6 ciudades europeas poco conocidas que merecen ser visitadas

Europa es mucho más que sus grandes capitales. Aunque París, Roma, Lisboa, Londres o Ámsterdam concentran buena parte de los monumentos y atractivos turísticos más famosos del continente, existen muchas otras ciudades europeas poco conocidas que permiten descubrir una historia igualmente fascinante y, en algunos casos, disfrutar de una experiencia mucho más tranquila. A pocas decenas o cientos de kilómetros de los destinos más visitados aparecen lugares capaces de sorprender incluso a los viajeros más experimentados.

Son ciudades con centros históricos perfectamente conservados, antiguas fortalezas, catedrales, puertos, termas y paisajes naturales que todavía permanecen alejados de las grandes multitudes. Algunas fueron protagonistas de acontecimientos que cambiaron el rumbo de Europa, mientras que otras están relacionadas con personajes célebres, tradiciones singulares o incluso con algunas de las películas más conocidas de las últimas décadas. Görlitz, Senlis, Lewes, Viterbo, Palmela y Dordrecht son seis destinos que permiten descubrir una Europa diferente, lejos de las rutas turísticas más habituales.

GÖRLITZ (ALEMANIA)

Situada en el extremo más oriental de Alemania, a orillas del río Neisse y junto a la frontera con Polonia, Görlitz es una de las ciudades históricas más interesantes y menos conocidas del país. Su centro urbano conserva más de 4.000 estructuras históricas que abarcan desde la Edad Media hasta nuestros días, ya que la localidad salió prácticamente indemne de la Segunda Guerra Mundial. El resultado es un extraordinario mosaico arquitectónico en el que conviven construcciones góticas, renacentistas, barrocas, modernistas e historicistas.

La posición fronteriza de Görlitz ha marcado profundamente su historia. Basta con cruzar uno de los puentes sobre el río Neisse para llegar a Zgorzelec, en Polonia, lo que permite pasar de un país a otro en apenas unos minutos. Durante siglos, la ciudad alemana fue también un importante centro comercial y textil, especialmente gracias al comercio del índigo procedente de las Indias, utilizado para producir tintes azules. El tránsito de comerciantes y viajeros contribuyó a convertirla en una próspera ciudad donde confluyeron diferentes influencias religiosas, culturales y económicas.

Entre los lugares que merece la pena conocer se encuentra Schönhof, considerada la casa renacentista más antigua de Alemania y sede del Museo Silesio. También destaca la Plaza del Mercado, uno de los espacios más representativos del casco antiguo, donde se encuentran el Ayuntamiento, su torre y un llamativo reloj astronómico. Caminar por las calles históricas permite descubrir además numerosas fachadas ornamentadas, plazas y edificios que explican por qué Görlitz posee una de las mayores concentraciones de patrimonio histórico del país.

Pero Görlitz cuenta con un atractivo adicional que la ha convertido en un destino especialmente curioso para los amantes del cine. Desde la década de 1950, la ciudad ha acogido el rodaje de más de 100 producciones cinematográficas y por ello recibió el apodo de “Görliwood”. Sus calles aparecen en películas como Malditos bastardos, de Quentin Tarantino, El lector, protagonizada por Kate Winslet, y El gran hotel Budapest, de Wes Anderson. Para descubrir esta faceta existe incluso el Paseo de Görliwood, una ruta a pie que permite recorrer algunas de las principales localizaciones cinematográficas.

SENLIS (FRANCIA)

A poca distancia de París se encuentra Senlis, una ciudad cuyo pasado se remonta a la época romana y que constituye una de las escapadas más interesantes para quienes desean descubrir la historia francesa lejos de la capital. En los primeros tiempos del Imperio Romano fue conocida como Augustomagus y posteriormente como Civitas Silvanectium. Durante el siglo III, ante las incursiones de los francos, se construyó una muralla de unos siete metros de altura, de la que todavía quedan importantes vestigios. También se conservan restos de su antiguo anfiteatro romano, un recinto con capacidad para unas 10.000 personas.

