No guardes objetos de una persona que ya falleció por esta razón
Al perder a una persona que queremos mucho, siempre es muy difícil afrontar esa situación, a veces nos queremos aferrar demasiado a esa persona que ya no esta, que decidimos quedarnos con sus cosas, ya que así creemos que estaría de alguno u otra forma aún con nosotros, pero déjame decirte que estas equivocado.
Si tu decidiste guardas los objetos de una persona que te hizo daño o ya falleció puede afectarte de una manera que no te das cuenta, ya que si no notas que te afecta al instante, podrás sentirlo a largo plazo. Si es que la persona te hizo daño debes retirar pronto las pertenencias de esta persona ya que de cierta manera vas a recordarlo, haciendo que esos malos momentos que viviste regresen continuamente.
La mejor forma de deshacerte de las ropas, es donándolos a caridades o bien regalando a otras personas que no tienen nada que ver con esa persona que estuvo en tu vida, no necesitas estar recordando constantemente.
Razón por la que no debes guardar objetos de una persona fallecida:
Cuando te desases de las cosas de la persona que falleció, como cambios en la casa, en las habitaciones, obliga indirectamente a los dolientes a estar bien, como si tuvieran prisa por aceptar y adaptarse a lo que sucedió, además, transforma artificialmente una situación muy difícil y que consume mucho tiempo en algo superfluo.
Cambia las energías:
Para las personas que creen en las energías, simplemente las pertenencias de esa persona que falleció, hará que rápidamente cambie el ambiente a energías malas, ya que puede perturbar tu mente, tu casa es el lugar donde mas tiempo estarás y si tienes esa clase de energía en tu hogar puede afectar tu salud mental, por eso es recomendable que te deshagas rápidamente a todo lo relacionado a esa persona.
Si el caso es un fallecido, retira rápidamente sus pertenecías:
Cuando no tienes las cosas del fallecido el recuerdo va disminuyendo, haciendo que el dolor desaparezca mas rápidamente, Intentar hacer un cambio muy drástico en la casa o en la habitación tras la pérdida obliga indirectamente a la persona que sufre a estar bien, como si le corriera prisa aceptar y adaptarse a lo que ha ocurrido.

