El enigma del caso Paulette: la desaparición que conmovió a México y aún deja dudas
En marzo de 2010, el país entero quedó sorprendido por la desaparición y posterior hallazgo sin vida de Paulette Gebara Farah, una niña de cuatro años cuyo caso se convirtió en uno de los episodios más mediáticos y polémicos en la historia reciente de México. Lo que comenzó como una búsqueda desesperada se transformó en un expediente lleno de inconsistencias que, más de una década después, sigue generando interrogantes.
La pequeña Paulette, originaria de Huixquilucan, Estado de México, vivía con sus padres, Lizette Farah y Mauricio Gebara, y su hermana mayor. Su familia gozaba de un reconocido nivel económico y contaba con el apoyo de niñeras para el cuidado de las niñas, debido a que Paulette tenía una discapacidad motriz y un trastorno del lenguaje, condiciones que requerían atención constante.
El 21 de marzo, tras un día en Valle de Bravo con su padre y su hermana, la menor fue acostada por su madre en la habitación que compartía con su hermana. La mañana siguiente, una de las niñeras acudió a despertarla para ir a la escuela, pero la cama estaba vacía. La primera búsqueda dentro del departamento resultó infructuosa, y rápidamente los padres dieron aviso a las autoridades.
En cuestión de horas, la desaparición se convirtió en noticia nacional. Las autoridades iniciaron operativos, se revisaron cámaras de seguridad del edificio y se descartó cualquier señal de entrada forzada. La imagen de Paulette comenzó a circular en redes sociales, carteles y noticieros, acompañada de súplicas para dar con su paradero. Incluso figuras públicas se sumaron a la campaña para localizarla.
Durante días, la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, entonces encabezada por Alberto Bazbaz, realizó cateos en el domicilio, revisó habitaciones y utilizó perros rastreadores, sin encontrar evidencia clara. Sin embargo, nueve días después del inicio de la búsqueda, un nuevo operativo terminó con el hallazgo del cuerpo de la niña dentro de su propia cama, entre el colchón y la estructura.
El informe oficial indicó que la causa de muerte había sido una asfixia accidental. La versión señalaba que, debido a sus limitaciones físicas, la menor habría quedado atrapada en un espacio reducido, sin poder pedir ayuda. La conclusión fue presentada como un “terrible accidente”, lo que generó sorpresa e incredulidad en gran parte de la opinión pública.
La controversia creció cuando se recordó que en múltiples ocasiones la habitación ya había sido inspeccionada, incluso por agentes especializados y con la presencia de medios de comunicación. Resultaba difícil de comprender que en un lugar tan reducido no se hubiera detectado antes la presencia de la niña. Periodistas que estuvieron en la habitación, como Lilly Téllez, aseguraron posteriormente que el cuerpo no pudo haber estado allí todo el tiempo, lo que alimentó teorías alternativas.
El proceso judicial descartó hipótesis de secuestro o participación de terceros, y se cerró como un accidente doméstico. Sin embargo, tanto los padres como las niñeras llegaron a ser señalados en distintas etapas de la investigación. La actitud distante de los progenitores en entrevistas televisivas también generó interpretaciones y críticas en la opinión pública.
Años después, Lizette Farah solicitó al Estado una indemnización millonaria por daño moral, petición que fue rechazada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 2014. El caso quedó archivado oficialmente, pero aún hoy sigue siendo objeto de debates en medios, documentales y producciones televisivas.
El llamado “caso Paulette” no solo puso en evidencia las fallas en los procesos de investigación, sino que también abrió una conversación nacional sobre la transparencia de las autoridades y la manera en que los medios de comunicación influyen en la percepción social de la justicia. Lo que parecía un asunto resuelto como accidente continúa siendo, para muchos, un misterio sin respuestas definitivas.



