Turista escapó de un intento de secuestro en París tras recordar la película Búsqueda implacable

Lo que debía ser un viaje especial para celebrar sus 29 años terminó convirtiéndose en una experiencia que difícilmente olvidará. Djanaya Hampton, una joven australiana que había viajado sola a París, relató cómo logró escapar de una situación que interpretó como un posible intento de secuestro. Según su testimonio, recordar algunas escenas de la película Búsqueda implacable (Taken) la llevó a desconfiar de dos desconocidos que comenzaron a hacerle preguntas personales.

El episodio ocurrió en mayo de 2025, cuando Hampton llegó a la capital francesa desde Perth con la intención de disfrutar de unos días de descanso. Entre sus planes estaba contemplar la Torre Eiffel iluminada durante la noche y celebrar su cumpleaños en uno de los destinos turísticos más visitados del mundo.

Una de esas tardes decidió organizar un pequeño picnic en un parque mientras esperaba que llegara el momento de disfrutar del paisaje nocturno. La situación parecía completamente normal hasta que, cerca de las 20:00, dos hombres jóvenes se acercaron y se instalaron junto a ella.

Al principio, el contacto no despertó demasiadas sospechas. Uno de ellos comenzó a sonreírle y a entablar una conversación informal. Sin embargo, a medida que avanzaban los minutos, las preguntas empezaron a resultarle incómodas. Los desconocidos querían saber si estaba viajando sola, dónde se hospedaba y si tenía pareja.

Hampton decidió responder que estaba esperando a una amiga que se encontraba en el hotel. A pesar de esa explicación, uno de los hombres continuó insistiendo para que lo acompañara a una fiesta. Aunque inicialmente no había considerado que la situación pudiera representar un peligro, la insistencia y el interés por conocer tantos detalles de su vida comenzaron a generarle desconfianza.

Fue entonces cuando recordó “Taken”, la película de 2008 protagonizada por Liam Neeson, cuya historia gira alrededor de una joven que es secuestrada durante un viaje a París. En la ficción, los responsables utilizan información obtenida durante un primer acercamiento para localizar a sus víctimas. La similitud con algunas de las preguntas que estaba recibiendo hizo que Hampton decidiera mantenerse alerta.

La situación se volvió todavía más extraña cuando uno de los desconocidos se levantó y la sujetó para que su compañero pudiera tomarle una fotografía. La joven intentó cubrirse el rostro para evitar aparecer en la imagen, pero no consiguió impedir que la fotografiaran.

Poco después, según su relato, observó cómo los dos hombres se acercaban a un vendedor de la zona, le entregaban dinero y comenzaban a señalarla. Ese comportamiento incrementó su preocupación y la convenció de que debía alejarse cuanto antes.

Ante la incertidumbre, decidió comunicarse con su mejor amiga para contarle lo que estaba sucediendo. La conversación telefónica se convirtió en un apoyo fundamental durante los momentos siguientes. Su amiga le fue indicando cómo actuar y permaneció esperándola durante aproximadamente 40 minutos en un restaurante cercano.

Hampton finalmente consiguió abandonar el lugar y abordó un tren, con la esperanza de dejar atrás a los desconocidos. Sin embargo, poco después advirtió que los mismos hombres habían ingresado al vagón. Esta vez no estaban solos: según contó, los acompañaban otras cinco personas, entre ellas dos mujeres.

En medio de aquella situación, escuchó una frase que aumentó todavía más su temor: “Sí, está aquí”.

La joven interpretó que el grupo estaba pendiente de sus movimientos y comprendió que necesitaba encontrar un lugar concurrido para pedir ayuda. Por ese motivo, decidió bajar en la estación de Notre Dame, donde esperaba encontrar más personas y mayores posibilidades de recibir asistencia.

Pero el problema no terminó allí. Al notar que algunos de los individuos también la seguían, Hampton volvió a subir al tren e intentó alejarse. Durante esos movimientos consiguió perder de vista a parte del grupo, aunque otros lograron acercarse nuevamente y la rodearon.

La angustia comenzó a dominarla. En ese momento, la joven se sintió desbordada por el miedo y rompió en llanto. Había viajado a París con la intención de celebrar una fecha especial y ahora temía no poder regresar a salvo.

 

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La situación cambió gracias a la intervención de un pasajero que advirtió que algo no estaba bien. El hombre se acercó, le preguntó si necesitaba ayuda y escuchó la explicación que le proporcionó la amiga de Hampton, quien todavía permanecía conectada por teléfono.

De acuerdo con el testimonio de la joven, el pasajero trabajaba como guardia de seguridad. Al comprender lo que estaba ocurriendo, decidió acompañarla y le ofreció su chaqueta para que pudiera cubrirse. También la tranquilizó y le pidió que permaneciera a su lado mientras buscaban una forma segura de abandonar la zona.

La presencia de aquel desconocido resultó decisiva para que Hampton recuperara algo de tranquilidad. Finalmente, ambos pudieron organizar un traslado mediante un vehículo solicitado por una aplicación, lo que le permitió alejarse del lugar.

Al día siguiente, según contó, recibió asistencia para gestionar su regreso a Australia. La joven señaló que la Embajada de Australia intervino en las gestiones de su vuelo y que recibió indicaciones relacionadas con su seguridad. También compartió preocupaciones sobre la posibilidad de que los individuos formaran parte de una organización delictiva, aunque esos detalles no permiten confirmar por sí solos la existencia de una red criminal ni una vinculación de las autoridades con ella.

 

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La experiencia dejó una marca importante en Hampton, pero no modificó por completo su deseo de conocer otros países. A pesar del temor que sintió durante aquellas horas, aseguró que no permitirá que lo ocurrido determine sus futuras decisiones ni que le impida continuar viajando.

Su historia también deja una reflexión sobre la importancia de prestar atención a las señales de incomodidad, evitar compartir información personal con desconocidos y buscar ayuda cuando una situación parece salirse de control. Viajar en solitario puede ser una experiencia enriquecedora, pero contar con contactos de confianza, mantenerse comunicada y acercarse a lugares concurridos ante cualquier sospecha son medidas que pueden resultar fundamentales.

En el caso de Djanaya, recordar una película terminó funcionando como una advertencia que la llevó a cuestionar una situación que inicialmente parecía inofensiva. Sin embargo, el desenlace también estuvo marcado por la solidaridad de una amiga que permaneció comunicada con ella y de un pasajero que decidió intervenir cuando notó que necesitaba ayuda.