¿Qué tipos de higos existen?
El higo es una de esas frutas que parecen contener dentro de sí la esencia de la dulzura natural. Su piel delicada, su interior jugoso y su aroma suave lo han convertido en un tesoro gastronómico desde tiempos antiguos. Originario de regiones cálidas del Mediterráneo y Asia Occidental, el higo no solo es apreciado por su sabor, sino también por su valor nutricional y su versatilidad en la cocina.
En este recorrido, exploraremos seis variedades destacadas: el Adriático, con su dulzura cremosa; el Black Mission, de piel oscura y sabor profundo; el Calimyrna, famoso por su toque a nuez; el Kadota, de tonos verdes y matices melosos; el Brown Turkey, de aroma suave y notas avellanadas; y el Alma, un pequeño tesoro de sabor a caramelo. Cada tipo tiene su propia personalidad, su historia y su mejor momento para ser disfrutado.
Higos Adriáticos
Llamados también higos de baya verde, los Adriáticos provienen del centro de Italia y son un espectáculo visual y gustativo. Su piel varía entre verde pálido y amarillenta, con rayas sutiles que les han valido el apodo de higos a rayas de caramelo. Sin embargo, es al abrirlos cuando muestran su verdadera belleza: una pulpa roja intensa, jugosa y rebosante de dulzor.
Su sabor recuerda al de las fresas y frambuesas maduras, pero con mayor profundidad y una textura suave que se deshace en la boca. Se recolectan dos veces al año, en junio y agosto, y son perfectos para postres sencillos: sobre yogur natural, acompañados de queso mascarpone o incluso con helado artesanal.
En Italia, es común encontrarlos en mermeladas caseras, donde su color y dulzura se intensifican, o como higos secos, perfectos para la despensa de invierno.
Higos Black Mission
El Black Mission, también conocido como Franciscana, es probablemente el higo más famoso de América. Su historia comienza en las Islas Baleares, pero fueron los misioneros franciscanos quienes lo llevaron a California en el siglo XVIII. Desde entonces, se convirtió en una de las variedades más cultivadas y apreciadas en el continente.
Su piel negra violácea encierra una pulpa color fresa, con un sabor dulce y complejo que mezcla notas de melón, plátano y un ligero toque a nuez. Produce dos cosechas al año y es excelente tanto fresco como seco.
En cocina, los Black Mission se lucen con quesos intensos como el azul o el manchego curado, en ensaladas con rúcula y nueces, o en repostería con masas suaves como bizcochos de aceite de oliva. Al secarse, su dulzura se concentra, convirtiéndose en un bocado energético ideal para senderistas y deportistas.
Higos Calimyrna
Originarios de Esmirna (Turquía) y hoy cultivados también en Grecia y California, los Calimyrna —o Smyrna— se reconocen por su piel verde clara que, al secarse, adquiere un tono dorado tostado. Su pulpa, de un atractivo tono violáceo, es densa y dulce, con un marcado sabor a nuez que los distingue de otras variedades.
Son muy apreciados en repostería y en combinaciones saladas, como ensaladas con queso feta o platos con carne de cordero. Aunque frescos son una delicia, es más común encontrarlos secos debido a su corta vida útil.
Además de su sabor, destacan por su valor nutritivo: son ricos en fibra, calcio, hierro y antioxidantes. Un par de higos Calimyrna secos acompañados de un té de hierbas constituyen una merienda saludable y energética.
Higos Alma
Desarrollados en la Universidad A&M de Texas, los higos Alma son pequeños a medianos, de forma de pera, con piel marrón dorada y pulpa ámbar. Destacan por su sabor a caramelo suave, con un equilibrio entre dulzura y una ligera acidez que los hace únicos.
Son jugosos, con semillas casi imperceptibles y un “ojo” cerrado que los protege de insectos y suciedad. Su resistencia a enfermedades los convierte en una opción popular en zonas cálidas y húmedas.
Los higos Alma son perfectos frescos, pero también en mermeladas o en postres como tartaletas y bizcochos. Mezclados con avena caliente, yogur o incluso en batidos, aportan un toque dulce y nutritivo. Ricos en vitamina C y antioxidantes, son tan saludables como deliciosos.
Higos Kadota
Con una historia que se remonta a la antigua Roma, los Kadota —también conocidos como Dottato o Peter’s Honey— fueron de las primeras variedades cultivadas con fines comerciales gracias a su piel gruesa y su capacidad de secado.
Tienen un tamaño mediano, piel verde claro o amarilla, y una pulpa rosada y suave. Son menos dulces que otras variedades, lo que los convierte en un excelente acompañamiento en platos salados o como base para conservas.
Asados con miel, combinados con hierbas aromáticas como el romero o servidos frescos en una ensalada de rúcula y queso fresco, los Kadota despliegan un equilibrio entre dulzura y frescura que resulta muy agradable. También son ideales para secar, obteniendo así un snack nutritivo y de larga duración.
Higos Brown Turkey
El Brown Turkey se reconoce por su piel que va del rojo óxido al púrpura, a menudo con vetas verde pálido, y por su pulpa rosada llena de pequeñas semillas doradas. Su sabor es dulce, pero menos intenso que el de otras variedades, con un delicado matiz a avellanas.
Frescos, tienen una textura jugosa y ligera, perfecta para comer directamente o para añadir a ensaladas con espinacas, queso de cabra y frutos secos. Al madurar, pueden presentar grietas en la piel que dejan ver su interior, algo que los hace aún más tentadores.
Son una buena fuente de fibra y ayudan a la digestión, además de combinar muy bien en platos de desayuno, como tostadas con ricotta o bowls de avena.
Más allá de las diferencias entre variedades, todos los higos comparten una característica común: son frutos que capturan la esencia del sol y la tierra donde crecen. Su temporada, que varía según la región y el tipo, es un momento esperado por quienes disfrutan de los sabores frescos y naturales.
Consumidos frescos, aportan jugosidad y frescura; secos, ofrecen energía concentrada y un sabor más intenso. Combinan con quesos, carnes curadas, ensaladas, panes, postres y, por supuesto, con vinos y licores que realcen su dulzura.
En la mesa, un plato con higos frescos partidos a la mitad, un trozo de queso curado y unas nueces puede ser tan satisfactorio como un postre elaborado. Y en la despensa, un frasco de mermelada de higos es un comodín que transforma desde tostadas de desayuno hasta salsas para carnes asadas.



