Cómo el envejecimiento impacta de manera diferente en hombres y mujeres
El mundo está envejeciendo. Cada año, millones de personas cruzan la barrera de los 60 años, y esta tendencia continuará durante las próximas décadas. Vivir más tiempo puede parecer una buena noticia —y lo es—, pero también trae nuevos desafíos para la salud. Uno de los más importantes tiene que ver con los trastornos musculoesqueléticos, es decir, las enfermedades que afectan los huesos, los músculos y las articulaciones.
Un extenso análisis global reveló que estos problemas de salud están aumentando principalmente por una razón: la humanidad vive más años que nunca. Sin embargo, el impacto del envejecimiento no es igual para todos. Existen diferencias claras entre hombres y mujeres, y también entre países ricos y países con menos recursos.
Envejecimiento y salud del cuerpo en movimiento
Los trastornos musculoesqueléticos abarcan una amplia variedad de enfermedades que afectan el sistema que nos permite movernos. Incluyen afecciones como la artritis, la osteoporosis, la gota, la artritis reumatoide y el dolor de espalda crónico. Aunque muchas de ellas no ponen en peligro la vida, sí pueden transformar profundamente la forma en que una persona vive.
Caminar, vestirse, subir una escalera o incluso dormir puede volverse doloroso o difícil. A medida que el cuerpo envejece, los huesos se vuelven más frágiles, los músculos pierden fuerza y las articulaciones se desgastan. El envejecimiento, entonces, no solo cambia la apariencia física, sino también la capacidad de moverse y mantener la independencia.
Qué mostró el análisis global
Para comprender mejor esta situación, se revisaron datos recopilados desde 1990 hasta 2021 en países de todo el mundo. El objetivo fue determinar si el aumento de los trastornos musculoesqueléticos se debía a que hay más personas en general o a que hay más adultos mayores.
Los resultados fueron contundentes: en un tercio de los países, el motivo principal del aumento fue que la población envejece. Dicho de otro modo, el incremento no se explica solo por el crecimiento demográfico, sino por el hecho de que más personas alcanzan edades avanzadas.
Este fenómeno tiene consecuencias directas. Los países con una población envejecida están viendo crecer los casos de osteoartritis, dolor lumbar, artritis reumatoide y osteoporosis. Y aunque estas enfermedades afectan a ambos sexos, su impacto varía según el contexto social, económico y cultural.
Las diferencias entre hombres y mujeres
Una de las conclusiones más llamativas es que el envejecimiento no impacta igual en hombres y mujeres. A nivel global, los hombres parecen ser los más afectados por el aumento de enfermedades musculoesqueléticas relacionadas con la edad. Pero esa tendencia cambia según el nivel de desarrollo del país.
En los lugares con índices sociodemográficos altos o medio-altos —es decir, donde hay mejores ingresos, educación y acceso a la salud—, los hombres muestran un mayor incremento en la discapacidad causada por estos trastornos. En cambio, en los países con índices bajos o medios, las mujeres son las que sufren más el impacto del envejecimiento en su sistema musculoesquelético.
Esta diferencia puede tener múltiples explicaciones. En los países con menos recursos, las mujeres suelen asumir más tareas domésticas y de cuidado, que implican esfuerzo físico continuo. Además, tienen menos acceso a atención médica preventiva o a tratamientos oportunos. En las naciones desarrolladas, por el contrario, los hombres tienden a presentar estilos de vida más sedentarios y mayores tasas de enfermedades metabólicas, lo que podría agravar los problemas musculares y articulares con la edad.
En definitiva, el envejecimiento afecta a todos, pero no de la misma manera, y los factores sociales y económicos son determinantes en cómo se manifiestan las enfermedades.
Qué son y cómo se manifiestan estos trastornos
Los trastornos musculoesqueléticos pueden afectar huesos, músculos, tendones, ligamentos o articulaciones. Algunos de los más comunes son:
- Osteoartritis: ocurre cuando el cartílago que recubre las articulaciones se desgasta. Provoca dolor, rigidez y pérdida de movilidad.
