Los lugares que han convertido a Gante en la capital belga del arte de vanguardia

Hablar de Gante es pensar en torres medievales, canales serenos y fachadas que parecen detenidas en el tiempo. La ciudad flamenca deslumbra con la catedral de San Bavón, la iglesia de San Nicolás, los muelles de Graslei y Korenlei reflejados en el Lys y la fortaleza del castillo de los Condes. También custodia una de las obras maestras de la pintura europea, La Adoración del Cordero Místico, de los hermanos Van Eyck. Sin embargo, reducir Gante a su herencia medieval sería quedarse a mitad de camino. En las últimas décadas, la ciudad ha sabido reinventarse hasta convertirse en uno de los polos culturales más inquietos de Europa, donde el arte contemporáneo y la arquitectura de vanguardia dialogan con naturalidad con siglos de historia.

Buena parte de esta transformación se explica por su espíritu joven. Con más de 70.000 estudiantes universitarios, Gante respira dinamismo, debate y experimentación. Esa energía se traduce en una escena cultural audaz, abierta a nuevas corrientes y capaz de ocupar tanto museos consolidados como antiguos edificios industriales, monasterios medievales o muros urbanos.

El Barrio de las Artes, corazón contemporáneo

Para comprender la dimensión actual de Gante es imprescindible acercarse al Barrio de las Artes, conocido como Kunstenkwartier. En esta zona, al sur del centro histórico, se concentra una red de instituciones culturales que redefinen el perfil creativo de la ciudad.

Uno de sus grandes referentes es el S.M.A.K., el Museo Municipal de Arte Actual. Instalado en un antiguo casino, este espacio reúne una de las colecciones de arte contemporáneo más relevantes del país. Sus salas acogen obras de corrientes como el pop art, el minimalismo o el arte povera, pero también propuestas experimentales que desdibujan los límites tradicionales del museo. Las exposiciones temporales suelen expandirse hacia el cercano Citadelpark, integrando naturaleza y creación artística en una experiencia abierta.

Frente al S.M.A.K. se encuentra el Museo de Bellas Artes, estableciendo un diálogo visual y conceptual entre pasado y presente. Esa convivencia resume la identidad cultural de Gante: tradición y vanguardia compartiendo espacio sin competir.

Muy cerca se alza la Boekentoren, conocida como la Torre de los Libros. Diseñada por Henry van de Velde, esta imponente estructura de hormigón se ha convertido en uno de los símbolos modernos de la ciudad. Custodia la biblioteca universitaria y, al mismo tiempo, representa la apuesta por una arquitectura funcional y visionaria.

El recorrido por el barrio continúa en el STAM, el Museo de la Ciudad, que propone un viaje interactivo por la evolución urbana de Gante. Maquetas, audiovisuales y recursos digitales permiten entender cómo la urbe ha pasado de enclave medieval a laboratorio cultural contemporáneo.

Diseño y arquitectura en diálogo permanente

De regreso al centro histórico, el relato creativo no se detiene. A pocos pasos de los icónicos muelles medievales se encuentra el Design Museum Gent. Ubicado tras una elegante fachada del siglo XVIII, el museo ejemplifica la filosofía local: un exterior clásico que alberga propuestas innovadoras. Sus colecciones recorren la historia del diseño, desde el art nouveau hasta las corrientes más sostenibles y experimentales del presente.

Pero la vanguardia en Gante no se limita a las paredes de los museos. También se expresa en intervenciones urbanas que han transformado la fisonomía de la ciudad. Un ejemplo destacado es De Krook, una biblioteca pública construida en un meandro del Escalda. Diseñada por el estudio Coussée & Goris junto a RCR Arquitectes, esta estructura de acero y cristal parece flotar sobre el agua. Sus pasarelas y terrazas se han convertido en un punto de encuentro ciudadano, donde la arquitectura contemporánea se integra con el paisaje fluvial.

Otra intervención emblemática es el Stadshal, el pabellón municipal situado en pleno corazón histórico. Rodeado por el campanario, la iglesia de San Nicolás y la catedral, este gran volumen de madera, vidrio y hormigón reinterpreta las cubiertas medievales en clave actual. Concebido como un espacio cubierto pero abierto, acoge mercados, conciertos y eventos públicos. Su construcción generó debate, pero con el tiempo se consolidó como símbolo de la valentía arquitectónica de la ciudad.

Espacios recuperados para la creación

La escena artística de Gante también se nutre de la recuperación de lugares insólitos. Un caso paradigmático es Zebrastraat. Lo que en el siglo XIX fue un zoológico y más tarde un complejo de viviendas sociales, hoy funciona como centro cultural y de innovación. Su patio interior alberga exposiciones, conciertos y encuentros creativos. Una de sus imágenes más llamativas es la intervención del artista Nick Ervinck, cuya estructura amarilla serpentea sobre el tejado y rompe con la sobriedad del ladrillo original.

En el barrio de Patershol, la Kunsthal Gent ocupa el antiguo monasterio medieval Caermersklooster. Lejos de ser un museo estático, se trata de una plataforma de producción y experimentación donde artistas desarrollan proyectos in situ. El contraste entre la arquitectura sacra y las propuestas contemporáneas genera una experiencia intensa y singular.

Otros espacios completan esta red alternativa. KIOSK funciona en un antiguo auditorio anatómico del campus de Bijloke, mientras que la Herbert Foundation, instalada en un edificio industrial rehabilitado, alberga una destacada colección de arte conceptual de los años setenta y ochenta.

Arte urbano, una galería al aire libre

Más allá de museos y centros culturales, Gante ha abrazado el arte urbano como parte esencial de su identidad. El proyecto “Sorry, Not Sorry” impulsa intervenciones en distintos barrios, consolidando una ruta de murales que amplía el mapa cultural.

El epicentro de esta expresión es la Werrengarenstraat, conocida como la calle de los grafitis. Este estrecho pasaje cambia de aspecto casi a diario: capas de pintura cubren y reinterpretan obras anteriores, convirtiendo el lugar en un organismo visual en constante transformación.

La ruta de arte urbano incluye también murales de artistas nacidos en la ciudad, como Roa, célebre por sus animales en blanco y negro de gran formato, o Bué The Warrior, autor de figuras coloridas y optimistas. Recorrer estos barrios permite descubrir una Gante menos turística y más espontánea.

Una vida cultural que trasciende los museos

La efervescencia creativa de Gante se extiende al teatro, la música y el cine. El Viernulvier, ubicado en el histórico edificio De Vooruit, es uno de los grandes epicentros culturales. Construido a principios del siglo XX como espacio de formación y encuentro obrero, hoy alberga salas de conciertos, teatro y exposiciones, además de una animada cafetería que funciona como punto de reunión para estudiantes y artistas.

El calendario anual suma citas de relevancia internacional, como el Film Fest Gent, reconocido por su énfasis en la música cinematográfica y por los World Soundtrack Awards. Cada cuatro años, la ciudad se transforma también con las Floraliën Gent, un festival floral que combina tradición hortícola e innovación sostenible.

Una ciudad que mira al futuro

Gante demuestra que la preservación del patrimonio no está reñida con la experimentación. Sus torres medievales conviven con pabellones contemporáneos; los monasterios se transforman en laboratorios artísticos; las calles históricas se convierten en lienzos urbanos.

Esta capacidad de integrar pasado y futuro ha consolidado a la ciudad como un referente cultural en Bélgica y más allá. Para quien la visita, la experiencia va mucho más allá de la postal medieval: es el descubrimiento de una urbe que se reinventa sin renunciar a su memoria, una ciudad antigua con vocación permanente de vanguardia.