Virus Cicada: qué se sabe de la nueva subvariante y qué riesgo representa
La detección de una nueva subvariante del Covid-19 en Argentina volvió a poner la atención sobre la evolución del virus y los mecanismos utilizados para vigilar sus distintas variantes. Se trata del linaje BA.3.2 de Ómicron, conocido popularmente como “virus Cicada”, que recientemente fue identificado en el país y que continúa bajo seguimiento de los organismos sanitarios internacionales.
Aunque su aparición generó interés por las características genéticas que presenta, los datos disponibles hasta el momento no indican que BA.3.2 represente un riesgo sanitario sustancialmente mayor que otros linajes descendientes de Ómicron. De hecho, la información oficial señala que la principal característica que despierta interés es su capacidad de evadir parcialmente la inmunidad previa, mientras que no se ha demostrado un incremento de la gravedad de la enfermedad.
El nombre “Cicada” tiene un origen curioso. La palabra hace referencia a la cigarra, un insecto conocido por el sonido repetitivo y característico que produce durante los meses cálidos. La denominación comenzó a utilizarse de manera informal para identificar a este linaje debido a que apareció en los sistemas de vigilancia, posteriormente redujo su presencia y tiempo después volvió a ser detectado en diferentes regiones.
El linaje BA.3.2 fue identificado originalmente en Sudáfrica en noviembre de 2024 y posteriormente fue clasificado como Variante Bajo Monitoreo (VUM). Se trata de un descendiente de la variante Ómicron BA.3 y, desde su primera detección, los especialistas comenzaron a estudiar sus características y su comportamiento en distintos países.
En Argentina, los primeros registros oficiales mencionados en el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) corresponden a tres casos detectados en la provincia de Buenos Aires. Según la información difundida, se trata de un adulto y dos adultos mayores. Uno de los pacientes se encontraba internado y presentaba comorbilidades, aunque estos datos por sí solos no permiten atribuir una evolución clínica determinada exclusivamente a la nueva subvariante.
La principal preocupación científica alrededor de BA.3.2 está relacionada con el denominado escape inmunológico. En términos sencillos, significa que algunos cambios presentes en el virus pueden reducir la capacidad de determinados anticuerpos para reconocerlo y neutralizarlo en comparación con otras variantes.
El BEN explica esta característica de la siguiente manera:
“Se ha observado un marcado escape inmunológico, cuyo riesgo se considera moderado, con títulos de anticuerpos neutralizantes sustancialmente menores respecto de variantes descendientes de JN.1 y de los antígenos de las vacunas actualmente utilizados”.
Sin embargo, el mismo informe introduce un dato fundamental para interpretar correctamente la situación. Las vacunas contra el Covid-19 continúan ofreciendo protección frente a las formas graves de la enfermedad. Por lo tanto, una menor respuesta neutralizante frente a una determinada variante no significa automáticamente que las vacunas hayan dejado de ser útiles.
La evolución internacional de BA.3.2 también ha sido analizada durante los últimos meses. Hacia finales de 2025, los sistemas de vigilancia comenzaron a registrar un aumento de este linaje en diferentes lugares. Durante los primeros meses de 2026, su presencia se extendió a numerosos países y llegó a representar aproximadamente el 20 % de las secuencias notificadas globalmente durante algunas semanas.
El comportamiento, sin embargo, no fue uniforme. La circulación de la subvariante varió considerablemente entre países y regiones, por lo que una mayor proporción de secuencias en determinados períodos no necesariamente significa que BA.3.2 vaya a convertirse en la variante dominante en todo el mundo.
Hasta febrero de 2026, el linaje había sido identificado en al menos 23 países de África, Asia, Europa, América del Norte y Oceanía. Entre ellos figuraban Sudáfrica, Mozambique, Países Bajos, Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Bélgica, Canadá, China —incluido Hong Kong—, República Checa, Francia, Italia, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Noruega, Irlanda, Singapur, Corea del Sur, Eslovenia, España, Suecia y Dinamarca.
Posteriormente también se comunicaron detecciones en Canadá, Puerto Rico, Costa Rica y Guyana Francesa, antes de que Argentina se incorporara a los países con registros oficiales del linaje.
Los datos más recientes incluidos en la información proporcionada muestran, además, que la presencia proporcional de BA.3.2 había disminuido. Entre la semana que terminó el 14 de junio de 2026 y la que finalizó el 12 de julio, su participación entre las secuencias notificadas pasó del 15,1 % al 6,45 % a nivel global.
