“Un clic que cambió todo”: la historia de Ema y la lucha de su mamá contra la violencia digital

La historia de Ema Bondaruk, una adolescente de apenas 15 años, dejó una huella imborrable en su familia, en su comunidad y en todos aquellos que hoy buscan visibilizar los riesgos que trae aparejado el uso irresponsable de la tecnología. Lo que comenzó como un día de alegría en su escuela terminó en una tragedia que expuso de la manera más dura la falta de protocolos y herramientas para enfrentar la violencia digital entre adolescentes.

Ema vivía con su mamá, Laura Sánchez, quien recuerda con claridad los últimos momentos junto a su hija. Aquella mañana, la adolescente se había preparado con entusiasmo para la tradicional foto escolar. Eligió con cuidado su ropa, alisó su cabello y salió de casa con la sonrisa que la caracterizaba. Tenía planes, sueños y proyectos, como cualquier chica de su edad. Nadie imaginaba que ese día sería el inicio de un doloroso recorrido.

Lo que ocurrió después marcó un antes y un después. En el colegio, comenzó a circular un video íntimo de Ema que había sido compartido por un compañero de clase sin su consentimiento. Lo que empezó como un envío aislado se multiplicó en cuestión de horas: los grupos de mensajería instantánea hicieron el resto. La viralización fue rápida y descontrolada. Para una adolescente, ese peso se volvió insoportable.

Al cumplirse un año de su fallecimiento, su mamá decidió transformar el dolor en acción. Laura presentó en el Congreso de la Nación la llamada Guía Ema, un material pensado para prevenir situaciones de violencia digital y acompañar a quienes las sufren. Además, propuso un proyecto de ley que busca incluir este tipo de problemáticas en la currícula escolar, entendiendo que la educación es la mejor herramienta para proteger a los jóvenes.

Según cuenta Laura, el rol de la escuela fue clave pero lamentablemente insuficiente. Tras detectar la situación, la institución se limitó a convocar a los chicos involucrados y a informar a sus familias. Sin embargo, no existió un protocolo de contención ni un acompañamiento adecuado. Para Laura, eso fue un error grave: “Si hubiera habido un plan de acción claro, quizá la historia sería otra”, asegura con la convicción de quien sabe que lo vivido no puede repetirse en otras familias.

La Guía Ema busca precisamente eso: dar herramientas a docentes, directivos y familias para saber cómo actuar ante casos de viralización de imágenes íntimas, hostigamiento digital o cualquier forma de exposición que pueda afectar la vida de los adolescentes.

Ema no era solo una estudiante más. Su mamá la describe como una chica alegre, cariñosa, con un fuerte sentido de justicia y solidaridad. Le gustaba ayudar a los adultos mayores y soñaba con estudiar psicología. Planeaba unas vacaciones familiares y ya había empezado a organizar su cumpleaños de octubre. Tenía toda la vida por delante.

El camino de Laura tras la pérdida fue durísimo. Los primeros meses estuvieron marcados por el dolor y la angustia. Sin embargo, encontró en la militancia y en el activismo una manera de transformar su historia en un motor de cambio. El contacto con referentes internacionales como Olimpia Coral Melo, activista mexicana que también sufrió la difusión no consentida de un video íntimo, fue un punto de apoyo importante. Melo impulsó en su país la conocida Ley Olimpia, que luego se replicó en varios lugares del mundo y que en la Argentina se traduce en la ley 27.736, que sanciona este tipo de conductas.

Pero esa normativa no alcanza a todos los escenarios, especialmente a los que involucran a adolescentes. Por eso, Laura insiste en que es fundamental avanzar en protocolos escolares y políticas específicas de prevención. “La adolescencia hoy está atravesada por lo digital. No alcanza con lo que se habla en casa: también hay que educar en las escuelas y en toda la sociedad”, afirma.

Para Laura, hablar de violencia digital de género es poner sobre la mesa una problemática que afecta de manera silenciosa pero muy real a miles de jóvenes. La exposición, la humillación y la presión social que se generan en entornos virtuales pueden tener consecuencias devastadoras. Por eso, cada paso que da con la Guía Ema y con el proyecto de ley es, en sus palabras, “un acto de amor y de memoria”.

En cada entrevista, Laura recuerda a su hija con ternura. La describe como un “cascabel” lleno de energía, alguien que iluminaba cada espacio al que llegaba. Y aunque la ausencia es irremplazable, encuentra en los pequeños gestos cotidianos la fuerza para seguir adelante. Una pluma blanca que se cruza en su camino, un recuerdo inesperado, una sonrisa en las fotos de Ema: para Laura, son señales de que su hija la acompaña en este camino.

Hoy, la lucha de Laura es también la de muchas familias que buscan un cambio. La historia de Ema se convirtió en un símbolo y en un llamado de atención para toda la sociedad. Porque, como repite su mamá, “un clic puede cambiarlo todo”.