Cómo es la línea de ferrocarril que recorre los paisajes más bellos y espectaculares de Noruega
Noruega es sinónimo de naturaleza en estado puro, de fiordos profundos, montañas imponentes y una sensación constante de inmensidad. Lo que muchos viajeros desconocen es que una de las mejores formas de recorrer estos paisajes no es en coche ni en crucero, sino en tren. Sin siquiera salir del aeropuerto de Oslo, es posible subirse a una de las rutas ferroviarias más escénicas del país y dejar que el paisaje vaya cambiando lentamente frente a la ventana. Viajar en tren por Noruega no es solo trasladarse de un punto a otro, sino una experiencia en sí misma.
Dentro de su red ferroviaria, una de las líneas más emblemáticas es la del Tren de Dovre, que conecta la capital, Oslo, con la ciudad de Trondheim, en el centro del país. Este recorrido atraviesa algunos de los entornos naturales más variados y espectaculares de Noruega y permite conocer tanto su geografía como su historia y su cultura, todo a un ritmo pausado que invita a la contemplación.
El Tren de Dovre y su historia
La línea de Dovre une Oslo y Trondheim en un trayecto de aproximadamente siete horas, con varias frecuencias diarias que permiten adaptarse fácilmente al itinerario del viajero. Trondheim es una ciudad clave en la historia noruega, ya que alberga la Catedral de Nidaros, donde se encuentra la tumba de Olaf Tryggvason, considerado el primer rey vikingo convertido al cristianismo. Este hecho convirtió a la ciudad en un importante centro de peregrinación, y uno de los caminos históricos hacia Nidaros comienza precisamente en Oslo.
Durante buena parte del recorrido, el tren avanza en paralelo a este antiguo camino de peregrinos. Aunque hoy en día no es habitual ver caminantes a lo largo de la vía, tanto ellos como los pasajeros del tren comparten la posibilidad de sumergirse en la riqueza natural del trayecto. Existe la opción de realizar el viaje de noche, pero hacerlo de día es altamente recomendable para no perderse las vistas que hacen de esta línea una de las más bellas del país.
Un espectáculo natural continuo
El Tren de Dovre no es solo un medio de transporte, sino una auténtica ventana en movimiento hacia los paisajes noruegos. Desde el momento en que el tren deja atrás Oslo, el entorno comienza a transformarse, pasando de zonas urbanas a campos abiertos, lagos, valles y montañas. Elegir un asiento junto a la ventana es clave, aunque el vagón restaurante, con sus grandes cristaleras, también ofrece excelentes vistas.
Uno de los primeros grandes protagonistas del viaje es el lago Mjøsa, el más grande de Noruega. El tren bordea sus orillas entre granjas y paisajes agrícolas, ofreciendo una imagen serena que marca el inicio del recorrido. Más adelante, el trayecto se adentra en el valle de Gudbrandsdalen, uno de los más famosos del país, donde el río Gudbrandsdalslågen serpentea entre densos bosques y montañas.
Este paisaje inspiró a numerosos artistas y escritores durante el Romanticismo Nacional noruego, como la Premio Nobel Sigrid Undset, Henrik Ibsen o el pintor Johan Christian Dahl. A medida que el tren avanza hacia el norte, el entorno vuelve a cambiar de forma radical al llegar a la meseta montañosa de Dovrefjell, un parque nacional protegido que alberga una de las pocas poblaciones de bueyes almizcleros en libertad de Europa.
Paradas imprescindibles del recorrido
Hamar
Hamar es una de las primeras paradas destacadas del trayecto y un excelente lugar para hacer una pausa. Situada a orillas del lago Mjøsa, combina historia medieval y arquitectura contemporánea. Su principal atractivo es el museo Domkirkeodden, donde las ruinas de una catedral del siglo XIV están protegidas por una impresionante estructura de vidrio que permite contemplarlas sin alterar el entorno.
La ciudad también alberga el Vikingskipet, un pabellón construido para los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994 cuya forma recuerda al casco invertido de un barco vikingo. Además, Hamar cuenta con el Norsk Jernbanemuseum, el museo nacional del ferrocarril, ideal para comprender la importancia del tren en el desarrollo del país.
Lillehammer
Lillehammer es conocida internacionalmente por haber sido la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994, considerados por muchos como los mejores de la historia. El legado olímpico sigue muy presente en la ciudad, especialmente en el Parque Olímpico y en el trampolín de salto de esquí de Lysgårdsbakkene, desde cuya cima se obtienen vistas panorámicas del lago y la ciudad.
Otro de sus grandes atractivos es Maihaugen, el museo al aire libre más grande de Noruega, con más de 200 edificios históricos trasladados desde distintas regiones del valle. Entre ellos se encuentra una iglesia de madera del siglo XII. Pasear por el centro de Lillehammer, especialmente por la calle peatonal Storgata, permite descubrir casas de madera del siglo XIX, tiendas locales y cafés acogedores.
Dombås
Dombås es un pequeño pueblo, pero ocupa un lugar estratégico en la red ferroviaria noruega. Aquí la línea de Dovre se cruza con la línea de Rauma, otra de las rutas más espectaculares del país. Además, Dombås es una de las principales puertas de entrada a varios parques nacionales, como Dovrefjell, Rondane y Dovre.
La zona es un paraíso para los amantes del senderismo, el esquí de fondo y el ciclismo. El Parque Nacional Rondane, el primero de Noruega, destaca por sus diez picos que superan los 2.000 metros y por albergar una de las últimas poblaciones de renos salvajes del país. Entre Rondane y Dovrefjell se extiende el Parque Nacional de Dovre, un corredor ecológico de gran importancia.
Kongsvoll y Hjerkinn
Estas dos paradas se encuentran en plena meseta de Dovrefjell, a casi mil metros sobre el nivel del mar. Son el punto de partida ideal para explorar el Parque Nacional Dovrefjell-Sunndalsfjella y participar en uno de los safaris más singulares de Noruega: el avistamiento de bueyes almizcleros en libertad, siempre acompañado por guías especializados.
Desde Hjerkinn parte un sendero accesible que conduce al pabellón de observación SNØHETTA, una estructura arquitectónica integrada en el paisaje que ofrece vistas espectaculares de las montañas. En Kongsvoll, el jardín botánico de montaña permite conocer la flora alpina de la región y comprender la diversidad vegetal de este entorno extremo.
Oppdal
Oppdal es uno de los grandes destinos de montaña de Noruega y una parada imprescindible del Tren de Dovre. Rodeada por las montañas de Trollheimen y Dovrefjell, ofrece actividades durante todo el año. En invierno, sus estaciones de esquí atraen a aficionados al esquí alpino y de fondo, mientras que en verano se convierte en un punto de partida ideal para rutas de senderismo de distinta dificultad.
Durante la primavera y el otoño, los ríos Driva y Grøvu son perfectos para practicar rafting y barranquismo. Más allá de la aventura, Oppdal también tiene un gran valor histórico, como demuestra el cementerio vikingo de Vang, el mayor de Noruega, con cerca de 900 túmulos funerarios que revelan la importancia de la región durante la Edad de Hierro y la época vikinga.
Recorrer Noruega a bordo del Tren de Dovre es una forma pausada y consciente de viajar, que permite observar cómo el paisaje se transforma sin prisas y comprender la estrecha relación entre la naturaleza y la cultura noruega. Cada tramo del recorrido ofrece una postal distinta y cada parada invita a descubrir un nuevo aspecto del país. Más que un simple viaje en tren, esta línea es una experiencia completa para quienes buscan conocer Noruega desde dentro y dejarse sorprender por su belleza cambiante.




