¿Cómo funciona la nueva autopista de Francia que recarga los coches eléctricos mientras circulan?

Francia dio un paso que podría cambiar el futuro de la movilidad eléctrica con la puesta en marcha del primer tramo de autopista capaz de recargar vehículos eléctricos mientras están en movimiento. Se trata de una sección experimental de 1,5 kilómetros ubicada en la autopista A10, en las cercanías de París, donde la energía se transmite de forma inalámbrica desde el pavimento hasta los vehículos equipados con la tecnología necesaria.

Aunque la iniciativa todavía se encuentra en fase de pruebas, representa uno de los desarrollos más innovadores en materia de infraestructura para el transporte eléctrico. El objetivo es reducir la dependencia de las estaciones de carga tradicionales y facilitar los viajes de larga distancia sin necesidad de detenerse para recargar la batería.

El proyecto está impulsado por la empresa francesa VINCI Autoroutes en colaboración con la compañía israelí Electreon, especializada en sistemas de carga inalámbrica para vehículos. Ambas empresas buscan demostrar que esta tecnología puede convertirse en una alternativa viable para acelerar la transición hacia un transporte con menores emisiones de carbono.

¿Cómo funciona la carga mientras el vehículo está en movimiento?

La clave del sistema se encuentra debajo del asfalto. A lo largo del carril se instalaron bobinas de cobre conectadas a la red eléctrica que permanecen ocultas bajo la superficie de la carretera. Cuando un vehículo compatible circula sobre ese tramo, las bobinas generan un campo magnético que transfiere energía sin necesidad de contacto físico.

Para aprovechar esa electricidad, el automóvil debe incorporar un receptor específico instalado en la parte inferior del vehículo. Este dispositivo capta la energía generada por las bobinas y la transforma en electricidad, que se envía directamente a la batería mientras el coche continúa avanzando.

El principio de funcionamiento es muy similar al de los cargadores inalámbricos utilizados para teléfonos móviles, aunque adaptado a una escala mucho mayor y con niveles de potencia muy superiores. La diferencia es que, en este caso, la transferencia de energía se produce entre la carretera y un vehículo que circula a velocidad normal.

Las pruebas realizadas por la Universidad Gustave Eiffel indican que el sistema puede entregar una potencia media cercana a los 200 kilovatios y alcanzar picos superiores a los 300 kilovatios. Estas cifras son comparables a las de algunos de los cargadores ultrarrápidos más avanzados disponibles actualmente, con la ventaja de que el conductor no necesita detener el vehículo para recuperar autonomía.

Las principales ventajas de esta tecnología

Uno de los beneficios más destacados es la posibilidad de reducir la llamada “ansiedad por autonomía”, una de las principales preocupaciones de quienes utilizan vehículos eléctricos. Al poder recibir energía durante el trayecto, disminuye la necesidad de planificar largas paradas para recargar la batería, especialmente en viajes de larga distancia.

Otra ventaja importante es que esta tecnología podría permitir el desarrollo de vehículos con baterías de menor tamaño. Si parte de la energía se obtiene directamente de la infraestructura vial durante la circulación, los fabricantes podrían reducir la capacidad de las baterías sin comprometer la autonomía. Esto supondría automóviles más livianos, con menores costos de fabricación y una reducción en el consumo de materias primas necesarias para producir las baterías.

El sistema también destaca por su integración con la infraestructura existente. Todos los componentes quedan instalados bajo el pavimento, por lo que no alteran el aspecto de la carretera ni interfieren con la circulación. Además, está diseñado para funcionar en distintas condiciones climáticas, incluyendo lluvia, nieve o hielo, con necesidades de mantenimiento relativamente bajas.

Una solución especialmente pensada para el transporte pesado

Aunque la tecnología puede utilizarse en automóviles particulares, uno de sus principales objetivos es el transporte de mercancías y pasajeros. Camiones y autobuses suelen recorrer trayectos fijos y repetitivos, lo que facilita la instalación de tramos electrificados en rutas estratégicas.

Gracias a este sistema, estos vehículos podrían mantener parte de su batería cargada durante el recorrido y reducir considerablemente el tamaño de los acumuladores necesarios para completar sus rutas. Según los desarrolladores del proyecto, un camión equipado con esta tecnología podría recuperar aproximadamente un kilómetro de autonomía por cada kilómetro recorrido sobre una carretera electrificada.

Esto permitiría disminuir el peso total del vehículo, reducir el consumo energético y aumentar la capacidad de carga, aspectos especialmente importantes para el sector logístico.

Los desafíos que todavía debe superar

A pesar de su potencial, la carga inalámbrica dinámica todavía enfrenta varios obstáculos antes de poder implementarse a gran escala.

El primero es el elevado costo de instalación. Electrificar miles de kilómetros de carreteras requiere inversiones multimillonarias tanto en infraestructura como en adaptación de la red eléctrica.

A esto se suma la falta de compatibilidad con los vehículos actuales. Ningún automóvil comercial incorpora de serie el receptor necesario para utilizar este sistema, por lo que los fabricantes deberían desarrollar modelos compatibles y acordar estándares comunes que permitan el funcionamiento de la tecnología independientemente de la marca del vehículo.

Otro desafío es la eficiencia energética. Aunque la transferencia inalámbrica resulta muy cómoda, todavía presenta pérdidas superiores a las de la carga mediante cable, por lo que será necesario seguir mejorando su rendimiento para maximizar el aprovechamiento de la electricidad.

Además, para que el sistema tenga un impacto real en la movilidad cotidiana, no bastará con unos pocos tramos experimentales. Será necesario construir una red mucho más extensa que permita mantener la carga durante recorridos largos y conecte las principales rutas del país.

Francia apuesta por una red de carreteras eléctricas

La autopista experimental forma parte de un ambicioso plan nacional con el que Francia pretende desplegar alrededor de 9.000 kilómetros de carreteras electrificadas para 2035. El proyecto se integra dentro de la estrategia del país para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 y cuenta con una financiación inicial cercana a los 26 millones de euros.

En esta primera etapa, el foco está puesto principalmente en los vehículos pesados, ya que es donde la tecnología puede ofrecer mayores beneficios ambientales y económicos. Si las pruebas continúan dando resultados positivos y los costos disminuyen con el tiempo, la carga inalámbrica en movimiento podría convertirse en una de las herramientas clave para impulsar la expansión de la movilidad eléctrica en Europa y abrir el camino hacia una nueva generación de carreteras inteligentes.