Las islas Berlengas y otras sorpresas en la costa centro de Portugal

Para los amantes del surf y el kitesurf, la península de Peniche, que hasta el siglo XII fue una isla, es un auténtico paraíso debido a sus imponentes olas. Las playas de Baleal al norte y Supertubos al sur ofrecen las condiciones ideales para deslizarse sobre las aguas atlánticas. Pero Peniche no es solo surf. En su extremo occidental se encuentra el cabo Carvoeiro, un enclave rocoso modelado por la erosión marina, que ha creado acantilados dramáticos y formaciones calcáreas que parecen laberintos esculpidos en la piedra. Aquí también se alza un fuerte histórico, testigo de siglos de defensa costera. Desde este punto, durante el verano, parten barcos hacia las islas Berlengas, un pequeño archipiélago que es, sin duda, una de las joyas más sorprendentes de la Región Centro de Portugal.

A diez kilómetros de la costa, las Berlengas podrían considerarse las Cíes de Portugal. Son un santuario natural donde las gaviotas dominan el paisaje y las aguas cristalinas invitan al baño, aunque su temperatura corta como una navaja. La isla mayor, Berlenga Grande, está conectada mediante un estrecho puente de piedra sin barandillas a un peñasco en el que se encuentra el fuerte de São João Baptista. Esta fortaleza, levantada en el siglo XVII para defender la isla de incursiones piratas, protagonizó su episodio más legendario en junio de 1666, cuando apenas 20 soldados portugueses resistieron el asedio de una flota española compuesta por 16 buques y más de 2.000 soldados.

A poca distancia de Peniche se encuentra Óbidos, una encantadora villa medieval que parece sacada de un cuento. Rodeada por imponentes murallas, con casas encaladas adornadas con flores y calles empedradas llenas de encanto, Óbidos es una de las localidades más pintorescas de Portugal. Su castillo del siglo XIII, que en 1951 fue convertido en pousada, domina el paisaje y es el punto de encuentro de los visitantes que recorren la vila. En la rua Direita, la calle principal, las tiendas venden el famoso licor de ginja servido en vasos de chocolate y los típicos gallos de Barcelos. Sin embargo, Óbidos no es solo un atractivo turístico; en los últimos años se ha reinventado como villa literaria, organizando eventos culturales como el Folio Festival en otoño y llenando de libros espacios insólitos como la iglesia de Santiago, el Mercado Biológico y hasta un hotel temático, The Literary Man.

A unos 30 minutos en coche desde Óbidos se llega a Nazaré, un destino famoso en todo el mundo por sus gigantescas olas. Si bien su playa principal, justo frente al casco urbano, es ideal para un día de sol y arena, la gran estrella es la playa del Norte, donde las olas pueden alcanzar alturas superiores a los 30 metros. Sobre un acantilado de 110 metros se encuentra el barrio de Sitio, con una vista espectacular del Atlántico y la ermita donde Vasco de Gama rezó antes de su primer viaje a la India. Para quienes quieran ver de cerca a los intrépidos surfistas que desafían estas olas monstruosas, la mejor opción es acercarse al fuerte de São Miguel Arcanjo, hoy convertido en un faro y museo donde se exhiben las tablas de leyendas del surf como el azoreño Hugo Vau, quien en 2018 cabalgó una ola de 35 metros.

Siguiendo la ruta por la Región Centro de Portugal, se llega al monasterio de Alcobaça, un imponente complejo fundado en 1147 tras la conquista de Santarém por el primer rey portugués, Alfonso Henriques. Durante siglos, este monasterio cisterciense fue uno de los más influyentes de la Península Ibérica. Su iglesia, de 106 metros de largo, es de tal magnitud que asistir a misa en ella requiere casi un catalejo. Pero si hay un rincón que realmente impresiona, es su cocina, con una chimenea tan grande que bien podría albergar a una familia entera bajo su campana.

A media hora al norte de Alcobaça se encuentra otro impresionante monasterio, el de Batalha. Mandado construir por el rey João I en agradecimiento por la victoria en la batalla de Aljubarrota en 1385, es una obra maestra del gótico tardío y del manuelino. Su interior deslumbra con bóvedas que se elevan a más de 32 metros de altura, la fastuosa capilla del Fundador y la espectacular sala capitular. Sin embargo, el mayor tesoro del monasterio es su claustro Real, cuyos arcos están decorados con finas tracerías manuelinas, adornadas con motivos como la cruz de la Orden de Cristo, esferas armilares y conchas marinas. La visita culmina en las Capelas Imperfeitas, una serie de capillas inacabadas, sin techo, donde la piedra tallada parece cobrar vida con la humedad y el musgo.

Como cierre perfecto a esta ruta, merece la pena hacer una parada en el convento de Cristo, en Tomar. Este monumental complejo, que perteneció a los templarios, alberga una girola poligonal inspirada en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Junto con los monasterios de Batalha y Alcobaça, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad y puede visitarse con una entrada combinada de 15 euros válida por una semana.

GUÍA PRÁCTICA

¿Cómo llegar?
Batalha, el punto de partida de esta ruta, se sitúa entre Lisboa y Coimbra. Desde Madrid, la opción más directa es tomar la autovía A-5 hasta Navalmoral de la Mata y continuar por la EX-A1, EX-108 y EX-117 hasta la frontera con Portugal en Zarza la Mayor. Desde allí, la ruta sigue por la N-240 hasta Castelo Branco, la A-23 hasta Atalaia, la A-13 hasta Tomar, la IC-9 hasta Perulhal y finalmente la N-356 hasta Batalha. Son unos 554 kilómetros, aproximadamente seis horas de viaje.

¿Cómo moverse?
En Nazaré, el funicular conocido como Ascensor es la mejor manera de subir al barrio de Sitio sin preocuparse por el estacionamiento. Funciona cada 15 minutos y cuesta 1,20 €. Para visitar las Berlengas, los barcos parten desde Peniche entre mayo y septiembre. La empresa más tradicional es Viamar, con billetes de ida y vuelta por 20 €.

¿Dónde dormir?
En Alcobaça, el Challet Fonte Nova ofrece una estancia en una mansión del siglo XIX con jardín y mobiliario de época. En Óbidos, The Literary Man es una opción singular, con más de 50.000 libros decorando sus habitaciones. Para una experiencia única, la Pousada do Castelo permite dormir en una fortaleza medieval. Para disfrutar del mar, el hotel Mar Bravo en Nazaré y el Surfers Lodge en Peniche son ideales para los amantes de la playa.

¿Dónde comer?
En Batalha, el restaurante Vintage ofrece una cena con vistas al monasterio. En Alcobaça, António Padeiro es famoso por su bacalao al horno. En Óbidos, Jamón Jamón destaca por su comida casera a buen precio. En Nazaré, Casa Pires es célebre por sus sardinas asadas, mientras que Nau dos Corvos en Peniche es perfecto para una cena con vistas espectaculares al cabo Carvoeiro.