No lo dejaron llevar su inhalador y lo pagó con su vida: la historia que cambió una ley en Canadá

Lo que le ocurrió a Ryan Gibbons, un niño canadiense de 12 años, es una de esas historias que conmueven y al mismo tiempo hacen reflexionar. Su fallecimiento en 2012 a causa de un ataque de asma mientras se encontraba en la escuela no solo sacudió a su comunidad, sino que también se convirtió en el punto de partida para una transformación legal que ahora protege a miles de niños en su país.

Ryan era un chico lleno de vida, apasionado por las motos y la naturaleza, siempre dispuesto a salir a explorar. Pero lo que parecía ser un día normal de clases terminó en una tragedia inesperada. Mientras jugaba fútbol en el patio de su escuela, sufrió un ataque de asma. En ese momento, el dispositivo que podría haberle salvado la vida no estaba a su alcance. Su inhalador, esencial en este tipo de emergencias, se encontraba guardado bajo llave en la oficina del director, siguiendo la política del centro educativo.

A pesar de los intentos desesperados de sus amigos por llevarlo hasta donde estaba el medicamento, no llegaron a tiempo. Ryan perdió el conocimiento y, lamentablemente, no logró recuperarse. Lo que más indignó a su madre, Sandra Gibbons, fue que ya había advertido sobre la necesidad de que su hijo tuviera acceso libre a su inhalador. Incluso contaba con una nota médica que respaldaba esa necesidad, pero aun así la escuela mantenía una política estricta que impedía que los estudiantes portaran sus medicinas recetadas.

En más de una ocasión, Ryan intentó llevar un inhalador adicional consigo, pero el colegio se lo confiscaba. Sandra recibía llamadas del personal escolar pidiéndole que pasara a recogerlo. “Era frustrante”, recordó ella. “No entendía por qué lo hacían. Yo creía que con la nota del médico bastaba para que él pudiera tenerlo consigo”.

El caso generó una ola de indignación en Ontario, donde ocurrió el incidente, y llevó a Sandra a encabezar una campaña para evitar que lo mismo les sucediera a otros niños. Su lucha fue escuchada. Tiempo después del fallecimiento de su hijo, impulsó la creación de una ley que obliga a las escuelas a permitir que los niños con asma lleven sus inhaladores consigo durante la jornada escolar.

Así nació la “Ley Ryan”, una legislación que fue aprobada con apoyo unánime en el Parlamento provincial. Desde su implementación, los estudiantes asmáticos pueden tener sus dispositivos personales siempre cerca, siempre que cuenten con el aval de un profesional médico. Para Sandra, ese logro fue un pequeño consuelo en medio de un dolor que jamás desaparecerá.

“Cuando perdí a Ryan, sentí que había perdido mi razón de vivir”, expresó con emoción. “Pero sabía que lo que le pasó podía haberse evitado. Y si su historia servía para salvar a otros niños, entonces no podía quedarme callada”.

Organizaciones como la Sociedad del Asma de Canadá celebraron esta iniciativa. Su presidente, el Dr. Rob Oliphant, destacó la importancia del acceso inmediato a los medicamentos. “Los ataques pueden surgir en cualquier momento. No se puede perder tiempo buscando una llave o esperando a un adulto”, afirmó.

Aunque los avances médicos han permitido que las muertes por asma disminuyan, cada caso sigue siendo evitable si se toman las medidas adecuadas. El legado de Ryan ha dejado una enseñanza invaluable: la prevención salva vidas. Hoy, gracias a la insistencia de una madre decidida a hacer justicia, miles de estudiantes están más seguros en las escuelas de Ontario.

Compartir esta historia no solo es una forma de recordar a Ryan, sino también una oportunidad para generar conciencia sobre la importancia del acceso rápido a los tratamientos para el asma. Porque a veces, un simple inhalador en el bolsillo puede marcar la diferencia entre la vida y la tragedia.