Edimburgo, el nuevo destino foodie: restaurantes que descubrir en una escapada de otoño
Edimburgo es una de las ciudades más bonitas de Reino Unido y, para muchos viajeros, también una de las más fascinantes de Europa. Su arquitectura monumental convierte cada paseo en una experiencia, especialmente al recorrer la Old Town y la New Town, dos zonas separadas por Princes Street que muestran las diferentes etapas de la historia de la capital escocesa. El castillo, situado en lo alto de la ciudad, domina el paisaje; las iglesias, los antiguos cementerios y los museos completan un escenario que parece sacado de una novela.
Pero Edimburgo también está viviendo una transformación gastronómica. Aunque durante décadas la cocina británica no tuvo precisamente fama de encontrarse entre las más admiradas del continente, la capital escocesa se está convirtiendo en un interesante destino foodie. Restaurantes contemporáneos, bares de cócteles y nuevos proyectos gastronómicos están elevando los productos locales y reinterpretando recetas tradicionales, al mismo tiempo que incorporan influencias de otras cocinas europeas.
La New Town concentra algunas de las nuevas direcciones gastronómicas
Buena parte de esta nueva escena gastronómica de Edimburgo se encuentra en la New Town, un conjunto de barrios neoclásicos de estilo georgiano reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. George Street representa una de las zonas más elegantes, pero para encontrar algunos de los restaurantes que actualmente despiertan mayor interés conviene alejarse un poco más de Princes Street y recorrer otras calles de la ciudad.
La tendencia tiene un denominador común: producto de proximidad, recetas escocesas reinterpretadas y una mirada abierta hacia otras tradiciones culinarias. Algunos locales apuestan por el producto del mar y de las granjas cercanas, mientras otros incorporan técnicas y sabores franceses, italianos o mediterráneos. En varios casos, además, conseguir mesa requiere reservar con bastante antelación, especialmente durante los meses de otoño, cuando Edimburgo vuelve a recibir numerosos visitantes.
Little Capo: cocina italiana contemporánea con sello escocés
En el número 18 de Hower Street aparece Little Capo, un restaurante que destaca incluso antes de probar su cocina. Su interior, decorado en tonos salmón, con ilustraciones de revistas de estilo de vida y antiguos carteles de publicidad italiana, crea una atmósfera elegante y desenfadada. La barra también tiene un papel protagonista y conseguir una mesa puede convertirse en una pequeña aventura, ya que es uno de los establecimientos más buscados de la ciudad.
La propuesta gastronómica está centrada en una cocina italiana contemporánea dirigida por el chef Jamie Broussine, que juega con los grandes clásicos de la tradición italiana sin limitarse a reproducirlos. La carta cambia según la temporada, por lo que los platos disponibles pueden variar, pero entre las elaboraciones que merece la pena buscar aparecen los gnocchetti con sardinas, salchicha, nduja, pesto de rúcula, parmigiano reggiano y piñones, además de unos bucatini con mejillones, almejas, chalotes, chile y bottarga. La carta de vinos completa la experiencia y la recomendación habitual es compartir varios entrantes antes de elegir una pasta. No sorprende que el restaurante se haya convertido también en uno de los favoritos de Stanley Tucci.
Capetto: una alternativa más informal
Justo debajo de Little Capo se encuentra Capetto, en la misma dirección de Hower Street, pero con una personalidad mucho más relajada. Es una alternativa perfecta para quienes buscan un desayuno, un café, un aperitivo o una comida sencilla en un ambiente menos formal. Su patio inglés permite disfrutar de una bebida mientras se espera una mesa en Little Capo, una solución especialmente atractiva cuando el restaurante de arriba está completo.
La propuesta incluye focaccias, tartas, sándwiches y una interesante selección de vinos, además de cócteles para quienes prefieren acercarse al final de la jornada. A diferencia de Little Capo, normalmente no es necesario reservar, por lo que puede funcionar como plan B durante una escapada gastronómica por Edimburgo. Si el tiempo acompaña, la terraza se convierte en uno de los mejores lugares para hacer una pausa.