Aquel anfiteatro fue utilizado para actividades muy diversas, desde reuniones públicas y representaciones teatrales hasta combates de gladiadores y espectáculos de caza de animales. Sin embargo, la historia de Senlis adquirió una dimensión todavía mayor durante la Edad Media. El rey carolingio Luis V falleció después de caer de su caballo en el bosque de Senlis, y posteriormente Hugo Capeto fue aclamado por la asamblea reunida en la ciudad antes de ser coronado rey. Desde entonces, Senlis se convirtió en una ciudad real y mantuvo una estrecha relación con la monarquía francesa durante siglos.

Los reyes de Francia tuvieron aquí una de sus residencias predilectas, atraídos especialmente por la proximidad de los bosques de Chantilly y las posibilidades que ofrecían para la caza. Aquella presencia dejó importantes monumentos, entre ellos la Abadía de San Vicente y la capilla real de San Framburgo. Esta última fue construida por iniciativa de la esposa de Hugo Capeto y destaca por su cripta del siglo X, su nave gótica y sus vidrieras diseñadas por Joan Miró. La catedral de Notre-Dame es otro de los grandes símbolos de Senlis y permite observar la evolución de la arquitectura gótica a través de sus diferentes etapas.

El casco antiguo que rodea la catedral completa la experiencia. La fachada principal del templo pertenece al siglo XII, mientras que otras partes fueron transformadas durante los siglos posteriores, incluida la fachada de crucetas del siglo XVI. Su aguja gótica alcanza los 78 metros y se eleva sobre un conjunto de calles estrechas, palacetes de los siglos XVII y XVIII y antiguas mansiones. Incluso los nombres de muchas calles recuerdan los oficios que se practicaban en la ciudad durante la época medieval, convirtiendo un simple paseo por Senlis en un auténtico recorrido por la historia de Francia.

LEWES (INGLATERRA)

En el sur de Inglaterra, rodeada por las colinas de los South Downs, Lewes combina historia, naturaleza, arquitectura y una animada cultura local. La ciudad es conocida por sus calles medievales, sus comercios independientes y sus edificios georgianos, pero su principal símbolo es el castillo normando. La fortaleza comenzó a construirse en 1069 y permite conocer mejor el periodo posterior a la conquista normanda de Inglaterra. Desde sus partes elevadas se obtienen además amplias vistas de Lewes y del paisaje de Sussex.

Junto al castillo se encuentra Barbican House Museum, donde se conservan objetos arqueológicos y materiales relacionados con la historia de Sussex. Otro edificio destacado es la Casa de Ana de Cléveris, una vivienda con entramado de madera del siglo XV convertida actualmente en museo. En su interior pueden observarse diferentes espacios de estilo Tudor, como un salón, una cocina y un dormitorio con cama de dosel, además de diversos objetos históricos. La casa fue entregada a Ana de Cléveris tras la anulación de su matrimonio con Enrique VIII, aunque la reina nunca llegó a visitarla.

Lewes también desempeñó un papel importante en la evolución política de Inglaterra. En 1264 tuvo lugar la Batalla de Lewes y posteriormente se estableció el Mise de Lewes, un acuerdo que limitó el poder del rey y que se considera un antecedente significativo del desarrollo de la democracia parlamentaria inglesa. Siglos después, la ciudad estuvo vinculada con otro personaje fundamental de la historia política occidental: Thomas Paine. Antes de viajar a América y convertirse en uno de los pensadores políticos más influyentes de su época, Paine trabajó en Lewes como inspector de impuestos, puesto del que fue despedido después de ausentarse de su trabajo.

La tradición más llamativa de Lewes llega cada 5 de noviembre, cuando la ciudad se convierte en escenario de una de las celebraciones de hogueras más famosas del mundo. Alrededor de 30.000 personas se reúnen para contemplar el desfile de las sociedades del fuego de todo Sussex, que recorren las calles con antorchas y grandes efigies políticas antes de llegar a los lugares donde se encienden las hogueras. La jornada termina con fuegos artificiales y recuerda la conspiración de la pólvora de 1605, aunque también mantiene viva la memoria de los 17 mártires protestantes ejecutados durante las persecuciones marianas. Es una tradición que convierte a Lewes en una ciudad especialmente singular dentro de Inglaterra.

