Hallan un coral gigante de 2.000 años en un volcán submarino

En un contexto marcado por el deterioro acelerado de los arrecifes de coral en todo el planeta, un hallazgo realizado en una de las regiones más remotas del océano Pacífico ha sorprendido a la comunidad científica. En el interior de un volcán submarino, investigadores identificaron un coral gigante que habría permanecido creciendo durante más de dos milenios, protegido de la vista y de la actividad humana.

La enorme estructura se encuentra dentro de la caldera volcánica de Maug, en el archipiélago de las Marianas, un lugar de difícil acceso y con condiciones ambientales extremas. Los científicos la describen como una auténtica “catedral submarina”, no solo por sus dimensiones, sino también por su compleja estructura, formada por millones de pequeños organismos que, juntos, constituyen un único ser vivo.

El coral pertenece a la especie Porites rus, conocida por su resistencia y longevidad. Sin embargo, el ejemplar descubierto supera ampliamente todo lo registrado hasta ahora para esta especie, convirtiéndose en el más grande de su tipo del que se tiene constancia.

Un tamaño tan extraordinario que resultó difícil medirlo

Aunque los habitantes de la zona conocían desde hacía años la existencia de esta gigantesca formación, no fue hasta 2025 cuando un equipo de científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) logró realizar las primeras mediciones detalladas.

El trabajo no fue sencillo. Las limitaciones de seguridad para el buceo impidieron durante mucho tiempo obtener datos precisos sobre sus dimensiones. Finalmente, las estimaciones revelaron una estructura que supera los 1.300 metros cuadrados de superficie, con aproximadamente 30 metros de ancho en su parte superior y una base que alcanza cerca de 60 metros.

Las cifras impresionaron incluso a los investigadores. Según los primeros análisis, este coral es más de tres veces mayor que el anterior récord conocido para un ejemplar de la misma especie, lo que lo convierte en una referencia excepcional para el estudio de los ecosistemas marinos.

Un organismo que comenzó a crecer hace más de dos mil años

Más allá de sus dimensiones, otro aspecto que llama la atención es su antigüedad. A diferencia de los árboles, los corales no generan anillos de crecimiento claramente visibles, por lo que determinar su edad exacta representa un importante desafío para los científicos.

No obstante, los especialistas estiman que los corales de la especie Porites rus crecen, en promedio, alrededor de un centímetro por año. A partir de esa tasa de desarrollo y del tamaño alcanzado por este ejemplar, calculan que podría tener más de 2.050 años.

De confirmarse esta estimación, el coral habría comenzado a desarrollarse cuando el Imperio romano todavía existía y habría sobrevivido a incontables cambios climáticos, erupciones volcánicas y transformaciones del océano, creciendo de forma ininterrumpida durante más de veinte siglos.

El entorno donde sobrevive desconcierta a los investigadores

Sin embargo, el aspecto que más intriga a la comunidad científica no es únicamente su tamaño o su longevidad, sino el ambiente en el que ha logrado prosperar.

El coral vive dentro de una caldera volcánica activa donde el dióxido de carbono emerge constantemente desde el fondo marino. Como consecuencia, algunas áreas cercanas presentan niveles elevados de acidez, condiciones que dificultan seriamente la supervivencia de numerosas especies marinas.

En varios sectores de este entorno extremo prácticamente no existe vida. Sin embargo, a escasa distancia de esas aguas altamente ácidas, este gigantesco coral no solo ha conseguido sobrevivir, sino que continúa creciendo.

Para los investigadores, esta aparente contradicción convierte a Maug en un laboratorio natural de enorme valor científico. Comprender qué mecanismos permiten a este organismo resistir condiciones tan adversas podría ofrecer pistas sobre la capacidad de adaptación de otros corales frente al avance del cambio climático y la acidificación de los océanos.

Un descubrimiento que aporta esperanza para los arrecifes

El hallazgo adquiere una relevancia especial en un momento crítico para los ecosistemas coralinos del planeta.

Durante las últimas décadas, el aumento de la temperatura del océano ha provocado episodios masivos de blanqueamiento que afectan a arrecifes de prácticamente todas las regiones tropicales. Este fenómeno ocurre cuando los corales expulsan las algas microscópicas con las que mantienen una relación simbiótica, perdiendo color y debilitándose hasta, en muchos casos, morir.

Los estudios más recientes indican que más del 75 % de los arrecifes del mundo han experimentado eventos de blanqueamiento debido al calentamiento de las aguas. En algunas regiones, la pérdida de coral vivo ha alcanzado cerca del 50 % en apenas dos décadas.

Por ese motivo, el coral descubierto en Maug representa mucho más que una curiosidad biológica. Los científicos consideran que podría contener información clave para comprender cómo ciertas especies logran soportar condiciones ambientales extremas y si esos mecanismos podrían favorecer la conservación de otros arrecifes en el futuro.

El otro gigante que sorprendió a los científicos

Este no es el único descubrimiento extraordinario registrado en los últimos años.

En 2024, un equipo de exploración de National Geographic realizaba una expedición en las Islas Salomón con el objetivo de localizar un antiguo naufragio cuando encontró una gigantesca estructura coralina completamente inesperada.

Se trataba de un único organismo perteneciente a la especie Pavona clavus, con aproximadamente 34 metros de ancho, 32 metros de largo y cerca de seis metros de altura. Su tamaño supera incluso al de una ballena azul y es tan grande que puede distinguirse mediante imágenes satelitales.

Lo más llamativo es que no se trata de un arrecife compuesto por múltiples colonias independientes, sino de un solo organismo formado por millones de pólipos que funcionan como una única entidad biológica. Los investigadores estiman que tiene entre 300 y 500 años de antigüedad.

Tanto este descubrimiento como el realizado en la caldera volcánica de Maug demuestran que los océanos aún esconden gigantes vivos que permanecieron ocultos durante siglos. En un planeta donde buena parte del fondo marino sigue sin explorarse, cada nueva expedición recuerda que todavía quedan numerosos secretos esperando ser descubiertos bajo la superficie.