- Gota: se origina por una acumulación de cristales de ácido úrico en las articulaciones, lo que causa episodios de dolor intenso, sobre todo en pies y rodillas.
- Artritis reumatoide: es una enfermedad autoinmune en la que el propio sistema defensivo del cuerpo ataca las articulaciones, generando inflamación crónica.
- Osteoporosis: debilita los huesos, los hace porosos y aumenta el riesgo de fracturas.
- Dolor lumbar o de espalda: una de las dolencias más comunes del mundo, relacionada con el deterioro de los discos, la debilidad muscular o las malas posturas.
Estas enfermedades pueden parecer propias de la vejez, pero su origen se relaciona también con la genética, el estilo de vida, la alimentación y la actividad física. Prevenirlas requiere un enfoque integral que empiece mucho antes de la tercera edad.
Un problema global que crece rápido
El estudio identificó que los países de ingresos medios —aquellos que no son ni los más ricos ni los más pobres— están experimentando los mayores aumentos proporcionales de trastornos musculoesqueléticos. En estas naciones, la población todavía es relativamente joven, pero el número de personas mayores crece a gran velocidad.
Esto genera un desafío enorme: sus sistemas de salud suelen estar menos preparados para atender enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento. Mientras tanto, los países ricos ya enfrentan una población más longeva, pero cuentan con más recursos para ofrecer tratamientos y rehabilitación.
La tendencia es clara: el envejecimiento es un fenómeno global, pero su impacto no se distribuye de forma equitativa. Cada región enfrenta el problema desde una realidad distinta.
La osteoartritis, al frente del aumento
De todos los trastornos analizados, la osteoartritis es el que más ha crecido en casi todos los países. Le siguen la gota y la artritis reumatoide. El desgaste de las articulaciones se ha convertido en una de las principales causas de dolor y discapacidad en adultos mayores, y su prevalencia seguirá aumentando en las próximas décadas.
En alrededor de un tercio de los países del mundo, el envejecimiento poblacional fue el factor más importante detrás del aumento general de estas enfermedades. Esto implica que, aunque las personas vivan más, muchas lo hacen con dolor o movilidad reducida, lo que afecta su calidad de vida y su autonomía.
El costo económico y social del envejecimiento
En 2021, los trastornos musculoesqueléticos asociados al envejecimiento representaron un gasto mundial estimado de 96.000 millones de dólares, lo que equivale al 0,10% del producto bruto global. Esta cifra incluye consultas médicas, tratamientos, cirugías, medicamentos y rehabilitación, pero también el impacto económico de la pérdida de productividad, el ausentismo laboral y la necesidad de cuidados prolongados.
Más allá del dinero, hay un costo humano enorme. El dolor crónico, la limitación de movimientos y la pérdida de independencia afectan la salud mental, las relaciones personales y la vida diaria de millones de personas.
Cómo afrontar el desafío
El envejecimiento saludable no solo depende de los avances médicos, sino también de la prevención y del acceso a sistemas de salud capaces de acompañar a las personas durante toda su vida. Las estrategias más efectivas incluyen promover la actividad física regular, una alimentación equilibrada rica en calcio y vitamina D, la detección temprana de enfermedades óseas y musculares, y la educación sobre el cuidado del cuerpo a lo largo del tiempo.
Los países deben planificar políticas específicas según sus contextos sociodemográficos. En algunos lugares será necesario fortalecer la atención primaria y mejorar el acceso a tratamientos; en otros, implementar programas de rehabilitación o apoyo social para adultos mayores.
El envejecimiento de la población es una realidad que no se puede revertir, pero sí se puede aprender a envejecer con salud y dignidad. Abordar los trastornos musculoesqueléticos no es solo una cuestión médica: es también un desafío social, económico y humano.
Si el siglo XXI será recordado como el siglo de la longevidad, entonces el reto es lograr que esa longevidad esté acompañada de movimiento, fuerza y bienestar. Envejecer ya no debe significar perder la capacidad de vivir plenamente, sino una nueva etapa para hacerlo con sabiduría y sin dolor.




