Un bloque de hielo del tamaño de Manhattan genera preocupación al desprenderse de un glaciar en Groenlandia

Un enorme bloque de hielo de 76 kilómetros cuadrados, una superficie comparable a la de Manhattan, se desprendió del glaciar Petermann, ubicado en el noroeste de Groenlandia, el 4 de agosto de 2026. El fenómeno fue registrado por la misión europea Copernicus Sentinel-1 y representa la mayor pérdida de hielo flotante de este glaciar desde 2012.

El desprendimiento, conocido como calving, dio origen a una enorme isla de hielo que puede alcanzar hasta 150 metros de espesor. El acontecimiento también se convirtió en uno de los desprendimientos de mayor magnitud registrados en el Ártico en los últimos años y volvió a poner el foco sobre la estabilidad de los glaciares de Groenlandia y sus posibles consecuencias para el nivel global del mar.

El bloque no apareció de manera repentina. Durante años se habían observado fracturas que avanzaban sobre la lengua de hielo flotante del glaciar Petermann. Las imágenes y mediciones obtenidas durante los meses previos mostraron que esas grietas se estaban expandiendo hasta generar las condiciones para una ruptura de gran escala.

El glaciar Petermann y la importancia de su lengua de hielo

El glaciar Petermann es uno de los grandes glaciares del noroeste de Groenlandia. Una parte de su estructura se extiende sobre el océano y forma una lengua de hielo flotante que cumple una función importante dentro del sistema glaciar.

Esta plataforma funciona como una especie de freno natural para el hielo que permanece sobre tierra. Cuando la lengua flotante pierde superficie o se debilita, el hielo terrestre puede avanzar con mayor rapidez hacia el océano. Ese proceso es especialmente relevante porque, a diferencia del hielo que ya se encuentra flotando, el desplazamiento de hielo terrestre hacia el mar contribuye al aumento del nivel del mar.

El desprendimiento de agosto no significa que todo el hielo que se separó vaya a provocar directamente una subida significativa del nivel del mar. El bloque ya estaba flotando en el océano, por lo que su pérdida inmediata tiene un efecto limitado sobre el nivel del agua. La preocupación se concentra en lo que pueda suceder después con el glaciar y con el hielo que permanece sobre tierra.

La cuenca asociada al Petermann contiene una enorme cantidad de hielo terrestre y, en un escenario de pérdida completa a muy largo plazo, su contribución potencial al aumento global del nivel del mar sería considerable. Por eso, el estado de la lengua flotante y la evolución de sus fracturas son aspectos fundamentales para comprender el futuro del glaciar.

Años de fracturas antes del gran desprendimiento

El enorme bloque de hielo que se desprendió en agosto fue el resultado de un proceso que llevaba años desarrollándose. Las fracturas dentro de la lengua flotante habían sido observadas y monitoreadas mediante diferentes sistemas de medición.

Durante abril de 2026, las observaciones realizadas mediante interferometría mostraron deformaciones y grietas en distintos sectores de la plataforma. En los días previos al desprendimiento, el deterioro se aceleró notablemente.

Las imágenes de radar obtenidas el 3 de agosto mostraron una alteración pronunciada en la zona central de la lengua de hielo. Apenas 24 horas después, el enorme bloque se había separado del flanco oriental del glaciar.

La secuencia permitió observar prácticamente en tiempo real cómo las grietas avanzaban hasta completar la ruptura. El episodio demuestra que las plataformas de hielo pueden experimentar cambios muy rápidos después de largos períodos de estabilidad relativa.

Además, el desprendimiento podría no ser el último de gran magnitud en Petermann. Existen otras fracturas que continúan avanzando y podrían generar nuevos desprendimientos durante los próximos meses.

Cómo los satélites permiten vigilar el hielo del Ártico

El seguimiento del glaciar Petermann es posible en gran medida gracias a la tecnología satelital. La misión Copernicus Sentinel-1 utiliza radares capaces de obtener información de la superficie terrestre tanto durante el día como durante la noche y, a diferencia de los sistemas ópticos, pueden operar incluso cuando hay nubes.

Esta característica resulta especialmente importante en Groenlandia, donde las condiciones meteorológicas pueden dificultar las observaciones convencionales. El radar de apertura sintética permite obtener imágenes detalladas y detectar cambios en la superficie del hielo.

Durante el período previo al desprendimiento se utilizaron observaciones de alta frecuencia de los satélites Sentinel-1C y Sentinel-1D. La disponibilidad de imágenes con una repetición cercana a la diaria permitió seguir la propagación de las grietas y detectar modificaciones en la estructura de la lengua flotante.

La interferometría también permitió identificar movimientos muy pequeños en el hielo. Al comparar diferentes imágenes de radar, esta técnica puede revelar deformaciones que no siempre resultan visibles en una fotografía convencional.

El monitoreo satelital será fundamental durante los próximos meses para determinar cómo evoluciona el bloque desprendido y qué sucede con las zonas debilitadas del glaciar.

Nuevos desprendimientos y riesgos para la navegación

El gran bloque de 76 km² que se separó del glaciar Petermann podría no ser el último. Dos sectores adicionales de hielo, estimados en aproximadamente 97 y 87 km², presentan fracturas que podrían terminar provocando nuevos desprendimientos. Si se separaran por completo, ambos bloques serían incluso mayores que el que se desprendió en agosto.

Estas enormes masas de hielo también plantean desafíos para la navegación en el Ártico. El bloque desprendido puede permanecer durante años en el océano, desplazándose con las corrientes y fragmentándose progresivamente en piezas más pequeñas.

Por ese motivo, su trayectoria es monitoreada para evaluar posibles riesgos para las rutas marítimas y las infraestructuras ubicadas en la región. Los fragmentos más pequeños pueden resultar especialmente difíciles de detectar y seguir una vez que se dispersan por el océano.

El seguimiento del Petermann continuará mediante imágenes satelitales, observaciones aéreas y sistemas de rastreo. El objetivo será conocer cómo se comporta la nueva isla de hielo, determinar si se producen nuevos desprendimientos y comprender cómo estos cambios afectan la dinámica del glaciar.

El desprendimiento del bloque de hielo del tamaño de Manhattan es, así, mucho más que un espectacular fenómeno ocurrido en Groenlandia. Es también una oportunidad para observar de cerca la transformación de uno de los grandes sistemas glaciares del planeta y evaluar cómo la pérdida de hielo flotante puede modificar, a largo plazo, el comportamiento del hielo terrestre y contribuir al aumento del nivel del mar.