El parásito silencioso que muchos confunden con una simple molestia abdominal
Aunque para muchos un dolor abdominal repentino suele atribuirse a una indigestión o una supuesta “gastritis pasajera”, existen situaciones en las que esa incomodidad puede tener un origen completamente distinto. Entre las causas menos consideradas aparece la Ascaris lumbricoides, un parásito intestinal que continúa circulando en diversas regiones del mundo y que, pese a su alta prevalencia, suele pasar desapercibido hasta que provoca complicaciones notorias.
La Ascaris lumbricoides es un helminto intestinal que, en su fase adulta, puede alcanzar varios centímetros de largo. Este organismo se aloja principalmente en el intestino delgado, donde obtiene su alimento de los nutrientes que ingiere la persona infectada. La infección que produce se denomina ascariasis, una condición que se desarrolla tras la ingestión de huevos del parásito presentes en agua o alimentos contaminados, así como en suelos donde el saneamiento básico es limitado. En zonas rurales y en regiones con infraestructura sanitaria insuficiente, esta infección sigue representando un desafío para la salud pública.
El contagio puede producirse de forma inadvertida. Consumir frutas o verduras mal lavadas, beber agua no segura o entrar en contacto con tierras contaminadas son algunas de las vías más comunes de transmisión. Debido a esto, la ascariasis puede instalarse sin generar síntomas iniciales, lo que hace que muchas personas vivan con el parásito durante un largo período sin saberlo.
Con el paso del tiempo, y a medida que la carga parasitaria aumenta, los síntomas comienzan a manifestarse. En la etapa de migración dentro del organismo, el parásito puede transitar hacia los pulmones, generando tos persistente, sensación de ahogo, silbidos al respirar y episodios de fiebre o malestar torácico. Cuando finalmente se establece en el tracto intestinal, es común que aparezcan dolores abdominales, hinchazón, episodios de náuseas, cambios en el ritmo intestinal como diarrea o estreñimiento y signos de desnutrición, sobre todo en niños.
Uno de los aspectos más relevantes de la ascariasis es que, aunque muchas veces transcurre de manera silenciosa, puede desencadenar complicaciones importantes. Un número elevado de parásitos puede provocar obstrucciones intestinales, interferir con los conductos biliares, afectar el páncreas o el apéndice, e incluso comprometer la nutrición y el crecimiento de la población infantil. En casos pocos frecuentes, los desplazamientos del parásito pueden generar episodios de riesgo que requieren atención médica inmediata. Por este motivo, minimizar los síntomas o ignorarlos no es una alternativa segura, ya que la infección no desaparece por sí sola.
El tratamiento para la ascariasis suele ser accesible y eficaz cuando se administra oportunamente. Medicamentos como albendazol o mebendazol forman parte del esquema terapéutico habitual. Sin embargo, la elección del medicamento y la dosis correcta dependen de factores como la edad, el peso y la cantidad de parásitos presentes, por lo que la automedicación no es recomendable. Un tratamiento inadecuado puede complicar la evolución del cuadro en lugar de resolverlo.
La prevención, en cambio, representa la herramienta más poderosa para evitar este tipo de infecciones. Mantener una higiene adecuada de manos, consumir agua potable, lavar y desinfectar los alimentos, y garantizar buenas condiciones sanitarias son medidas clave. En comunidades donde el riesgo es mayor, los controles periódicos y los programas de desparasitación supervisados por profesionales de la salud ayudan a reducir la incidencia de la enfermedad.
La Ascaris lumbricoides no es un simple parásito aislado. Es una infección que puede comprometer diferentes órganos y que, sin la debida atención, genera un impacto significativo en la salud general. La buena noticia es que, con hábitos preventivos y tratamiento adecuado, es totalmente controlable y evitable.
