¿Y si el envejecimiento fuera “contagioso”? Revelan que se propaga de célula en célula
Durante décadas, la ciencia ha considerado que el envejecimiento era un proceso inevitable que afectaba a cada órgano de forma independiente, impulsado principalmente por el desgaste y los daños acumulados en las células. Sin embargo, una nueva investigación ha dado un giro inesperado a esta visión: el envejecimiento podría propagarse por el cuerpo de manera similar a una infección.
Este sorprendente hallazgo, publicado en la revista Metabolism, revela que células envejecidas pueden liberar señales que afectan a células sanas cercanas, provocando en ellas los mismos signos de deterioro. Es decir, el envejecimiento no solo avanza por factores internos, sino también por influencia del entorno celular.
El equipo científico identificó una molécula clave en este fenómeno: la proteína HMGB1 en su forma reducida. Esta proteína, que normalmente reside dentro del núcleo celular organizando el ADN, cambia radicalmente de comportamiento cuando la célula sufre daños o envejece. Al salir al exterior, se convierte en una especie de mensajera que activa respuestas inflamatorias en otras células.
Lo más interesante es que no todas las formas de HMGB1 tienen el mismo efecto. Fue la versión reducida —llamada ReHMGB1— la que mostró una capacidad notable para inducir el envejecimiento en células previamente sanas. En experimentos de laboratorio, los investigadores observaron cómo células humanas jóvenes, al entrar en contacto con esta proteína, dejaban de dividirse, activaban genes vinculados a la senescencia y comenzaban a secretar sustancias inflamatorias típicas de tejidos envejecidos.
Este efecto no se limitó a un solo tipo de célula. Se replicó en fibroblastos, células renales, musculares y más. Lo que sugiere que la propagación del envejecimiento ocurre de forma generalizada, casi como una cadena de transmisión celular.
La clave de este mecanismo parece estar en la activación de ciertos receptores celulares, como el RAGE, que pone en marcha vías bioquímicas asociadas a inflamación crónica, como JAK/STAT y NF-κB. A partir de ahí, las células comienzan a producir factores SASP, un conjunto de sustancias que no solo refuerzan el estado senescente, sino que también afectan negativamente a células vecinas, perpetuando el ciclo.
En pruebas con modelos animales, los resultados fueron igual de reveladores. Ratones jóvenes que recibieron inyecciones de ReHMGB1 desarrollaron signos de envejecimiento en tejidos como el hígado y los músculos, reflejados en la activación de genes como p21 y p16, que marcan el deterioro celular.
Estos datos refuerzan la idea de que el envejecimiento puede extenderse de manera sistémica, de un grupo de células a otro, y que ReHMGB1 juega un papel central en este proceso. Este descubrimiento también podría explicar por qué, en muchos casos, distintos órganos comienzan a mostrar signos de deterioro al mismo tiempo, incluso si no han sufrido daños evidentes.
La buena noticia es que este hallazgo abre nuevas posibilidades terapéuticas. En el estudio, los científicos aplicaron anticuerpos diseñados para neutralizar la HMGB1 extracelular en ratones de mediana edad que habían sufrido una lesión muscular. El resultado fue alentador: no solo se redujo la inflamación, sino que la regeneración muscular fue más efectiva y se detectaron menos signos de envejecimiento celular.
Esto sugiere que bloquear la acción de ReHMGB1 podría convertirse en una herramienta poderosa para prevenir o ralentizar el deterioro que acompaña al paso del tiempo. Aunque aún falta camino por recorrer antes de llegar a tratamientos aplicables en humanos, el enfoque es prometedor.
Comprender cómo se transmite el envejecimiento dentro del cuerpo revoluciona la visión tradicional del proceso de envejecer. Ya no se trata solamente de mejorar la salud celular de forma aislada, sino de interrumpir los circuitos de propagación que lo aceleran. Y en ese camino, la proteína ReHMGB1 se convierte en una pieza clave para el desarrollo de terapias que podrían prolongar la vitalidad de los tejidos y mejorar la calidad de vida en la edad avanzada.
