El quebrantahuesos, el ave rapaz más grande de Europa, vuelve a los Alpes suizos tras un siglo

El quebrantahuesos, considerado el ave rapaz más grande de Europa, vuelve a ocupar poco a poco los Alpes después de haber desaparecido de esta región a comienzos del siglo XX. Su recuperación es uno de los ejemplos más destacados de conservación de fauna en Europa, aunque el regreso de la especie todavía plantea importantes desafíos. En los Prealpes suizos, encontrar sus nidos se ha convertido en una tarea fundamental para proteger a las parejas reproductoras, mientras que distintos programas continúan trabajando en la liberación de ejemplares jóvenes.

El objetivo no es solamente saber dónde viven estas aves. Localizar los lugares de nidificación permite reducir las molestias durante una etapa especialmente delicada del ciclo reproductivo, que se extiende aproximadamente entre diciembre y junio. En este período, cualquier perturbación puede provocar que los adultos abandonen temporalmente el nido y dejen expuestos los huevos o los polluelos.

Buscar un nido de quebrantahuesos entre los acantilados

En la sierra de Vaud, en el oeste de Suiza, las patrullas destinadas a encontrar nidos deben enfrentarse a un terreno complicado y a una especie que utiliza su entorno de una manera extraordinariamente discreta. Los quebrantahuesos suelen instalar sus refugios en paredes rocosas, cavidades y repisas de difícil acceso, por lo que localizar un nido desde tierra puede convertirse en una tarea muy exigente.

Cuando aparece un indicio de nidificación, la información puede utilizarse para alertar a los actores locales y reducir determinadas actividades en las proximidades. Entre los riesgos se encuentran los vuelos de helicópteros, la presencia de parapentistas y algunos trabajos forestales que pueden generar ruido o movimiento cerca de las zonas utilizadas por las aves.

Durante una de las jornadas de búsqueda, una cavidad situada en una pared rocosa llamó especialmente la atención. Desde varios kilómetros de distancia parecía posible distinguir ramas y un rastro amarillento en el interior. Sin embargo, unas horas después, cuando la iluminación cambió y el sol alcanzó directamente la zona, quedó claro que lo que parecían ramas eran en realidad piedras. El posible nido terminó siendo una ilusión provocada por la distancia y las condiciones de luz.

La experiencia demuestra hasta qué punto puede resultar complicado encontrar una zona de reproducción. Aunque un quebrantahuesos adulto puede ser relativamente fácil de observar mientras sobrevuela una montaña, localizar exactamente el lugar donde anida es otra historia.

Una especie que protege sus nidos con extremo sigilo

El comportamiento del quebrantahuesos ayuda a explicar esta dificultad. Los adultos pueden recorrer durante años determinadas paredes montañosas sin revelar la ubicación exacta de su refugio. Incluso cuando se los observa volando repetidamente por una misma zona, el nido puede encontrarse en otra cara del acantilado, oculto detrás de una formación rocosa.

Esta estrategia es especialmente importante durante la reproducción. Los huevos y las crías son vulnerables a diferentes amenazas, por lo que reducir las señales que puedan conducir hasta el nido forma parte de la supervivencia de la especie.

Los ejemplares adultos prácticamente no tienen depredadores directos, pero los individuos jóvenes sí pueden enfrentarse a determinados peligros. El cuervo común, por ejemplo, también utiliza los acantilados y puede aprovechar una ausencia de los progenitores para acercarse al lugar de cría.

Por ese motivo, las campañas de observación en el cantón de Vaud continuarán durante la primavera. Allí se sospecha desde hace años que algunas parejas podrían estar intentando reproducirse, pero todavía se busca confirmar oficialmente la existencia de un nido.

El impacto de la actividad humana en la reproducción

La recuperación del quebrantahuesos no depende únicamente de la reintroducción de ejemplares. También es necesario garantizar que las parejas puedan reproducirse sin sufrir perturbaciones constantes. En algunas zonas de Suiza, la presión humana representa un problema especialmente importante.