VITERBO (ITALIA)

Conocida históricamente como la Ciudad de los Papas, Viterbo es uno de los destinos menos conocidos de Italia que más pueden sorprender a quienes buscan patrimonio histórico. Situada en la región del Lacio, la ciudad reúne vestigios de la civilización etrusca, un extraordinario centro medieval y numerosos manantiales de aguas termales. Durante el siglo XIII fue elegida como residencia de los papas y llegó a convertirse en uno de los principales centros políticos y religiosos de Europa. Su importancia histórica todavía puede apreciarse en el estado de conservación de su casco antiguo.

Viterbo está especialmente relacionada con el origen del concepto de cónclave. La elección del sucesor del papa Clemente IV llegó a prolongarse durante casi tres años, hasta que se decidió encerrar a los cardenales para acelerar su decisión. Las condiciones llegaron a endurecerse hasta el punto de retirar parte de la cubierta del edificio en el que estaban reunidos. El episodio terminó dando origen a una práctica que continúa formando parte de la elección de los papas. El Palacio de los Papas, situado en la plaza San Lorenzo, fue residencia papal entre 1257 y 1281 y conserva una impresionante arquitectura gótica, además de su característica logia de las bendiciones.

El patrimonio medieval de Viterbo se extiende mucho más allá de este palacio. El barrio de San Pellegrino es uno de los mejores ejemplos de arquitectura medieval conservada en Italia, con estrechas calles de piedra, casas antiguas, escaleras y pasadizos que mantienen una atmósfera histórica muy particular. También destacan la catedral románica de San Lorenzo, el Palacio de los Priores, el Palacio del Podestà y las construcciones aristocráticas de la piazza del Plebiscito. Todo ello convierte a Viterbo en una alternativa especialmente atractiva frente a las grandes ciudades turísticas italianas.

A su patrimonio histórico se suma otro de sus grandes atractivos: las aguas termales. En los alrededores existen varios manantiales donde es posible disfrutar de aguas calientes en entornos naturales, mientras que las Termas de los Papas constituyen el complejo termal más conocido de la ciudad. También destaca el manantial de Bullicame, mencionado por Dante en el Infierno, cuyas aguas brotan de un pequeño cráter natural. Si la visita coincide con principios de septiembre, además, es posible presenciar la Macchina di Santa Rosa, una enorme estructura iluminada que es transportada por las calles por los vecinos de Viterbo. La celebración está reconocida por la Unesco y constituye una de las tradiciones más impresionantes de la ciudad.

PALMELA (PORTUGAL)

Situada en las estribaciones de la Sierra de Arrábida, Palmela es una de las ciudades portuguesas que mejor combinan patrimonio, historia y naturaleza. Su ubicación estratégica, sobre una elevación desde la que se domina una amplia región entre los ríos Sado y Tajo, hizo que diferentes pueblos se interesaran por este territorio a lo largo de los siglos. Según la tradición, el nombre de Palmela estaría relacionado con la época romana y con un pretor llamado Palma. Más tarde, los árabes construyeron y desarrollaron el castillo que todavía domina la ciudad desde su posición elevada.

Palmela fue reconquistada por las fuerzas portuguesas dirigidas por el primer rey de Portugal, don Afonso Henriques, con la colaboración de los Caballeros de la Orden de Santiago de Espada. Como recompensa, la orden recibió estas tierras para favorecer su poblamiento y defensa. En 1172, los frailes guerreros fundaron el convento de Santiago en el interior de las murallas. Durante el siglo XV, don João I impulsó nuevas obras y ordenó la construcción del convento que posteriormente se convertiría en sede de la Orden de Santiago a partir de 1443. Los religiosos permanecieron allí hasta la extinción de las órdenes religiosas en Portugal en 1834.

