¿Por qué los gatos se lamen entre sí?
Quienes conviven con dos o más gatos probablemente hayan visto una escena que puede parecer una demostración de cariño: uno de los animales comienza a lamer cuidadosamente la cabeza, el cuello o las orejas del otro. Este comportamiento, conocido como acicalamiento social o allogrooming, es relativamente habitual entre felinos que comparten un mismo espacio.
A primera vista, resulta sencillo interpretar esos lamidos como una señal inequívoca de afecto. Sin embargo, las relaciones entre gatos son más complejas y una misma conducta puede tener diferentes significados dependiendo de lo que esté ocurriendo alrededor. El acicalamiento puede ayudar a reforzar un vínculo, convertirse en el comienzo de un juego o incluso aparecer durante situaciones de tensión social.
Una investigación realizada a partir de observaciones de gatos domésticos analizó precisamente estas diferencias. El trabajo reunió información de 53 hogares en los que convivían dos gatos y permitió estudiar no solo los momentos en los que se acicalaban, sino también la postura corporal, el juego y otras señales que aparecían antes, durante y después de los lamidos.
Cuando el lamido fortalece el vínculo entre los gatos
En determinados contextos, el acicalamiento funciona como una conducta afiliativa, es decir, como una forma de mantener o reforzar una relación positiva. Esto puede observarse especialmente cuando los animales buscan voluntariamente permanecer cerca uno del otro.
La proximidad física es una de las pistas más importantes. Cuando dos gatos se acomodan juntos en una cesta, descansan uno junto al otro o buscan compartir un mismo espacio de manera tranquila, el acicalamiento que aparece después suele formar parte de una interacción positiva. En las observaciones analizadas, la búsqueda de contacto corporal fue seguida de acicalamiento mutuo en el 41 % de los casos.
La postura de ambos animales también ayuda a interpretar la escena. Cuando los dos gatos están relajados y mantienen posiciones similares, como permanecer sentados o tumbados al mismo tiempo, existe una mayor coordinación entre ellos. En ese contexto, los lamidos suelen formar parte de una interacción tranquila.
Las zonas que reciben las caricias también pueden aportar información. El gato que acicala suele concentrarse en la cabeza y las orejas, áreas en las que el contacto puede resultar agradable. Además, estas regiones cuentan con glándulas odoríferas, por lo que el intercambio de olores puede contribuir a mantener señales relacionadas con la identidad y la familiaridad entre los animales.
El acicalamiento también puede ser el comienzo del juego
No todos los lamidos terminan en una sesión tranquila de aseo. En ocasiones, el acicalamiento aparece justo antes de que los gatos comiencen a jugar.
El comportamiento puede cambiar rápidamente: después de unos cuantos lamidos, ambos animales pueden empezar a forcejear, rodar por el suelo, sujetarse con las patas delanteras o darse pequeñas patadas con las traseras. Estas interacciones forman parte de la actividad habitual de muchos gatos y no necesariamente indican una pelea.
En este contexto, el cuello adquiere especial importancia. Se trata de una zona que los felinos también suelen utilizar durante los juegos de lucha, cuando se persiguen, se sujetan o se muerden suavemente. Por eso, cuando el lamido del cuello aparece acompañado de movimientos juguetones y ambos animales participan de manera activa, puede tratarse del inicio de una interacción lúdica.
La diferencia está en la respuesta de los dos gatos. Durante el juego, ambos suelen tener oportunidades para acercarse, alejarse y volver a interactuar. La actividad es dinámica y no existe necesariamente una actitud de rechazo por parte de uno de ellos.
Cuando lamer puede ser una señal de tensión
El aspecto más llamativo del comportamiento es que el acicalamiento no siempre representa amistad. También puede aparecer durante situaciones de tensión, especialmente cuando dos gatos compiten por un recurso que ambos desean.
Un ejemplo puede producirse cuando los animales quieren ocupar el mismo lugar para descansar o disfrutar del sol. En lugar de iniciar inmediatamente una pelea, uno de ellos puede comenzar a lamer al otro, mientras el receptor muestra señales de incomodidad.
Las orejas aplastadas o dirigidas hacia atrás son especialmente importantes en estas situaciones. Si el gato que recibe los lamidos adopta una postura tensa, intenta apartarse o muestra otros signos de rechazo, no conviene interpretar el comportamiento como una muestra de afecto.
En algunos casos, estas interacciones pueden funcionar como una advertencia antes de llegar a un conflicto más evidente. Los gatos pueden utilizar señales relativamente discretas para establecer límites, evitando recurrir directamente a los arañazos o las mordidas.
Cómo reconocer si la interacción es positiva o negativa
Para comprender qué significa que un gato lama a otro, es necesario observar la escena completa y no únicamente el lamido.
Una interacción probablemente sea positiva cuando ambos animales buscan permanecer juntos, tienen el cuerpo relajado, participan voluntariamente y no aparecen señales claras de incomodidad. El contacto puede alternarse y después del acicalamiento los gatos pueden continuar descansando juntos o iniciar un juego.
Por el contrario, conviene prestar atención cuando uno de los animales intenta alejarse, aplana las orejas, mantiene una postura rígida o responde con manotazos. Sacudir la cabeza, rascarse detrás de las orejas, bostezar o lamerse los labios también pueden aparecer durante situaciones de tensión.
La postura corporal es otra pista importante. Cuando un gato se coloca encima de otro y existe una clara diferencia en la posición de ambos, la interacción puede ser menos equilibrada que cuando los dos permanecen relajados y coordinados.
No todos los gatos que se acicalan son amigos
Otro dato interesante es que el acicalamiento social también puede producirse entre gatos que no tienen una relación estrecha. En el grupo observado, 24 de las 53 parejas analizadas, equivalentes al 45,2 %, estaban formadas por animales que no eran parientes y que tampoco habían sido socializados previamente entre sí.
Esto demuestra que ver a dos gatos lamiéndose no basta para concluir que existe una relación de amistad. En determinados casos, el comportamiento puede estar relacionado con la convivencia, la competencia por recursos o la necesidad de establecer límites dentro del espacio compartido.
Por eso, cuando varios gatos viven juntos, resulta especialmente útil observar cómo interactúan alrededor de lugares para dormir, comida, agua, juguetes y otros espacios importantes.
El contexto es la clave para entenderlos
El acicalamiento entre gatos es una conducta compleja que puede cumplir diferentes funciones. Puede ser una manera de mantener un vínculo, una invitación al juego o una forma sutil de gestionar una situación social incómoda.
La clave está en mirar más allá de los lamidos. La postura corporal, las orejas, la distancia entre los animales, la respuesta del gato que recibe el acicalamiento y lo que sucede inmediatamente después permiten comprender mucho mejor la interacción.
Observar estos detalles es especialmente importante en hogares con varios felinos, ya que ayuda a detectar cuándo existe una convivencia tranquila y cuándo pueden estar apareciendo señales de tensión. En definitiva, que dos gatos se laman puede ser una escena de cariño, pero también puede significar algo completamente diferente. Para descubrirlo, hay que aprender a leer todo el lenguaje corporal que acompaña a ese comportamiento.