La diferencia es visible entre regiones con mayor densidad de población y otras áreas más tranquilas. En los Grisones, en el este del país, la menor presencia humana proporciona condiciones más favorables para las aves. En cambio, en determinadas zonas de la Suiza francófona, las interrupciones durante la incubación pueden aumentar las posibilidades de fracaso reproductivo.

La fotografía y la grabación de imágenes también requieren especial cuidado. Acercarse demasiado a un nido para conseguir una fotografía puede tener consecuencias negativas, aunque la intención sea simplemente observar o documentar a la especie. En Ticino, por ejemplo, un primer intento de nidificación llegó a fracasar después de que fotógrafos permanecieran aproximadamente a 40 metros del nido durante el período de incubación.

Para reducir este tipo de situaciones, la Fundación del Quebrantahuesos recomienda mantener una distancia mínima de 500 metros respecto de un nido ocupado. La medida busca evitar que los adultos se sientan amenazados y abandonen temporalmente la zona de cría.

De la desaparición a la recuperación en los Alpes

El regreso del quebrantahuesos a los Alpes es resultado de un extenso programa internacional de reintroducción. La especie había desaparecido prácticamente de todo el arco alpino a comienzos del siglo XX, pero décadas después comenzaron los esfuerzos destinados a recuperar sus poblaciones.

El proyecto internacional de reintroducción comenzó durante la década de 1980 y Suiza se incorporó al programa en 1991. Desde entonces, la liberación de ejemplares jóvenes criados bajo programas de conservación permitió establecer nuevas poblaciones y favorecer la formación de parejas reproductoras.

Actualmente se contabilizan 98 territorios ocupados por parejas reproductoras en los Alpes, de los cuales 35 se encuentran en Suiza. Estas cifras representan un importante avance respecto de la situación de hace un siglo, aunque la especie todavía necesita medidas de protección para consolidar su presencia.

La liberación de un joven quebrantahuesos en Glaris

La recuperación también continúa mediante el rescate y posterior regreso a la naturaleza de ejemplares que sufren problemas. Uno de los casos recientes tuvo como protagonista a un joven macho llamado Lepontino II, liberado en Linthal, en el cantón de Glaris.

El ave había sido capturada el 1 de abril después de aparecer muy debilitada y con graves problemas de equilibrio y coordinación. Fue trasladada al hospital veterinario de Zúrich, donde se detectaron niveles elevados de plomo en su sangre. Aunque esta circunstancia no explicaba por sí sola todo su estado, se consideró que podía haber reducido su capacidad de reacción y contribuido a una posible colisión que le provocara un traumatismo craneal.

Tras recibir cuidados en la estación de fauna silvestre del parque natural y zoológico de Goldau, en el cantón de Schwyz, el quebrantahuesos consiguió recuperarse y regresar a su hábitat natural.

Un símbolo de la recuperación de la fauna europea

El regreso del quebrantahuesos demuestra que la conservación a largo plazo puede cambiar el destino de una especie que parecía perdida en determinadas regiones. Sin embargo, mantener esta recuperación requiere mucho más que liberar ejemplares. Es necesario proteger los lugares de reproducción, limitar las perturbaciones humanas y conservar los espacios naturales donde estas aves encuentran alimento y refugio.

El quebrantahuesos posee además una característica que lo diferencia de muchas otras aves rapaces: su dieta está compuesta principalmente por huesos. Su anatomía y comportamiento le permiten aprovechar restos que otros animales no pueden consumir. En condiciones naturales, las parejas suelen sacar adelante una sola cría por año, lo que hace que cada nacimiento tenga una importancia especial para el crecimiento de la población.

La historia de esta ave rapaz muestra, en definitiva, cómo una especie desaparecida de los Alpes puede volver a formar parte del paisaje. Después de un siglo de ausencia, los quebrantahuesos vuelven a sobrevolar las montañas suizas, mientras los esfuerzos de conservación buscan garantizar que sus nidos permanezcan protegidos y que las nuevas generaciones puedan consolidar definitivamente su regreso.