Después de un periodo de abandono, el conjunto fue recuperado por el Estado en 1945 y transformado en una Pousada de Portugal. Dentro del recinto también se encuentra la Iglesia de Santiago, construida en 1483 y perteneciente al gótico tardío. Su interior conserva lápidas relacionadas con personajes históricos como don Diogo de Gouveia, humanista, prior del convento y rector de la Universidad de París, y don Jorge de Lancaster, duque de Coimbra. Las antiguas celdas de los frailes fueron transformadas en habitaciones de la Pousada, lo que permite alojarse en un espacio cargado de historia.

Las vistas son otro de los grandes atractivos de Palmela. Desde el castillo y las zonas elevadas pueden contemplarse la Sierra de Arrábida, el estuario del Sado y, cuando las condiciones meteorológicas lo permiten, la Sierra de Sintra. El entorno ofrece además numerosas posibilidades para disfrutar de la naturaleza, desde rutas de senderismo y bicicleta hasta paseos por el río Sado, excursiones en piragua y actividades de avistamiento de delfines en el estuario. Por su cercanía con Lisboa, Palmela es también una escapada ideal para quienes quieren combinar una visita a la capital portuguesa con un destino histórico mucho más tranquilo.

DORDRECHT (PAÍSES BAJOS)

Con derechos municipales desde 1220, Dordrecht es considerada la ciudad más antigua de Holanda y uno de los destinos históricos más interesantes de los Países Bajos. Su desarrollo estuvo estrechamente ligado a los ríos que la rodean y a las rutas comerciales medievales. Durante su época de mayor esplendor llegó a rivalizar con ciudades como Brujas gracias al comercio hanseático. Su ubicación convirtió a Dordrecht en un importante centro económico y comercial, una condición que dejó una profunda huella en su arquitectura y en su identidad.

La ciudad también tuvo un papel destacado en la historia política de los Países Bajos. En 1572, representantes de las siete provincias se reunieron en el Hof van Nederland bajo el liderazgo de Guillermo de Orange y reavivaron la rebelión contra el rey de España. Aquella reunión fue uno de los episodios fundamentales del proceso que terminaría dando forma a los Países Bajos modernos. Dordrecht también conserva una curiosa leyenda relacionada con sus habitantes, conocidos como schapekoppen, o “cabezas de oveja”. Según la historia popular, algunos vecinos se disfrazaron de ovejas para intentar evitar un impuesto sobre el ganado.

Actualmente, el centro histórico de Dordrecht reúne más de 1.000 monumentos y ofrece una interesante combinación de museos, galerías, restaurantes, tiendas y edificios históricos. Uno de sus principales símbolos es la Grote Kerk, una iglesia gótica del siglo XIV cuya torre alcanza unos 65 metros. En su interior destacan el coro de madera, las vidrieras y uno de los carillones más grandes de los Países Bajos. Junto al agua se encuentra además Wolwevershaven, uno de los puertos más bellos de la ciudad, rodeado de antiguos almacenes y edificios monumentales donde todavía suelen atracar embarcaciones históricas.

Dordrecht tiene también una importante relación con la pintura neerlandesa. Aelbert Cuyp, uno de los grandes paisajistas del siglo XVII, nació aquí en 1620 en una familia de artistas y pasó prácticamente toda su vida en la ciudad. Muchas de sus obras están inspiradas en los paisajes fluviales que rodean Dordrecht. El Dordrechts Museum, fundado en 1842, conserva una importante colección de pintura neerlandesa que abarca desde el siglo XVI hasta la época moderna, con obras de Cuyp y Ferdinand Bol. A poca distancia se encuentra además Kinderdijk, donde 19 molinos de viento forman uno de los conjuntos más completos de los Países Bajos y un paisaje declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

 


Descubrir ciudades europeas poco conocidas permite comprobar que viajar por Europa no consiste únicamente en visitar sus grandes capitales. Lejos de las rutas más concurridas aparecen centros históricos extraordinariamente conservados, fortalezas, catedrales, puertos, termas, paisajes naturales y tradiciones que cuentan historias capaces de rivalizar con las de los destinos más famosos. Para quienes buscan viajes diferentes, menos masificados y con una fuerte personalidad local, estas ciudades representan una excelente oportunidad para ampliar cualquier itinerario europeo y descubrir lugares que todavía conservan buena parte de su esencia.