Otro aspecto que fue analizado por los investigadores tiene relación con la edad de las personas infectadas. Durante los primeros meses de 2026, BA.3.2 representó una proporción mayor de las secuencias obtenidas de niños pequeños que de adultos en algunos países. No obstante, el propio Boletín Epidemiológico Nacional advierte que la cantidad de datos disponibles todavía es limitada.
El documento señala:
“Durante los primeros meses de 2026, se observó que BA.3.2 representaba una proporción mayor de las secuencias obtenidas de niños pequeños que de adultos en algunos países. Este hallazgo podría sugerir diferencias en la susceptibilidad a BA.3.2 relacionadas con una menor inmunidad cruzada generada por exposiciones previas a variantes tempranas de SARS-CoV-2. Sin embargo, el número de secuencias y de casos disponibles, incluidos los casos graves, es limitado y debe interpretarse con cautela”, dice el BEN.
Este último punto resulta importante porque todavía no existen suficientes evidencias para establecer conclusiones definitivas sobre una eventual mayor susceptibilidad de determinados grupos. La vigilancia continúa precisamente para reunir más información y comprobar si estas observaciones se mantienen con el paso del tiempo.
También se realizaron estudios de neutralización para conocer cómo responden diferentes vacunas frente a BA.3.2. Los resultados disponibles indican que las vacunas basadas en JN.1, KP.2 y LP.8.1 generan una respuesta neutralizante contra esta subvariante, aunque de menor magnitud que frente a los correspondientes antígenos vacunales y otros linajes derivados de JN.1.
El BEN aclara:
“Los estudios de neutralización muestran que las vacunas basadas en JN.1, KP.2 y LP.8.1 inducen una respuesta neutralizante frente a BA.3.2, aunque de menor magnitud que frente a los antígenos vacunales correspondientes y otros linajes descendientes de JN.1. No se dispone actualmente de estimaciones de efectividad relativa de las vacunas específicamente en poblaciones donde BA.3.2 haya sido predominante”.
Esto significa que todavía no se cuenta con información suficiente para determinar con precisión cuál es la efectividad específica de las vacunas frente a BA.3.2 en lugares donde esta subvariante haya circulado ampliamente.
En cuanto a la gravedad, la información disponible es especialmente relevante. Hasta el momento, no se ha demostrado que esta variante provoque cuadros más graves que otros linajes de Ómicron. Tampoco se ha observado una expansión competitiva sostenida que permita afirmar que se encuentre desplazando de manera generalizada a otras variantes.
El informe sanitario resume esta situación de forma clara:
“la principal característica de interés de BA.3.2 es su marcado escape inmunológico, considerado de riesgo moderado, pero hasta el momento esto no se ha traducido en una expansión competitiva sostenida ni en un aumento demostrado de la gravedad. Por ello, la evaluación disponible indica que BA.3.2 no representa actualmente un riesgo adicional sustancial para la salud pública respecto de otros linajes descendientes de Ómicron, aunque justifica la continuidad de la vigilancia virológica, epidemiológica y de indicadores de gravedad”.
Por ese motivo, la llegada de BA.3.2 a Argentina debe entenderse principalmente como un nuevo episodio dentro de la evolución constante del SARS-CoV-2 y no como una señal de una situación sanitaria extraordinaria. La aparición de nuevas variantes y subvariantes es esperable mientras el virus continúa circulando y experimentando cambios genéticos.
El seguimiento permite a las autoridades conocer qué linajes están presentes, cómo evolucionan sus proporciones y si aparecen modificaciones relevantes en aspectos como la transmisibilidad, el escape inmunológico o la gravedad de los cuadros.
Para la población general, la recomendación continúa siendo prestar atención a las indicaciones de las autoridades sanitarias y mantener las medidas de prevención que correspondan según la situación epidemiológica. Las personas con factores de riesgo también pueden consultar con profesionales de la salud sobre las recomendaciones de vacunación que correspondan a su situación particular.
En definitiva, el llamado “virus Cicada” es el nombre popular utilizado para referirse a la subvariante BA.3.2 de Ómicron, detectada oficialmente en Argentina y presente previamente en diferentes regiones del mundo. Su capacidad de escape inmunológico explica buena parte del interés científico, pero los datos actuales no demuestran que produzca una enfermedad más grave.
La situación seguirá siendo monitoreada mediante la vigilancia epidemiológica y virológica, una herramienta fundamental para detectar cambios en el comportamiento del virus. Por ahora, la evidencia disponible invita a mantener la atención y la información actualizada, pero también a evitar interpretaciones alarmistas que no estén respaldadas por los datos científicos disponibles.