Vinette y Vivien: Francia, producto escocés y cócteles
En el número 36 de Broughton Street, una de las calles más atractivas de la New Town, Vinette propone una experiencia más sofisticada. El restaurante pertenece a Stuart Ralston, responsable también de otros conocidos proyectos gastronómicos de Edimburgo, y funciona como un bistró francés con una clara personalidad escocesa. La decoración cálida, la iluminación neutra y una banda sonora en la que destaca el jazz crean un ambiente íntimo y elegante.
Aquí el producto es protagonista, desde el cordero y el pollo hasta el pescado, siempre acompañado por una interpretación de inspiración francesa. Entre los platos que merece la pena buscar están el tartar de venado, el cordero cuando aparece en carta y la tartiflette de patata como acompañamiento. También hay vinos españoles y mediterráneos, aunque la elección natural para acompañar esta cocina pasa por alguna referencia francesa. La Vinette Burger, además, se ha ganado una particular fama entre quienes buscan una opción más informal.
La experiencia puede continuar en Vivien, el cocktail bar escondido junto al restaurante y conectado con él por el camino hacia los baños. También es posible acceder desde la calle perpendicular. Su nombre hace referencia a la poeta Renée Vivien, seudónimo de Pauline Mary Tarn, nacida en Londres en 1877 y fallecida en París a los 32 años. El espacio mantiene un ambiente íntimo y ofrece desde cócteles clásicos hasta creaciones contemporáneas, con propuestas como el House Dirty Martini, Spicy Paloma o The Whisky One. Es uno de esos lugares que conviene descubrir sin prisa y dejar que el bartender recomiende alguna de sus especialidades.
Whirlybird: una nueva parada en la Old Town
El recorrido gastronómico por Edimburgo termina en la Old Town, concretamente en Victoria Street, una de las calles más famosas y fotogénicas de la ciudad. En los números 36-38 se encuentra Whirlybird, un restaurante relativamente reciente que ha conseguido atraer rápidamente a los habitantes locales. Su ubicación, en una zona constantemente frecuentada por turistas, podría hacer pensar que se trata de otro establecimiento pensado exclusivamente para visitantes, pero la presencia habitual de escoceses entre sus clientes dice mucho de su propuesta.
El local, impulsado por Ash Bairstow, ocupa varios niveles y aprovecha especialmente bien su posición para ofrecer vistas privilegiadas sobre la característica curva de Victoria Street. La decoración combina madera, lámparas enteladas y líneas minimalistas con una estética británica elegante. La cocina parte del producto escocés y lo actualiza sin perder su identidad. Pueden aparecer ensaladas, quesos locales reinterpretados, platos más contundentes y una selección de postres que merece especial atención. La carta de bebidas también es amplia, con vinos, cócteles y opciones de perfil más natural.
The Palmerston: producto local y cocina contemporánea
Para cerrar esta ruta gastronómica por Edimburgo hay que desplazarse hasta Palmerston Place, cerca de la estación de Haymarket, en la zona oeste de la ciudad. The Palmerston está algo más alejado de los principales recorridos turísticos, pero el paseo merece la pena. Su aspecto recuerda al de un pub tradicional sofisticado, con paredes verdes, grandes obras de arte y un ambiente cálido que invita a quedarse.
Su cocina contemporánea se apoya sobre todo en una materia prima de calidad. La caballa, el queso ricotta, las zanahorias y la lechuga pueden convertirse en protagonistas gracias a preparaciones sencillas que buscan respetar el sabor original. El restaurante cuenta además con su propia carnicería y panadería, mientras que buena parte de sus frutas y verduras procede de granjas locales de los alrededores de Edimburgo.
El menú cambia a diario, una característica que hace que cada visita pueda ser diferente. Para una comida completa, lo ideal es comenzar con varios entrantes y continuar con algún plato de carne o pescado, acompañado por una elección de la extensa carta de vinos. También merece la pena acercarse simplemente para probar sus dulces y productos de repostería. Ya sea en pareja, ocupando un lugar en la barra, o en grupo alrededor de una mesa, The Palmerston funciona como cierre perfecto para una escapada de otoño dedicada a descubrir el nuevo perfil foodie de Edimburgo.




