La historia secreta de la película “El Padrino”.

La fascinante historia detrás de El Padrino revela cómo una novela que comenzó como un proyecto literario modesto se convirtió en una de las películas más emblemáticas de todos los tiempos. En 1969, Mario Puzo publicó su obra que pronto se convertiría en un best seller, logrando vender 13 millones de copias en tan solo un año. La rápida aceptación del libro no pasó desapercibida para Paramount Pictures, que adquirió los derechos cinematográficos en 1970 por 80 mil dólares. Sin embargo, a pesar del éxito literario, la adaptación al cine enfrentó múltiples obstáculos.

En ese entonces, las películas sobre la mafia no gozaban de popularidad, y esto afectó el interés de varios directores. Directores de renombre como Sergio Leone, Costa Gavras, y Peter Bogdanovich rechazaron la oferta para dirigirla. Además, existía un factor incómodo para la productora: algunos amigos del propio director de Paramount tenían conexiones con personas que reflejaban los personajes de la novela, lo cual generaba reticencias adicionales para llevarla a la pantalla grande.

Es aquí donde entra en escena Francis Ford Coppola, un cineasta con un recorrido considerable a sus espaldas, pero sin haber logrado un éxito masivo. Coppola ya había dirigido cerca de una decena de películas y había sido nominado a prestigiosos premios como la Palma de Oro en Cannes y la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Incluso, había ganado un Oscar al mejor guion por “Patton”. Lo que favorecía a Coppola para esta película en particular era su ascendencia ítaloamericana, lo que permitía que conectara de manera más íntima con la temática de la obra. Sin embargo, el director tenía una visión clara: El Padrino no debía ser simplemente otra película sobre la mafia, sino un relato sobre la familia y los métodos mediante los cuales se construyen las grandes fortunas en los Estados Unidos. Este enfoque hizo que Robert Evans, director de Paramount, llegara a calificar a Coppola de “completamente loco”.

Es interesante destacar que el título original del libro de Puzo era Mafia. El autor había escrito la novela con la intención de pagar una deuda de juego de 10 mil dólares. Sin embargo, nadie habría imaginado el impacto que tendría la historia: mientras que el libro fue un éxito de ventas inmediato, la película, con un presupuesto de 6 millones de dólares, terminó recaudando 250 millones en taquilla, un verdadero éxito comercial.

Uno de los mayores desafíos durante la producción fue lidiar con las preocupaciones de la Liga por los Derechos Civiles Italoamericanos, una organización que representaba a la comunidad ítaloamericana y que estaba muy interesada en la manera en que serían retratados los personajes de la película. A tal punto llegó esta intervención que, antes del estreno, la Paramount organizó una reunión en el Madison Square Garden para calmar los ánimos y asegurar que la película respetaría ciertos acuerdos. Entre las concesiones más destacadas, la productora prometió eliminar las palabras “Mafia” y “Cosa Nostra” del guion final. Además, se pactó que los ingresos de la premiere en Nueva York serían donados a la Familia ítalo-norteamericana, lo cual demostró el nivel de influencia que estos grupos ejercían sobre la producción.

Uno de los aspectos más controversiales durante la preproducción de la película fue la selección de los actores principales. Francis Ford Coppola estaba decidido a que Al Pacino interpretara a Michael Corleone, el hijo menor de la familia. No obstante, la Paramount se opuso firmemente a esta elección. Pacino, en aquel momento, era un actor relativamente desconocido que apenas había aparecido en un episodio de la serie N.Y.P.D.. Además, su baja estatura fue uno de los principales motivos de objeción por parte de la productora, que propuso a figuras más reconocidas como Robert Redford o Jack Nicholson. Sin embargo, Coppola se mantuvo firme, argumentando que el papel de un siciliano debía ser interpretado por alguien que compartiera esa herencia cultural.

Por otro lado, el personaje de Vito Corleone también fue motivo de debate. Mario Puzo había confesado a Coppola que siempre había imaginado a Marlon Brando en el papel del patriarca de la familia. Coppola compartía esta visión, pero la productora se mostró reacia a financiar la participación de Brando debido al alto salario que este exigía. En un momento, el estudio incluso consideró la posibilidad de darle el papel a Orson Welles, quien llegó a decir que habría vendido su alma al diablo por interpretar a Vito Corleone. Sin embargo, Coppola nuevamente se mantuvo firme: “Si no es Marlon Brando, la película no se hace”. Y una vez más, el director consiguió lo que quería.

A pesar de la reticencia inicial de la productora, Marlon Brando demostró un compromiso total con su papel en El Padrino. Adelgazó considerablemente para encarnar al jefe mafioso, y en el set de rodaje, se destacó por su profesionalidad, siendo uno de los primeros en llegar y recordando cada una de sus líneas a la perfección. Además, fue el propio Brando quien creó la peculiar modulación de voz de Vito Corleone, imitando a alguien que hubiese sufrido una lesión en la garganta, lo que se convirtió en una de las características más icónicas del personaje. Sorprendentemente, Brando trabajó durante meses sin recibir compensación económica inmediata, lo que muestra su dedicación al proyecto.

A pesar de las múltiples dificultades y tensiones durante la producción, la película se completó en 77 días de rodaje, más de lo previsto originalmente. El Padrino se estrenó el 15 de marzo de 1972 y fue un éxito inmediato tanto en la taquilla como entre la crítica. Fue nominada a ocho premios Oscar y ganó tres de ellos: mejor película, mejor guion adaptado y mejor actor para Marlon Brando. Su impacto fue tal que incluso los mafiosos reales, que habían seguido de cerca el proceso de producción, no pudieron evitar aplaudir la obra final.