Ruta sabrosa por Cantabria: un viaje culinario entre montañas y costa
Cantabria, esa región norteña de España muchas veces eclipsada por el prestigio gastronómico de sus vecinas Galicia y Asturias, guarda en silencio un tesoro culinario que espera ser descubierto por los verdaderos amantes del buen comer. Aunque para muchos su fama se limita a las anchoas de Santoña, lo cierto es que esta comunidad autónoma ofrece mucho más que pescado salado. En sus montañas y valles se producen carnes y quesos de altísima calidad, sus dulces tradicionales conservan recetas centenarias y su cocina contemporánea ha logrado consolidarse con nombres que ya son referencia dentro y fuera de España.
Recorrer Cantabria desde el paladar es una experiencia que combina historia, paisaje, tradición y modernidad. A continuación, te proponemos una ruta con cinco paradas imperdibles para saborear lo mejor de esta tierra.
Cenador de Amós
Comenzamos esta ruta en lo más alto de la gastronomía cántabra, en el restaurante Cenador de Amós, el único en la región que ha sido distinguido con tres estrellas Michelin. Situado en una elegante casona del siglo XVIII declarada patrimonio histórico, el restaurante está bajo la dirección del chef Jesús Sánchez, navarro de nacimiento pero cántabro de adopción desde hace más de tres décadas.
Aquí, la cocina tradicional cántabra se transforma en alta gastronomía. Recetas como el cocido montañés se reinterpretan con técnicas modernas sin perder su esencia. Las anchoas, como no podía ser de otro modo, tienen un papel destacado: se utilizan para preparar un garum que enriquece diversas salsas y también se presentan en mantequilla de conservación, con un sabor potente que recuerda al queso curado. Esta mantequilla se sirve con brioche casero y, como todo en el restaurante, está pensada hasta el mínimo detalle.
Incluso el pan, elaborado artesanalmente en el propio restaurante, tiene su momento estelar. Parte del pan que sobra se reutiliza para crear un postre sorprendente: una rebanada dulce en forma de pan tostado, elaborada con merengue de café, acompañada por un pastel de café y nuez y una pasa hecha de café y limón que sorprende tanto por su sabor como por su estética.
Sobaos Joselín
En el corazón de los Valles Pasiegos encontramos otro emblema de la gastronomía regional: los sobaos. Estos bizcochitos mantecosos y esponjosos nacieron como una forma de aprovechar el pan sobrante, pero con el paso del tiempo su receta evolucionó hasta convertirse en un producto icónico.
Uno de los obradores más importantes de Cantabria es Sobaos Joselín, una empresa familiar que mantiene viva la tradición desde hace generaciones. Su fábrica produce hasta 8.000 sobaos por hora y puede visitarse para conocer el proceso de elaboración y la historia del dulce. Además, en su tienda se pueden adquirir los sobaos hechos con la receta original, con una textura y sabor que superan por mucho a las versiones industriales.
Estos sobaos están en su punto justo durante la primera semana, por lo que se recomienda consumirlos pronto. Nada mejor que acompañarlos con un buen café en el desayuno o la merienda para apreciar sus matices dulces y mantecosos.
El Remedio
Siguiendo nuestra ruta, llegamos a El Remedio, un restaurante que se asienta sobre una pequeña colina con vistas espectaculares a la costa norte. Desde sus ventanales se puede observar el Atlántico en toda su fuerza, mientras en el interior, el ambiente cálido y acogedor ofrece refugio a los comensales.
La propuesta gastronómica de este lugar se basa en la tradición, pero con una presentación y combinaciones de sabores propias de la cocina actual. Algunos platos estrella que pueden encontrarse según la temporada incluyen foie gras con zanahoria y naranja acompañado de panettone tostado (una mezcla inusual que funciona de maravilla) y elaboraciones con trufa que los cocineros del lugar adoran utilizar.
El Remedio representa esa clase de restaurante que logra conectar el paisaje exterior con lo que se sirve en el plato. Una experiencia sensorial completa que, además de deleitar el paladar, alimenta la vista y el espíritu.
La Jarradilla
Cantabria es también tierra de quesos, aunque su tradición quesera difiere de la de otras regiones debido a las condiciones climáticas. La alta humedad de la zona dificulta la curación prolongada en cuevas, por lo que predominan los quesos frescos o de corta maduración.
La Jarradilla es una quesería artesanal ubicada también en los Valles Pasiegos, y está gestionada por una familia que previamente trabajó en la famosa Neal’s Yard Dairy de Londres. Su experiencia internacional se refleja en la calidad de sus productos, pero todo en esta quesería tiene un fuerte arraigo local.
El queso fresco que elaboran es uno de los más recomendables de la región. Su sabor suave y su textura cremosa son ideales para consumir solo o acompañado con mermeladas o pan de pueblo. Además, en la quesería se pueden adquirir otros productos locales y participar en visitas guiadas y talleres para conocer más sobre el arte de hacer queso.
Umma
Nuestra última parada nos lleva hasta la capital cántabra, Santander, donde Umma se posiciona como un restaurante moderno y desenfadado, pero con un nivel gastronómico altísimo. El chef Miguel Ángel Rodríguez, con experiencia en templos culinarios como Noma o El Celler de Can Roca, aplica todo ese bagaje en un local con espíritu neoyorquino y platos vibrantes.
Umma apuesta por una cocina creativa pero enraizada en la tradición. Entre sus platos destacan las anchoas con pesto y mantequilla de vaca pasiega sobre pan de algas, una combinación que resalta la calidad de los ingredientes locales, y el scampi con torreznos, salsa pil-pil y huevo, un plato que juega con texturas y sabores de forma magistral.
Este restaurante representa el futuro de la cocina cántabra: una generación de chefs jóvenes, con formación internacional, que no renuncian a la memoria culinaria de su tierra, sino que la reinventan con respeto e innovación.
Cantabria, con su mezcla de mar, montaña y valles verdes, es una región que ofrece una experiencia gastronómica rica y diversa. Desde sobaos hechos con recetas centenarias hasta cocina de vanguardia en locales con estrella Michelin, aquí hay algo para cada tipo de paladar.
La clave está en descubrir sus sabores con calma, con curiosidad y con hambre. Porque, como demuestra esta ruta, en cada rincón de Cantabria se encuentra una historia para contar y un plato para disfrutar.




