¿Cómo fomentar la lectura en niños y niñas?

Sabemos que limitar el tiempo frente a las pantallas es beneficioso para los niños, pero promover la lectura en ellos implica mucho más que simplemente ofrecer otra opción de entretenimiento. Fomentar que los niños y niñas lean no por obligación, sino por puro gusto, es un regalo que les durará toda la vida. Leer no solo les abre las puertas a mundos imaginarios, sino que también nutre su capacidad de pensar y hablar, al tiempo que contribuye a su derecho a recibir una educación de calidad.

El lenguaje es la herramienta fundamental que los seres humanos utilizamos para interactuar con el mundo que nos rodea. A través de la palabra, podemos actuar, reflexionar y tomar decisiones. Por ello, el desarrollo del lenguaje en la infancia temprana es esencial para la vida futura de los niños.

Estudios e investigaciones han demostrado que la lectura es una actividad clave para este desarrollo integral del lenguaje, que además potencia habilidades cognitivas y de reflexión. Es decir, los niños y niñas que leen con frecuencia no solo desarrollan un aprendizaje más ágil y eficaz, sino que también se vuelven más creativos, aunque no necesariamente en el ámbito artístico, sino en el pensamiento y en la capacidad de innovar. Además, la lectura compartida con un adulto genera vínculos afectivos sólidos, proporcionando a los niños una mayor sensación de seguridad emocional.

En la actualidad, la lectura ha adquirido una nueva relevancia. Los problemas de lenguaje y el bajo rendimiento intelectual se están volviendo más comunes entre los niños y niñas debido al uso excesivo de dispositivos electrónicos como tablets y smartphones desde una edad muy temprana. En este contexto, la lectura se presenta como una solución efectiva para contrarrestar estos efectos negativos.

1. Leer desde que son bebés

Leerles y cantarles a los bebés deben ser actividades diarias de los padres o cuidadores. Existen muchos libros diseñados específicamente para esta etapa de la vida, con rimas, juegos de palabras y melodías que capturan su atención. Aunque muchos se preguntan si los bebés comprenden lo que les leemos, lo más importante es que, al leerles, estamos ayudándolos a desarrollar su capacidad de entender y buscar significados. Esa “sed de significado” que tienen los bebés y niños pequeños es lo que impulsa el desarrollo de su cerebro y de su subjetividad.

Para este primer contacto con la lectura, los libros ideales son aquellos de cartoné, de un tamaño pequeño, que los bebés puedan tocar y manipular. También hay opciones de libros de goma para el baño y cada vez es más común encontrar arrullos y canciones de cuna ilustrados, que combinan el juego con el aprendizaje del lenguaje. No se trata de que entiendan cada palabra, sino de que empiecen a familiarizarse con el sonido y el ritmo del lenguaje.

2. Visitar librerías y bibliotecas

Si no hay libros disponibles, es imposible que los niños y niñas desarrollen un gusto por la lectura. Por lo tanto, una excelente opción es hacerse socio de una biblioteca del barrio o hacer visitas frecuentes a la librería. Permitir que los niños y niñas elijan sus propios libros les da autonomía y despierta su curiosidad.

Sin embargo, en una librería puede resultar abrumador seleccionar entre tantas opciones. ¿Cómo asegurarse de que un libro será atractivo para ellos? Lo más importante es estar atentos a sus gustos e intereses. Algunos niños se sentirán atraídos por las imágenes, mientras que otros preferirán historias emocionantes. Como adultos, debemos involucrarnos y elegir libros que también nos interese leer junto a ellos, ya que nuestro propio entusiasmo se transmitirá y ellos lo percibirán. Además, siempre es recomendable dejar que los niños elijan sus propios libros, dentro de las opciones adecuadas para su nivel de lectura.

Es fundamental tener en cuenta si el niño o niña puede leer solo, si necesita que le lean o si prefieren leer un poco cada noche en compañía de un adulto. Cada etapa de desarrollo tiene sus particularidades, y adaptar la lectura a sus necesidades es clave para que la disfruten al máximo.

3. Tener libros en casa

Dar a los libros un lugar importante en la casa, al igual que los juguetes, es fundamental para criar niños y niñas que disfruten de la lectura. Es esencial que la lectura se perciba como una actividad divertida y no como una obligación. Tener libros accesibles en el hogar es vital. Si la compra de libros resulta costosa, existen alternativas como proponer una biblioteca rodante en la escuela, donde los estudiantes intercambien libros, o hacerse miembro de una biblioteca popular.

Los amantes de la lectura coinciden en que los libros no solo alimentan nuestra imaginación, sino que también nos enseñan a comprender el mundo que nos rodea y a nosotros mismos. Estas habilidades, que parecen intangibles, son resultado de la experiencia de leer, y es un regalo que podemos ofrecer a nuestros hijos.

4. Leer cada noche

Dedicarse a leer cada noche no solo establece un hábito que perdurará en el tiempo, sino que también crea momentos de conexión y cercanía entre padres e hijos. Estos instantes compartidos se convertirán en recuerdos que los niños atesorarán cuando sean adultos. Al leer juntos, estamos 100% presentes, abiertos a la aventura que ofrece la historia y a la conexión emocional que genera.

Conversar sobre lo que hemos leído y recordar las historias durante el día también es una excelente forma de fomentar el hábito de la lectura. Pero, ¿qué sucede si los propios adultos no tienen el hábito de leer? ¿O si sienten que no disfrutan de la lectura? Aun así, es posible compartir la experiencia con los hijos. No es necesario ser un lector ávido, basta con encontrar libros que nos resulten atractivos para leer juntos. Leer en voz alta puede ser tan gratificante como leer en silencio, y aunque solo se lean libros infantiles, ese tiempo compartido es valioso.

5. Integrar la lectura en la vida familiar

Para criar lectores, es crucial que la lectura se integre en la vida cotidiana. Cuando los libros forman parte de la rutina familiar, los niños y niñas desarrollan naturalmente un gusto por leer. Los libros pueden servir como un puente para conversar sobre emociones, para resolver conflictos o simplemente para disfrutar juntos. También pueden ser una opción de juego o una actividad para relajarse en un domingo por la mañana.

La función del adulto como mediador es fundamental. Al leer juntos, el adulto facilita la relación del niño con el libro hasta que pueda hacerlo de manera autónoma. Incluso cuando los niños ya son capaces de leer por sí mismos, seguir leyendo en compañía puede ser un gesto de cariño y una forma de seguir compartiendo experiencias. Tal como nos sentamos juntos a ver una película, leer también puede ser una actividad familiar.

Lo importante es no dejar la lectura solo en manos de la escuela. Si la lectura se percibe como una tarea escolar, se convierte en algo académico y se pierde su sentido lúdico. Al incorporar los libros en nuestra vida diaria, la lectura se transforma en una actividad compartida y significativa.