Una ruta por los cafés más emblemáticos de Praga
Praga, la capital checa, es famosa por su arquitectura majestuosa, su atmósfera encantadora y su pasado lleno de historia. Pero también es reconocida por otra faceta igual de fascinante: su cultura cafetera. Desde hace siglos, los cafés praguenses han sido mucho más que simples lugares donde tomar una bebida caliente. Estos espacios fueron, y en muchos casos siguen siendo, puntos de encuentro para intelectuales, artistas y ciudadanos que buscaban inspiración, debate o simplemente un momento de calma. Hoy, recorrer sus cafeterías más icónicas es una forma de viajar en el tiempo y sumergirse en la vida cultural de la ciudad.
El café llegó a Europa desde Etiopía, pasando por la península arábiga y ganando popularidad en ciudades como La Meca y El Cairo, donde surgieron los primeros establecimientos dedicados exclusivamente a esta bebida: los qahveh khaneh, o casas de café. Ya en el siglo XVII, El Cairo contaba con unas 2000 cafeterías. No tardó en cruzar fronteras hasta llegar a las ciudades europeas, y entre ellas, Praga fue una de las que abrazó con entusiasmo esta nueva costumbre social.
El primer local dedicado al café en Praga fue inaugurado en 1714 por Georgius Deodatus Damascenus. Este hombre, de origen oriental, vendía café en las calles vistiendo un caftán, turbante y zapatos de punta levantada. Ofrecía la bebida en una jarra que mantenía caliente sobre una sartén con brasas, llevándola en equilibrio sobre una bandeja colocada sobre su cabeza. Era tan característico que los ciudadanos lo apodaron simplemente “El árabe”. Con lo que ganaba, abrió el primer café formal en la Casa de la Serpiente de Oro (U Zlatého hada), cerca del puente Carlos, donde sirvió café hasta su muerte en 1730.
Durante la primera mitad del siglo XX, Praga vivió un verdadero auge cafetero. Estos espacios eran parte esencial de la vida urbana y de la vida intelectual. Escritores como Kafka, periodistas, artistas y filósofos se reunían en cafés para debatir sobre literatura, política o simplemente observar el ir y venir de la vida. Hoy, muchos de esos lugares conservan su esencia o han sido recuperados, y forman parte de cualquier visita cultural por la ciudad.
Café Imperial
Abierto en 1914, el Café Imperial es una joya del art decó que deslumbra con sus azulejos cerámicos decorados, techos altos con candelabros y un ambiente que transporta al visitante a los días de esplendor de los cafés europeos. Personalidades como el compositor Leos Janáček o Franz Kafka frecuentaban este lugar. Su atmósfera elegante lo convierte en una parada imprescindible para quienes buscan café con historia.
Café de la Casa Municipal
Ubicado en la majestuosa Casa Municipal (Obecní dům), en la céntrica plaza Náměstí Republiky, este café combina el refinamiento del art nouveau con la historia checa. En este edificio se proclamó la independencia de Checoslovaquia en 1918. Su interior cuenta con techos altos, ventanales, espejos y lámparas de cristal. Aquí se puede disfrutar de un café vienés acompañado de una tarta elaborada en el lugar, además de opciones ligeras como ensaladas o quiches.
Grand Café Orient
Este es el único café de estilo cubista en el mundo, ubicado desde 1912 en la Casa de la Madre Negra de Dios, una obra del arquitecto Josef Gočár. Todo en su interior sigue los principios del cubismo: desde las lámparas hasta la vajilla. En este espacio singular se pueden saborear pasteles rellenos de queso o mermelada mientras se disfruta de un espresso servido con una estética única.
Café Slavia
Frente al Teatro Nacional se encuentra una de las cafeterías más queridas por locales y visitantes: el Café Slavia. Desde 1884 ha sido refugio para figuras como Kafka, Rilke y más recientemente Václav Havel. Su decoración art déco y las vistas al Castillo de Praga y al puente Carlos lo hacen un lugar privilegiado para tomar un café, disfrutar de crepas dulces o saladas, o incluso probar un grog checo caliente.
Café Louvre
Desde su apertura en 1902, el Café Louvre ha sido punto de encuentro para grandes personalidades, incluyendo a Franz Kafka y Albert Einstein. Restaurado en los años 90, conserva su atmósfera clásica. Aquí es habitual encontrar periódicos disponibles, mesas de billar y juegos de mesa para entretenerse. El desayuno es famoso, pero también destacan los platos tradicionales como el goulash o los postres caseros.
Café Savoy
Situado en una elegante planta baja cerca de la isla de Kampa, este café abrió sus puertas en 1893. Con su decoración refinada, frescos en el techo y detalles dorados, ofrece un desayuno inolvidable: huevos al gusto, strudel de manzana y su famoso bizcocho savarin. Su panadería artesanal añade un aroma irresistible que impregna el lugar.
Ovocný Světozor
En el pasadizo Lucerna, a pasos de la plaza Wenceslao, se encuentra esta pastelería-cafetería menos formal pero igualmente especial. Rodeada de arte y juventud, su vitrina muestra tartas, helados y dulces como el Větrník, relleno de crema de caramelo, o la clásica tarta Medovník de miel. Aquí también se puede probar la Doboš, con capas de chocolate y caramelo, ideal para acompañar con café o chocolate caliente.
Villa Werich
En la isla de Kampa se encuentra la casa del célebre actor y dramaturgo Jan Werich, que hoy alberga exposiciones y, en su planta baja, una encantadora cafetería: IF Café. Con ambiente acogedor y decoración francesa, es famosa por sus huevos benedictinos y una gran variedad de pasteles elaborados con esmero. Destacan los Werichovy rohlíčky, horneados en honor al escritor, y la tarta Dort Medy Mládkové, dedicada a la promotora cultural Meda Mládková.
Malostranská Beseda
En pleno barrio de Malá Strana, este café-restaurante ocupa un edificio histórico que fue sede del antiguo ayuntamiento. Es ideal para una pausa en medio del paseo, ya sea para disfrutar un café de alta calidad, un capuchino, una cerveza artesanal checa o platos típicos acompañados de vinos moravos.
Explorar Praga a través de sus cafés es una forma diferente y deliciosa de conectar con la ciudad. Desde salones llenos de historia hasta rincones bohemios y modernos, cada establecimiento guarda una anécdota, una receta especial y una atmósfera única. Tómate tu tiempo en cada parada, saborea el momento y deja que el aroma del café te guíe por esta ciudad que vive entre el pasado y el presente.




