¿Cómo saber si los huevos están buenos?

El huevo es uno de los ingredientes más versátiles y consumidos en el mundo. Desde unos revueltos al desayuno hasta un sofisticado huevo poché, hay múltiples formas de prepararlos y disfrutarlos. Además de su sabor, su valor nutricional lo convierte en una excelente fuente de proteínas, vitaminas del complejo B, minerales y grasas saludables. Pero así como puede ser muy beneficioso, también puede resultar riesgoso si se consume en mal estado. Por eso, es fundamental saber identificar cuándo un huevo está fresco y cuándo es mejor descartarlo.

En esta nota te compartimos todos los métodos y consejos que necesitas para comprobar si un huevo está bueno, tanto antes como después de abrirlo, y cómo almacenarlos correctamente para alargar su vida útil. Presta atención a cada uno de estos trucos, porque pueden ayudarte a prevenir intoxicaciones alimentarias y mejorar tu experiencia en la cocina.

¿Cómo saber si un huevo está malo sin abrirlo?

Muchas veces es posible detectar un huevo en mal estado sin necesidad de romperlo. Existen varias técnicas caseras que son eficaces para comprobar la frescura del huevo antes de utilizarlo.

1. Revisa la fecha de caducidad

Lo más básico —y que muchas veces se pasa por alto— es verificar la fecha de consumo preferente en el envase. Los huevos suelen tener una vida útil de hasta 28 días desde el momento en que son puestos. Si se han almacenado en condiciones de refrigeración, pueden conservarse frescos algunos días más allá de la fecha indicada, pero siempre es mejor prevenir.

2. Observa la cáscara

La apariencia externa también puede dar pistas. Si la cáscara presenta grietas, manchas extrañas o se siente demasiado frágil, es posible que el huevo esté comprometido. Aunque no siempre es una señal definitiva, sí es un buen indicador para estar alerta. También es importante evitar los huevos con suciedad o restos de heces, ya que pueden estar contaminados.

3. Prueba de flotación

Uno de los métodos más populares y efectivos es colocar el huevo en un vaso o recipiente con agua fría. Si el huevo se hunde y se mantiene en posición horizontal en el fondo, está fresco. Si se inclina ligeramente, indica que tiene algunos días, pero aún es seguro consumirlo. En cambio, si flota, significa que el huevo ha acumulado aire en su interior y probablemente esté en mal estado. En ese caso, conviene descartarlo.

4. Contraluz con linterna

Un truco menos conocido, pero muy útil, es observar el huevo a contraluz usando una linterna en un lugar oscuro. Esta técnica, conocida como ovoscopía, permite ver el interior sin romper la cáscara. Un huevo fresco mostrará una yema difusa y centrada, sin manchas ni burbujas grandes de aire. Si notas una sombra muy marcada o zonas oscuras que no deberían estar, es mejor no arriesgarse.

¿Cómo saber si un huevo está malo al abrirlo?

A pesar de todas las precauciones anteriores, puede suceder que abramos un huevo sin haber verificado previamente su estado. En ese momento, hay algunas señales claras que nos indicarán si es seguro usarlo o si es mejor tirarlo.

1. Olor fuerte y desagradable

El olfato nunca falla. Si al abrir el huevo percibes un olor fuerte, parecido al azufre o claramente putrefacto, no hay dudas: está podrido. No intentes cocinarlo ni aprovecharlo para otra cosa, simplemente deséchalo. Este olor indica una descomposición avanzada que puede provocar intoxicaciones severas si se consume.

2. Color y consistencia de la yema

Una yema sana puede variar entre tonos amarillos y anaranjados intensos, dependiendo de la alimentación de la gallina. Sin embargo, una yema pálida, que se rompe con facilidad o que se encuentra desplazada hacia un lado en lugar de centrada, suele indicar que el huevo es viejo. Aunque no siempre está en mal estado, sí ha perdido frescura.

3. Apariencia de la clara

La clara de un huevo fresco debe ser transparente, densa y gelatinosa. Si se ve aguada, lechosa o con manchas, puede haber comenzado un proceso de descomposición. Si además hay restos de sangre o puntos oscuros, es mejor desecharlo, ya que podría tratarse de un huevo fecundado o contaminado.

4. Relación entre yema y clara

Un truco adicional es observar cómo interactúan la yema y la clara. Si al mover el recipiente la yema se mantiene centrada y unida firmemente a la clara, el huevo está en buen estado. Si se desplaza con facilidad o se mantiene rígida, indica envejecimiento. La adherencia natural entre ambas partes es un signo de frescura.

¿Cuál es la forma correcta de guardar los huevos?

Saber conservar bien los huevos también ayuda a prolongar su vida útil y evitar que se estropeen antes de tiempo. Aquí algunos consejos claves:

No los laves

La cáscara del huevo está recubierta por una membrana natural llamada cutícula, que actúa como barrera protectora frente a bacterias y contaminantes. Si los lavas, eliminas esa protección, y el riesgo de que los gérmenes penetren en el interior aumenta. Solo lava los huevos justo antes de usarlos, si es necesario.

Guárdalos en un lugar fresco y seco

El mejor lugar para almacenar los huevos es el refrigerador, preferentemente en la parte superior, donde la temperatura se mantiene más constante. Aunque muchos frigoríficos tienen un compartimiento específico en la puerta para los huevos, este suele estar expuesto a cambios de temperatura cuando se abre y cierra la heladera, por lo que no es el lugar ideal.

Utiliza una huevera cerrada

Mantener los huevos dentro de su envase original o en una huevera cerrada también es recomendable. Esto evita que absorban olores fuertes de otros alimentos, como cebolla, pescado o quesos, ya que la cáscara es porosa y puede transmitir esos sabores al interior.

Evita cambios bruscos de temperatura

Una vez que los huevos se han almacenado en frío, es mejor no sacarlos y dejarlos a temperatura ambiente durante muchas horas. Esto puede generar condensación, debilitando la cáscara y facilitando el ingreso de bacterias. Siempre que sea posible, mantenlos a temperatura constante.

 

Saber si un huevo está bueno o no puede parecer un misterio, pero con unos simples trucos y un poco de atención, se puede evitar cualquier riesgo. La combinación de prácticas como revisar la fecha, observar la cáscara, hacer la prueba de flotación y oler el contenido una vez abierto es suficiente para garantizar la seguridad en el consumo.

Al final del día, un buen huevo puede ser el alma de muchos platos deliciosos, pero uno en mal estado puede arruinar una receta y comprometer la salud. Siguiendo estos consejos, podés disfrutar de tus preparaciones favoritas con tranquilidad y sin sorpresas desagradables.