Científicos descubren la enfermedad genética más antigua registrada en los humanos

Hace más de 12.000 años, en el sur de Italia, dos mujeres prehistóricas fueron enterradas juntas en una sepultura que hoy continúa despertando gran interés entre investigadores y arqueólogos. Sus restos fueron encontrados en el yacimiento paleolítico de Grotta del Romito, un sitio conocido por sus importantes hallazgos arqueológicos.

Desde su descubrimiento, los esqueletos llamaron la atención por una característica particular: ambas mujeres presentaban una estatura notablemente baja y algunas proporciones corporales poco comunes. Durante décadas, estos rasgos generaron distintas hipótesis sobre su origen. Sin embargo, los avances recientes en el estudio del ADN antiguo permitieron finalmente aclarar el misterio.

El análisis genético reveló que ambas padecían una enfermedad hereditaria poco frecuente llamada displasia acromesomélica tipo Maroteaux. Este descubrimiento convirtió a estos restos humanos en el registro más antiguo conocido de esta afección genética en la historia de la humanidad.

El hallazgo representa un avance importante para comprender cómo ciertas enfermedades han acompañado a los seres humanos desde tiempos remotos, incluso en comunidades prehistóricas.

Un hallazgo excepcional en Grotta del Romito

El sitio arqueológico de Grotta del Romito fue descubierto en 1963 y desde entonces ha sido objeto de numerosas investigaciones. Ubicado en la región de Calabria, este lugar se convirtió en uno de los yacimientos más relevantes del Paleolítico en Europa debido a la presencia de arte rupestre, restos humanos y evidencia de vida cotidiana de grupos cazadores-recolectores.

Entre los hallazgos más sorprendentes se encontraba una tumba doble en la que dos mujeres aparecían enterradas muy cerca una de la otra, en una posición que parecía representar un abrazo. Esta disposición resultó particularmente llamativa para los investigadores, ya que no era común encontrar enterramientos con este tipo de postura en contextos tan antiguos.

Los restos fueron identificados como Romito 1 y Romito 2. Estudios posteriores confirmaron que se trataba de madre e hija. Este parentesco aportó una nueva dimensión al descubrimiento, ya que permitió analizar cómo ciertas características físicas podían haber sido transmitidas dentro de una misma familia.

La joven, conocida como Romito 2, tenía una estatura aproximada de apenas 110 centímetros. Sus huesos mostraban un marcado acortamiento en los brazos y las piernas, una señal clara de un trastorno en el desarrollo óseo. A su lado, Romito 1 alcanzaba alrededor de 145 centímetros de altura, lo que también resultaba inferior al promedio estimado para las poblaciones de esa época.

Los estudios realizados sobre los esqueletos descartaron signos de lesiones traumáticas, fracturas o enfermedades infecciosas. Esto llevó a considerar que las diferencias físicas podían tener un origen genético.

El análisis del ADN antiguo

La clave para resolver el enigma llegó gracias a los avances en la investigación del ADN antiguo. Los científicos lograron extraer material genético de una zona del cráneo conocida como porción petrosa del hueso temporal. Esta parte del esqueleto es especialmente valiosa para este tipo de estudios porque tiende a conservar el ADN durante miles de años.

A partir de ese material genético, los investigadores analizaron varios genes vinculados al crecimiento y desarrollo del sistema óseo. Posteriormente compararon los resultados con bases de datos médicas modernas que contienen información sobre enfermedades genéticas raras.

El estudio permitió identificar una alteración en el gen NPR2, que cumple un papel fundamental en la regulación del crecimiento de los huesos. Las mutaciones en este gen están asociadas a la displasia acromesomélica tipo Maroteaux, un trastorno hereditario extremadamente poco frecuente.

Los resultados indicaron que la joven Romito 2 presentaba la mutación en homocigosis, lo que significa que heredó la variante genética alterada de ambos progenitores. Esta condición provoca un acortamiento severo de los huesos de las extremidades y limita significativamente el crecimiento corporal.

En cambio, su madre presentaba la mutación en heterocigosis. Esto quiere decir que era portadora de una sola copia del gen alterado. En estos casos, las personas pueden presentar algunas características físicas más leves, como una estatura menor a la media, sin desarrollar completamente la enfermedad.

Este descubrimiento permitió confirmar que la afección se transmitía de forma hereditaria dentro de esta familia prehistórica.

Una enfermedad rara con miles de años de historia

La displasia acromesomélica tipo Maroteaux es un trastorno genético extremadamente raro. Se caracteriza por afectar principalmente el crecimiento de los huesos de las manos, los pies, los antebrazos y las piernas. Las personas que padecen esta enfermedad suelen tener una estatura baja y proporciones corporales distintas al promedio.

En la actualidad se conocen muy pocos casos en todo el mundo, lo que hace que este hallazgo arqueológico resulte aún más extraordinario.

El descubrimiento demuestra que algunas enfermedades genéticas que hoy se consideran raras ya estaban presentes en poblaciones humanas que vivieron hace más de diez mil años. Esto sugiere que las mutaciones responsables de estos trastornos surgieron mucho antes de lo que se pensaba.

Además, la posibilidad de identificar variantes genéticas específicas en individuos tan antiguos abre nuevas puertas para la investigación histórica y médica.

Vida y cuidado en comunidades prehistóricas

Otro aspecto sorprendente de este hallazgo tiene que ver con la vida cotidiana de estas personas en el Paleolítico. Las características físicas de Romito 2 indican que debió enfrentar importantes limitaciones para moverse y realizar ciertas actividades.

A pesar de ello, los estudios sugieren que la joven logró sobrevivir durante varios años, posiblemente hasta la adolescencia o incluso la adultez temprana. En un entorno prehistórico donde la subsistencia dependía de la caza, la recolección y el desplazamiento constante, esta supervivencia sugiere que recibió apoyo de su comunidad.

Este detalle ofrece una visión diferente sobre las sociedades humanas antiguas. Lejos de ser grupos centrados únicamente en la supervivencia individual, estas comunidades también podían mostrar comportamientos solidarios y cuidar de quienes tenían mayores dificultades físicas.

La forma en que ambas mujeres fueron enterradas también refuerza esta idea. El gesto del abrazo parece reflejar un vínculo afectivo importante, además de un ritual funerario cargado de significado.

Avances científicos para comprender el pasado

El estudio de los restos de Grotta del Romito demuestra cómo la combinación de arqueología, genética y tecnología moderna puede revelar aspectos sorprendentes del pasado humano.

Las técnicas actuales permiten reconstruir relaciones familiares, identificar enfermedades hereditarias e incluso comprender cómo se transmitían ciertos rasgos dentro de comunidades antiguas.

Este tipo de investigaciones también ayuda a entender mejor la evolución de las enfermedades genéticas y su presencia a lo largo de la historia. Conocer cuándo aparecieron determinadas mutaciones y cómo se difundieron entre distintas poblaciones puede aportar información valiosa para la medicina actual.

Además, el desarrollo de la paleogenómica —la disciplina que estudia el ADN de organismos antiguos— está transformando la forma en que los científicos interpretan la historia humana.

Gracias a estos avances, cada nuevo hallazgo arqueológico puede ofrecer datos inesperados sobre la vida, la salud y las relaciones sociales de nuestros antepasados.

El caso de las mujeres de Grotta del Romito es un ejemplo claro de cómo un descubrimiento ocurrido hace décadas puede adquirir un significado completamente nuevo gracias a las herramientas científicas del presente. Hoy, más de 12.000 años después de su muerte, sus restos siguen aportando información valiosa sobre la historia genética de la humanidad.