La declaración que complica a un detenido en la causa por el triple crimen de Florencio Varela
La investigación por el triple crimen de Florencio Varela sumó un capítulo clave tras la detención de Ariel Giménez, señalado como una de las personas vinculadas a la logística que rodeó los hechos. El hombre, de 29 años, se entregó de manera voluntaria a la Policía Bonaerense luego de estar prófugo y brindó una versión que sorprendió a los investigadores.
Giménez se transformó en el sexto detenido de la causa y, antes de quedar a disposición de la Justicia, decidió ofrecer un relato de lo que habría ocurrido en los días previos y posteriores al asesinato de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez. Según su testimonio inicial, su participación habría comenzado de manera indirecta y sin saber las verdaderas intenciones de quienes lo contactaron.
El viernes 19 de septiembre, día en que las jóvenes desaparecieron, Giménez contó que fue llamado por una pareja conocida para alquilar un equipo de música. El pedido, explicó, se justificaba con la supuesta organización de una fiesta en una vivienda ubicada en la intersección de Chañar y Río Jáchal, lugar que más tarde se transformaría en un sitio central para la investigación.
De acuerdo con su versión, alrededor de las 20 horas se encontró con la pareja a pocas cuadras de la casa, donde entregó el parlante y recibió a cambio 30 mil pesos y drogas, lo que vinculó con su propio consumo. Acto seguido, regresó a su domicilio sin mayores sospechas.
El relato de Giménez continúa con un contacto al día siguiente. Al intentar recuperar el parlante, la misma pareja le pidió que se acercara nuevamente a la vivienda. Según lo que contó, en esa oportunidad le sugirieron que llevara a su hermano porque tenían una “changa” para él. Como el joven no estaba disponible, fue solo y terminó aceptando el trabajo que le ofrecieron.
En la casa le mostraron un pozo en el patio trasero, ya parcialmente tapado, y le pidieron que lo rellenara y lo dejara nivelado. Giménez aseguró no haber notado nada fuera de lo común y realizó la tarea con una pala y un pico. Por el trabajo recibió 45 mil pesos y, además, las herramientas utilizadas como una especie de “regalo”. Antes de irse, pidió un auto de aplicación con el que regresó a su casa junto con el parlante.
Más tarde, según su testimonio, vendió la pala y el pico a un vecino porque no los necesitaba. Esta declaración llamó la atención de los investigadores, que ven en ese detalle un punto crucial para determinar su verdadero grado de responsabilidad.
Tras brindar esa versión preliminar ante la Policía, Giménez quedó detenido bajo la acusación de encubrimiento agravado. Sin embargo, cuando fue trasladado a declarar ante el fiscal Carlos Adrián Arribas, decidió guardar silencio y se negó a ratificar lo que había dicho previamente. Esto implica que sus palabras iniciales solo tienen validez como un indicio y no como una declaración formal en el expediente.
Para los investigadores, su rol aún debe ser analizado en profundidad. El hecho de haber trabajado en el patio de la vivienda y haber aceptado dinero en dos oportunidades lo coloca en una posición comprometida, aunque la Justicia deberá determinar si actuó de manera consciente sobre lo que estaba ocurriendo o si, como asegura, fue engañado.
La causa sigue avanzando con múltiples detenidos y con la atención puesta en quienes habrían tenido una participación directa y en quienes pudieron haber colaborado de manera indirecta. Lo cierto es que la figura de Giménez abre un nuevo frente en la investigación, donde cada detalle —desde un parlante hasta unas herramientas vendidas a un vecino— puede convertirse en una pieza clave para reconstruir la verdad de lo sucedido.


