‘Balasana’: cómo se realiza la clásica postura de yoga
Balasana es una de las posturas de yoga más conocidas y utilizadas dentro de las prácticas de relajación y descanso. Se trata de una asana sencilla, accesible y profundamente reconfortante, ideal para hacer una pausa consciente durante la sesión o al finalizarla. Su nombre proviene del sánscrito, donde bala significa niño y asana postura, por lo que también se la conoce como la postura del niño. La imagen que evoca es la de un cuerpo recogido, protegido y en calma, lo que explica su potente efecto relajante tanto a nivel físico como mental.
Esta postura invita a detenerse, bajar el ritmo y reconectar con la respiración. Al adoptar Balasana, el cuerpo se pliega hacia adelante con suavidad, permitiendo que la espalda se relaje y que las tensiones acumuladas durante el día comiencen a disiparse. Es una postura muy utilizada en yoga restaurativo, pero también aparece con frecuencia en prácticas más dinámicas como una contrapostura entre asanas exigentes.
¿Cómo se realiza Balasana?
Para ejecutar correctamente esta postura, es importante moverse con atención y respetar los límites del cuerpo. La alineación básica es simple, pero requiere conciencia corporal para aprovechar todos sus beneficios.
• Ponte de rodillas sobre la esterilla, separándolas al ancho de las caderas.
• Junta los pulgares de los pies y siéntate lentamente sobre los talones.
• Mantén la espalda erguida durante unos segundos para alargar la columna.
• Exhala y comienza a inclinar el torso hacia adelante, redondeando suavemente la espalda.
• Deja que el pecho repose sobre los muslos y que la frente descienda hasta tocar el suelo.
• Estira los brazos hacia adelante con las palmas apoyadas o déjalos relajados a los costados del cuerpo.
La respiración debe ser lenta y profunda, permitiendo que cada exhalación ayude a soltar tensiones. Permanecer en esta postura durante varios ciclos de respiración favorece un estado de calma progresiva.
¿Qué representa Balasana para el cuerpo?
Balasana simula la posición natural de descanso de un niño pequeño, lo que genera una sensación de seguridad y recogimiento. El contacto de la frente con el suelo estimula una respuesta de relajación profunda, mientras que el peso del cuerpo sobre los muslos libera la zona lumbar. Esta combinación convierte a la postura en una herramienta muy eficaz para aliviar molestias físicas leves y reducir el estrés cotidiano.
Al permanecer en Balasana, la columna se estira de forma pasiva, creando espacio entre las vértebras. Este estiramiento suave favorece la movilidad y contribuye a liberar la rigidez acumulada en la espalda baja, una de las zonas que más sufre las consecuencias de las malas posturas y el sedentarismo.
Principales beneficios físicos y mentales
Los beneficios de Balasana son amplios y se manifiestan tanto en el plano corporal como en el emocional. Es una postura que no exige esfuerzo, pero ofrece resultados profundos cuando se practica con regularidad.
• Relaja la espalda y alivia la tensión en la zona lumbar.
• Estira suavemente caderas, muslos, tobillos y pies.
• Libera la rigidez de hombros y cuello.
• Favorece la digestión al masajear suavemente la zona abdominal.
• Mejora la circulación sanguínea hacia la cabeza.
• Contribuye a reducir el estrés y la fatiga mental.
• Ayuda a calmar el sistema nervioso.
• Facilita la concentración y la introspección.
• Promueve un estado general de descanso y bienestar.
Además, esta postura puede ser de gran ayuda para quienes buscan conciliar el sueño, ya que prepara al cuerpo y a la mente para el descanso.
Variaciones y adaptaciones de la postura
Balasana es una postura muy adaptable, lo que la hace apta para personas con distintos niveles de experiencia y flexibilidad. Se pueden realizar ajustes sencillos para mejorar la comodidad y evitar molestias.
• Colocar una manta entre los muslos y las pantorrillas si hay tensión en las rodillas.
• Usar un cojín o un bloque bajo la frente para evitar forzar el cuello.
• Apoyar un bolster o almohada bajo el torso para un descanso más profundo.
• Separar más las rodillas si el abdomen necesita más espacio.
Estas variaciones permiten que cada persona encuentre la versión más cómoda y segura según su cuerpo.
¿Cuándo practicar Balasana?
Esta postura puede realizarse en distintos momentos del día. Es ideal al inicio de la práctica para conectar con la respiración, durante la sesión como pausa reparadora o al final para relajar el cuerpo por completo. También puede practicarse de manera independiente, como ejercicio de relajación después de un día intenso o antes de dormir.
En situaciones de cansancio físico o mental, Balasana ofrece un espacio para detenerse y escuchar al cuerpo. Su sencillez la convierte en una excelente aliada para integrar el yoga en la rutina diaria, incluso durante pocos minutos.

Aunque es una postura suave, existen algunas situaciones en las que conviene evitarla o realizarla con modificaciones. Personas con lesiones de rodilla, molestias intensas en la espalda o problemas digestivos agudos deben prestar especial atención a cómo se sienten al practicarla. En estos casos, el uso de soportes es fundamental para garantizar la comodidad.
Para finalizar Balasana, es importante incorporarse lentamente. Primero despega la frente del suelo y comienza a enderezar la espalda vértebra por vértebra. Luego, permanece sentado sobre los talones durante unos segundos antes de cambiar de postura. Este proceso gradual evita mareos y permite que el cuerpo asimile los efectos de la asana.
Balasana demuestra que no todas las posturas de yoga requieren esfuerzo o complejidad para ser efectivas. A través de la quietud y la entrega, esta asana ofrece un espacio de descanso profundo que ayuda a recuperar el equilibrio físico y mental, recordándonos la importancia de pausar y respirar.


