Robert Prevost es elegido papa y adopta el nombre de León XIV: una nueva etapa en la Iglesia

En un momento de gran expectativa para la comunidad católica y para el mundo entero, el Vaticano fue escenario de un acontecimiento histórico: la elección del nuevo papa. Este jueves 8 de mayo, tras dos días de deliberaciones en la Capilla Sixtina, el cónclave de cardenales anunció finalmente su decisión. Con la tradicional fumata blanca elevándose desde la chimenea del Vaticano, el mundo supo que un nuevo pontífice había sido elegido: el cardenal estadounidense Robert Francis Prevost, quien asumió el nombre de León XIV.

La elección de Prevost se concretó durante la cuarta votación del cónclave, iniciada el miércoles 7 de mayo sin un consenso claro. En esa primera jornada, la fumata negra reveló que los cardenales aún no habían llegado a un acuerdo. Pero durante la mañana del jueves, la situación cambió. La salida del humo blanco marcó el inicio de un nuevo capítulo para la Iglesia católica, que ahora se encuentra bajo la guía del papa número 267 en la historia del papado y el segundo pontífice estadounidense, aunque el primero en ser elegido papa.

León XIV sucede a Francisco, cuyo papado se extendió por 12 años y estuvo marcado por una serie de reformas e intentos por acercar a la Iglesia a los sectores más marginados del mundo. La elección de Prevost abre el interrogante sobre si estas transformaciones continuarán o si habrá un nuevo enfoque en la dirección eclesiástica.

Al aparecer por primera vez ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro, desde el tradicional balcón central de la Basílica de San Pedro —la Loggia delle Benedizioni—, el papa León XIV ofreció un mensaje breve, sereno y profundamente simbólico. “La paz esté con ustedes”, dijo, con voz pausada pero firme. Su saludo se interpretó como una reafirmación de uno de los valores fundamentales del cristianismo y un deseo de armonía universal. “También yo quisiera que este saludo de paz entrara en sus corazones, llegara a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra”, expresó.

Este gesto de humildad y cercanía marcó el inicio de un pontificado que muchos consideran prometedor. A lo largo de su carrera religiosa, León XIV ha demostrado ser un hombre equilibrado y profundamente espiritual. Su perfil combina características valoradas tanto en el ámbito pastoral como en el administrativo: es sobrio, sereno, determinado y conocedor tanto del mundo como de las complejidades internas del Vaticano. Además, es políglota y tiene una destacada experiencia misionera en América Latina, lo que refuerza su conexión con comunidades diversas y sus realidades sociales y espirituales.

Robert Prevost nació en Chicago y se unió a la Orden de San Agustín. Durante años, trabajó en Perú como misionero, lo que le permitió desarrollar una sensibilidad particular hacia los desafíos de América Latina. Su trayectoria ha estado marcada por el compromiso con los más necesitados y por un profundo conocimiento del tejido social y religioso de las regiones donde sirvió. Esta experiencia misionera lo ha moldeado como un líder cercano a la gente, con una visión global y al mismo tiempo profundamente humana.

En 2023, el papa Francisco lo convocó al Vaticano y lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos, una posición de alto perfil dentro de la Curia Romana, y en ese mismo año lo elevó al rango de cardenal. Este ascenso marcó un reconocimiento a su capacidad de liderazgo, a su apertura y a su compromiso con la renovación de la Iglesia.

La elección de León XIV fue el resultado de un consenso entre los 133 cardenales electores que participaron del cónclave. Para ser elegido papa se requiere una mayoría de dos tercios de los votos, es decir, al menos 90. El hecho de que lograra reunir ese apoyo refleja que fue visto como una figura capaz de unir a distintos sectores dentro de la Iglesia. En un tiempo donde se discuten muchas tensiones internas —como el papel de la mujer, los abusos dentro de la Iglesia, las posturas frente a temas sociales y la creciente secularización en el mundo—, la necesidad de un líder que combine firmeza con sensibilidad parecía imprescindible.

El arzobispo Timothy Broglio, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, compartió sus primeras impresiones con Vatican News poco después del anuncio. Manifestó estar “muy complacido con la elección de los cardenales” y, aunque reconoció sentirse sorprendido por el resultado, expresó su confianza plena en el nuevo papa. “Ofrezco una oración por el papa León y rezo por el comienzo de su misión y por su éxito”, afirmó Broglio, destacando la alegría y esperanza que despertó la elección en la Iglesia estadounidense.

Durante las horas posteriores al anuncio, miles de fieles permanecieron en la Plaza de San Pedro, muchos de ellos emocionados hasta las lágrimas. Para algunos, el simple hecho de ver aparecer a León XIV fue un momento de renovación espiritual; para otros, un símbolo de esperanza en medio de un mundo convulsionado. No fueron pocos los que destacaron su sencillez, la calma de su voz y la forma en que dirigió sus primeras palabras no solo a los presentes, sino a toda la humanidad.

Más allá de los simbolismos y la solemnidad del momento, la elección del papa León XIV también plantea numerosos desafíos. La Iglesia enfrenta un escenario global en el que debe encontrar nuevas formas de acercarse a los jóvenes, de combatir las desigualdades, de defender a los migrantes, y de posicionarse frente a los avances científicos y tecnológicos que despiertan nuevas preguntas éticas. A su vez, debe seguir lidiando con las consecuencias de los casos de abuso, que han golpeado duramente su credibilidad en distintas partes del mundo.

El perfil de Prevost, ahora León XIV, parece responder a estos tiempos complejos. Su experiencia en el campo misionero, su conocimiento de América Latina, su paso por los pasillos del Vaticano y su reciente cercanía con el papa Francisco le brindan herramientas para liderar una Iglesia que necesita renovación sin perder su esencia.

De cara al futuro, queda por ver cuál será la impronta de León XIV. ¿Optará por profundizar el camino reformista de su predecesor? ¿Buscará consolidar nuevas formas de diálogo con otras religiones y culturas? ¿Hará énfasis en los temas sociales o reforzará las estructuras tradicionales? Lo cierto es que su elección ya representa una señal de que la Iglesia apuesta por un liderazgo capaz de escuchar, comprender y actuar con serenidad y firmeza.

Con el inicio de este nuevo pontificado, el mundo católico abre un nuevo capítulo. León XIV ha comenzado su camino como pastor universal con un mensaje de paz y unidad. En los próximos meses, sus decisiones y palabras delinearán el rumbo de una Iglesia en búsqueda de renovación y de respuestas en un tiempo marcado por la incertidumbre, pero también por la esperanza.