El movimiento debe ser fluido y coordinado con la respiración. No se trata de permanecer el mayor tiempo posible, sino de sentir la alineación y la estabilidad.
¿Cuáles son los beneficios de esta postura de yoga?
Aunque es una postura sencilla, sus beneficios son numerosos cuando se practica con regularidad. La repetición constante permite que el cuerpo interiorice la correcta alineación y que la mente se habitúe a la concentración.
Desarrollo del equilibrio. Al trabajar la distribución del peso y, en la variante con talones elevados, la estabilidad sobre las puntas, se fortalece el sentido del equilibrio.
Estiramiento de la columna. La sensación de crecer hacia el cielo favorece la elongación de la columna vertebral y ayuda a liberar tensiones acumuladas.
Descongestión de los nervios espinales. Al alinear correctamente la espalda, se reduce la presión innecesaria sobre la zona lumbar y cervical.
Tonificación muscular. Aunque no lo parezca, mantener la postura activa implica trabajar piernas, abdomen, espalda y brazos.
Mejora de la circulación. El estiramiento global y la activación muscular favorecen el flujo sanguíneo.
Favorece la concentración. Al fijar la mirada y coordinar respiración y movimiento, se entrena la atención plena.
La importancia de la respiración y la conciencia
Uno de los aspectos más relevantes de tadasana es la respiración. Inspirar al elevar los brazos y exhalar al descenderlos ayuda a sincronizar cuerpo y mente. En la fase estática, la atención debe centrarse en el estiramiento suave y en la estabilidad.
También es importante evitar tensiones innecesarias. Los hombros no deben encogerse, la mandíbula permanece relajada y la respiración fluye sin bloqueos. Si elevar los talones resulta inestable, puede practicarse la postura manteniendo los pies completamente apoyados.
Tadasana enseña algo esencial: la postura correcta comienza desde los pies. Una buena alineación en esta asana se traslada al resto de la práctica y también a la vida cotidiana. Aprender a estar de pie con conciencia puede mejorar la postura habitual, reducir dolores de espalda y aumentar la sensación de estabilidad.
Lejos de ser una postura menor, la montaña representa firmeza, equilibrio y serenidad. Es un recordatorio de que, en yoga, la profundidad no siempre está en la complejidad, sino en la atención con la que se realiza cada gesto.



