El hallazgo de una planta podría complicar aún más a Cristian Graf en el caso de Diego Fernández
La investigación por la muerte de Diego Fernández, el adolescente de 16 años desaparecido en 1984 y cuyos restos fueron hallados recientemente en una vivienda del barrio porteño de Coghlan, sigue sumando elementos que refuerzan las sospechas contra Cristian Graf, señalado como principal acusado en la causa.
El hallazgo de los restos óseos en el límite entre dos propiedades despertó de inmediato las dudas de los investigadores, quienes centraron la atención en los dueños de las casas involucradas. La sorpresa llegó cuando se confirmó que uno de esos propietarios había sido compañero de colegio de la víctima, un dato que terminó de colocar a Graf bajo la lupa judicial.
Entre las pruebas que hoy analizan los peritos, hay un detalle que podría ser clave para determinar la responsabilidad de Graf. Se trata de una planta de banano ubicada en su jardín, que los especialistas creen que funcionaba como una especie de señal para marcar el lugar exacto donde había sido enterrado el cuerpo de Diego Fernández hace cuatro décadas.
El periodista Rolando Graña explicó el hallazgo con una metáfora clara: “Es como cuando alguien marca en una pared el lugar por donde pasa un caño. Esa planta era la referencia para saber con precisión dónde estaba el cuerpo”. Las imágenes aéreas obtenidas con un dron de América Noticias mostraron cómo la planta se encontraba justo al lado de la nueva medianera, construida recientemente, lo que reforzó la hipótesis.
De acuerdo con el testimonio de los obreros que trabajaban en esa obra, Graf se mostró insistentemente preocupado por la preservación de esa planta. “Nos dijo que ni se nos ocurriera tocarla ni remover la tierra cercana”, declaró uno de los albañiles, sorprendido por la actitud del propietario. Según los trabajadores, Graf estuvo pendiente en todo momento de los avances de la construcción, una actitud que ellos describieron como inusualmente controladora y nerviosa.
El dato resulta aún más llamativo si se tiene en cuenta que, en el año 1984, en ese sector del terreno solo había una ligustrina, lo que refuerza la teoría de que la colocación del banano tuvo como fin marcar el sitio exacto del entierro clandestino. Para los investigadores, este gesto constituye un indicio fuerte de que Graf siempre supo lo que había bajo la tierra de su jardín.
El hallazgo de los restos humanos se produjo cuando, durante los trabajos de construcción, parte de la tierra se desmoronó hacia el lado de la obra lindera y dejó al descubierto los huesos. A partir de ese momento, se abrió una causa que hoy, casi 40 años después, busca dar respuestas a una desaparición que había quedado sin resolver.
“En todo momento lo notábamos preocupado. Estaba presente y vigilaba lo que hacíamos, sobre todo cerca de esa planta”, agregó uno de los obreros que participó en la obra. Estas declaraciones no pasaron desapercibidas para la fiscalía, que las incorporó como parte del expediente.
Si bien la investigación continúa, cada nuevo dato refuerza las sospechas sobre la participación de Cristian Graf en el crimen y en el posterior ocultamiento del cuerpo de Fernández. Para los especialistas, la planta encontrada en el jardín podría transformarse en la evidencia simbólica más contundente de que el acusado nunca dejó de estar consciente de lo ocurrido en aquel terreno.
A medida que avanza el caso, la aparición de este nuevo elemento se suma a una serie de indicios que apuntan en la misma dirección: que Graf tuvo un rol directo y que habría mantenido durante décadas un silencio calculado, resguardando en su propia casa la prueba de un hecho que marcó a toda una comunidad.

