Un detective asegura haber revelado la identidad de Banksy
Durante más de dos décadas, la identidad del artista callejero más famoso del mundo ha sido uno de los mayores misterios del arte contemporáneo. Banksy, cuya obra combina la crítica social, el humor y una ejecución visual impecable, ha logrado mantener el anonimato incluso en la era de la sobreexposición digital. Sin embargo, un detective español afirma haber resuelto el enigma y asegura conocer el verdadero nombre del creador detrás de los icónicos murales que han aparecido en distintas ciudades del mundo.
El protagonista de esta historia es Francisco Marco, detective privado, docente y escritor, quien decidió asumir este reto no por encargo profesional, sino para ganar una apuesta con sus hijos. Según relató en una entrevista reciente, la idea surgió una tarde cualquiera, cuando sus hijos, entre risas, lo desafiaron a descubrir quién era Banksy. Ellos, ajenos al mundo de la investigación, no imaginaban que su padre tomaría la broma como una auténtica misión.
Marco cuenta que la propuesta de sus hijos lo hizo sonreír, pero también despertó su curiosidad. Como experto en rastrear pistas y reconstruir identidades, sabía que, aunque Banksy se esforzara en permanecer invisible, siempre quedaría algún rastro. Para iniciar su búsqueda, contactó con un colaborador en Reino Unido y envió a otro compañero desde Barcelona, dispuesto a seguir las huellas del artista desde sus orígenes en Bristol.
Según el detective, el nombre real de Banksy es Robin Gunningham, nacido el 28 de julio de 1974. Hoy tendría 51 años y llevaría una vida mucho más normal de lo que cualquiera imaginaría. Está casado desde 2006 con Joy Charlotte Millward, una ex activista, y juntos tienen una hija pequeña. A pesar de la fama y la fortuna que ha acumulado, Marco sostiene que el artista lleva una existencia discreta, similar a la de cualquier familia de clase media británica.
El primer rastro: un dominio de internet
La pista inicial que condujo al detective hasta el nombre de Gunningham surgió del registro de un dominio informático en 2009, donde el artista habría utilizado su nombre real. A partir de ahí, comenzó una investigación minuciosa que incluyó el rastreo de direcciones, cambios de censo y vínculos empresariales.
Marco explica que, en una investigación de este tipo, el punto clave no está en lo que la persona hace actualmente, sino en lo que hizo antes de ser famosa. En el caso de Banksy, sus primeros movimientos digitales y financieros resultaron reveladores. Según el detective, la evidencia más sólida se obtuvo al analizar el entorno empresarial vinculado al artista: empresas de autenticación, distribución y venta de obras bajo distintos nombres legales.
De Robin Gunningham a Robert Banks
A medida que su fama crecía, Gunningham habría adoptado distintos alias. En un momento utilizó el nombre de Robert Banks, una variación que luego daría origen a su célebre apodo artístico. Poco después, desapareció del circuito del grafiti callejero tradicional y comenzó a planificar cuidadosamente la difusión de sus obras, jugando deliberadamente con el misterio que lo rodea.
El detective interpreta este cambio no como una estrategia artística de evasión, sino como una necesidad práctica. Al tratarse de intervenciones callejeras no autorizadas, su anonimato era su mejor defensa frente a posibles problemas legales. Sin embargo, con el tiempo, esa falta de identidad se convirtió también en parte de su marca personal.
El método detrás del descubrimiento
Marco asegura que su investigación no fue muy distinta a las que realiza habitualmente. Aplicó las mismas técnicas de rastreo utilizadas en casos de personas desaparecidas o fraudes económicos. Revisó registros, estudió la estructura de empresas y siguió la pista del dinero. “Cuando alguien se vuelve rico, suele cambiar su nombre o crear compañías para gestionar sus ingresos”, señala.
En el caso de Banksy, el detective detectó un entramado empresarial en el que destaca Pest Control Office Ltd, encargada de autenticar y proteger los derechos de las obras del artista. También identificó Picturesonwalls Ltd, dedicada a la comercialización de serigrafías y ediciones limitadas. Estas entidades, con movimientos financieros millonarios, lo llevaron a concluir que detrás de ambas estaba la misma persona: Robin Gunningham.
Las huellas económicas del anonimato
Según Marco, el dinero fue la clave definitiva para confirmar la identidad de Banksy. “Un artista que mueve tanto dinero tiene que gestionarlo de alguna forma”, explica. Así, rastreando los flujos económicos y los nombres detrás de las sociedades, logró vincular directamente a Gunningham con el universo del artista.
El detective admite que, más allá del interés profesional, su mayor satisfacción fue cumplir el desafío de sus hijos. “Pude demostrarles que, con paciencia y método, casi todo se puede descubrir”, comenta.
Entre los hallazgos más llamativos, Marco menciona una vivienda puesta en venta a nombre de Gunningham. En las fotografías publicadas en internet, el detective notó un detalle imposible de pasar por alto: las paredes del interior estaban decoradas con obras que llevaban la inconfundible firma de Banksy. “Amplié las imágenes y ahí estaban, Banksys en cada rincón”, recuerda.
Esa casa, situada en una zona tranquila a unos treinta kilómetros de Bristol, le permitió confirmar su hipótesis. El artista, a pesar de su fama global, mantenía una vida discreta y rutinaria, en una vivienda protegida casi como un búnker.
Un artista entre el anonimato y la fama
El caso de Banksy ha fascinado al público no solo por su talento artístico, sino por su habilidad para desafiar la lógica de la fama. Mientras otros buscan reconocimiento, él ha construido su mito a partir de la invisibilidad. Cada mural que aparece en Londres, París o Nueva York es recibido como un acontecimiento, y cada intento por descubrir su rostro alimenta aún más su leyenda.
El relato de Marco aporta nuevos elementos a un misterio que, pese a sus afirmaciones, sigue abierto. Muchos sostienen que Banksy podría ser un colectivo de artistas y no una sola persona, o que incluso la identidad de Gunningham fue adoptada como fachada deliberada. Lo cierto es que el enigma continúa despertando curiosidad y debate.
Más allá de si Robin Gunningham es o no Banksy, la historia pone de relieve el poder de la investigación y la fascinación humana por lo desconocido. El detective español llevó a cabo su búsqueda con las herramientas del oficio, pero también con una dosis de intuición y persistencia. El resultado, al menos para él y su familia, fue una pequeña victoria doméstica que trasciende el juego.
En palabras del propio Marco, la investigación fue “normal y corriente”, aunque el sujeto en cuestión fuera el artista callejero más famoso del planeta. Lo que empezó como una apuesta terminó siendo una historia que añade un nuevo capítulo a la leyenda de Banksy, el hombre —o tal vez el mito— que convirtió el anonimato en su obra maestra más duradera.



